Confianza informativa: ¿las ‘exclusivas’ a toda costa?

Foto: Reuters

El caso de “el gran patinazo” del diario El País, que publicó una foto falsa de Hugo Chávez es un ejemplo de lo que a veces cuesta ganar una nota exclusiva en los medios.

 

Por Roberto Aguirre Vargas, socio de BRIC.

 

Cuántas veces quienes se dedican al periodismo se han enfrentado a esa necesidad periodística y mediáticamente presente de obtener una nota “exclusiva”, lo que significaría ganarle la información al resto de los medios y al resto de los colegas periodistas de algún país. Y si la exclusividad es a todo el mundo, sin duda el éxito es mayor.

Pero no siempre sale bien.

Durante los días de la segunda quincena de enero, el periódico español El País, quizá el de mayor influencia en el mundo de habla hispana cometió uno de sus más grandes errores al cual nombraron “El gran patinazo” (El País, domingo 27 de enero de 2013, p.12).

El diario cuenta la historia de cómo sucedió aquel encontronazo con la siempre requerida confirmación de la información. Los errores tuvieron que ser publicados; el director del diario, desde la reunión cumbre de Davos, pedía confirmar si la foto que se publicaría en el diario, en la que aparecía el presidente venezolano Hugo Chávez en una camilla, siendo asistido por diversos equipos médicos, era verídica.

La foto fue publicada con el pie de foto en el que se asume como el principal error: haber publicado: “El País no ha podido verificar de forma independiente las circunstancias en que fue tomada la imagen, ni el momento preciso ni el lugar. Las particularidades políticas de Cuba y las restricciones informativas que impone el régimen lo han hecho imposible”, dijo Javier Moreno, director del diario.

Hasta dónde, hasta dónde, rezaban las abuelas al referirse a alguna tontería que de niños nos atrevíamos a hacer. Hasta donde, dirían ahora, son capaces de lanzarse al abismo en pos de una nota que tuvo tan sólo algunos segundos de gloria. Una vez que las redes sociales la tomaron y dieron cuenta de la misma y mas aún, cuando se afirmaba que la fotografía podría ser falsa. Muy pronto terminó el efímero prestigio de una “exclusiva mundial”.

En México, donde se encuentra la redacción responsable de la versión web del diario español, se empezó a difundir en redes sociales la supuesta exclusiva mundial. El operador de redes revisó la repercusión de la nota y se dio cuenta que se ponía en duda la autenticidad de la foto.

Javier Moreno ordenó que los responsables de la web retirarán la fotografía de la portada y que se paralizara la distribución de la edición de papel para evitar que llegará a los quioscos. “Tomé la decisión al instante, sin pensar lo que iba a costar y sin consultar a nadie”, recuerda el director del diario.

“Se logró detener el 93% de la tirada en Europa y América”, agrega Moreno.

El caso, que ha pasado al anecdotario de la prensa mundial, nos lleva necesariamente a recapitular en si la información es fiable o no lo es.

Por supuesto que la actividad periodística requiere de esos trofeos que se obtienen cuando se logra una información de primera mano: un evento relevante;,una nota que el resto de los diarios y colegas no tienen.

Tenerlo antes que nadie tiene una satisfacción y un reconocimiento que hay que saber disfrutar y reconocer.

No obstante, en los tiempos modernos, el riesgo a equivocarse o a ser ventaneado respecto de un error es casi instantáneo.

¿Cuánto dura una exclusiva? Para siempre. Hacerla tuya es algo de lo que puedes sentirte orgulloso por siempre. Hay amigos periodistas que enmarcan sus notas exclusivas y las exhiben orgullosos en sus casas. Supongo que aquellas en las que se ofrecía información equivocada o falsa no estarán enmarcadas en ningún lado.

La investigación periodística, esa importantísima actividad de quienes se dedican a buscar noticias, es hoy en día de un mayor valor. Saber colocar la nota en el momento preciso y en el medio correcto resulta ahora una variable con la que hace unos años no se contaba.

Una noticia buena (o mala) se queda en el montículo de la primicia por siempre; aplica el mismo criterio para las notas que no tuvieron la confirmación suficiente y necesaria de la información.

Como dice el dicho popular: “Una golondrina no hace verano”, que aplica para el diario El País. No sólo salieron a reconocer su error; además, lo contaron y se disculparon con quienes tenían que hacerlo (además de sus lectores).

Supongo que a partir de ese día el rigor periodístico se incrementó en el medio. ¡Qué mejor garantía para seguir teniéndolo como fuente confiable de información!

 

 

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