China: el occidente no es accidente

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La reciente visita del presidente de China, Xi Jinping, levanta ánimos pero también suspicacias. ¿Qué quieren de América del Norte? ¿Qué esperan de México?

 

 

Cuando se piensa en China en términos culturales viene a nosotros el signo distintivo más llamativo de su cultura, la majestuosa muralla china, mientras que si se piensa en ella en términos económicos, se alude a la invasión de mercancías y a las murallas, pero de barreras arancelarias.

Sin duda la reciente visita del presidente de la República Popular de China, Xi Jinping, levanta ánimos pero también suspicacias. ¿Qué quieren de América del Norte? ¿Qué esperan de México?

Si la economía sigue aún con la triada de América, Europa y Asia, y la globalización está siendo sustituida progresivamente por la regionalización, podría, en el marco de esa misma globalización, ¿globalizarse por regiones? Por ejemplo, la dupla ¿América del Norte-Asia? Parece lejano, pero no lo es. La negociación del Acuerdo Estratégico Transpacífico (TPP) que inicia como mecanismo multilateral, puede ser la concreción futura de este bloque.

La visita del líder chino no es para alegrarse, es para preocuparse y ocuparse. México guarda sólidas relaciones culturales con China desde de la década de los setentas. En la actualidad, en términos comerciales, estamos con Sansón a las patadas, pues mientras México importó el año pasado de China 56.9 mil millones de dólares, nuestras exportaciones fueron únicamente de 5.7 mil millones. Mientras que en materia de inversiones, no superamos el 0.1% de las inversiones chinas alrededor del mundo. Durante décadas nos quedamos como chinos “milando” lo que sucedía, sin alentar a la industria ni modificar el marco regulatorio para atraer inversiones.

Se sigue creyendo como suficiente que los bajos salarios en nuestro país nos convierten en automático centro atractivo para inversionistas, cuando esa no es ventaja competitiva en comparación a otros destinos cuya flexibilidad legal les ha permitido mayores ventajas (véase India y Brasil).

La oleada de importaciones chinas de diversas características y precios, a veces con investigaciones administrativas por la presunción de dumping (ventas a un valor inferior al valor normal), han llegado a desplazar productos domésticos con la afectación directa a las cadenas productivas, que poco o nada logran hacer en contra de este tipo de prácticas.

En la medida que invirtamos el fenómeno de importaciones versus exportaciones, China representará un reto y una oportunidad para nuestra economía. Se deben buscar productos diferenciados destinados a China y a nuestro mercado número uno que es Estados Unidos.

La visita a Estados Unidos tuvo otra agenda más allá de estimular el mero fortalecimiento del intercambio comercial y de inversiones que se abordó con México, pues su relación va más allá del préstamo de gigantes de terracota. Estas potencias mundiales son la reminiscencia de la bifurcación de la Guerra Fría entre dos ejes, cuyos sistemas políticos son adversarios naturales: el capitalismo y el socialismo, y que coexisten en aparente paz, al ser miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y disputar de forma geopolítica y estratégica hemisferios de influencia que los hace competidores y rivales naturales, y a pesar de ello, su relación descansa en una interdependencia que las vuelve economías complementarias. China es el primer socio comercial de Estados Unidos, por lo que el interés económico pospone sus diferencias.

China trató con Estados Unidos temas del ámbito militar, económico y diplomático, para establecer lo que puede llegar a ser un nuevo modelo en sus relaciones políticas. Hubo un acercamiento para lograr una agenda de cooperación, máxime los últimos acontecimientos de ataques cibernéticos, que los ha empujado a trabajar conjuntamente en el tema de ciberseguridad para evitar el espionaje tan mentado estos días, y el robo de propiedad intelectual y militar.

En fin, tal como hacen los chinos en una mesa de negociación, al ofrecer una naranja partida, no significa que se ha llegado la hora del postre, sino que simboliza que la reunión ha terminado.

Termino este artículo señalando que el tema dará mucho de qué hablar, pero más para realizar.

 

 

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