De la primavera al otoño árabe

Foto: Reuters.

Tras el pasado colapso del gobierno egipcio todas las expectativas puestas en un gobierno elegido democráticamente representado por Mohamed Morsi se cayeron a sólo un año de su mandato.

 

A la primavera árabe, como se le denominó a los movimientos que llevaron a la revolución democrática del mundo árabe entre 2010 y 2012, en el caso egipcio parece que se avecina el otoño.

Todas las expectativas puestas en un gobierno elegido democráticamente representado por Mohamed Morsi, se cayeron al año de su mandato al incumplir promesas de campaña, no incluir a la oposición  en el nuevo gobierno y permitir la agudización de la crisis económica. Abdul Fatah al-Sisi,  jefe de las fuerzas armadas, dio el aviso de la destitución de Mursi, la derogación de la Constitución, y la disolución de lo que quedaba del parlamento.

El golpe de Estado contó con el apoyo de gran parte de la población, y ha sido respaldado por la cúpula de líderes religiosos y políticos de Egipto, como el jeque Al Azhar, Ahmed al Taype, el papa copto Teodoro II, el representante de la oposición Mohamed El Baradei y por el movimiento Nur.

¿Por qué para algunos no es un golpe de Estado? Estábamos acostumbrados a los golpes de Estado de orden militar violentos y sin la participación popular, sin embargo en la última década lo que vemos son movimientos populares acompañados de las acciones militares, donde parecería no queda opción alguna para los líderes depuestos sino abandonar el poder.

En el caso egipcio la Unión Africana lo ha suspendido como miembro en tanto no se reinstale la vía  democrática  reconociendo la existencia del golpe de Estado, Estados Unidos en cambio, no lo llama golpe de Estado, porque  después de Israel, Egipto es el segundo país que más ayuda económica y militar recibe de Washington, reconocer el golpe les obligaría a interrumpir el comercio de armas y el escalamiento de diferencias diplomáticas entre estos países podría también llevar a la reducción comercial a través del Canal de Suez, que pertenece a Egipto. El crisol de intereses se colapsaría.

El movimiento islamista con el ascenso de la Hermandad Musulmana representada en Morsi, fragmentó el escaso espacio político que se había ganado desde la caída de Hosni Mubarack hace dos años y medio, estamos ante una batalla que pareciera entre el Islam y la imposición del laicismo en este Estado.

Prueba de ello es la derogación de la Constitución de 2012, que replicaba normas de la Constitución de 1971 operada por Mubarack, que replicó el artículo 236 en el numeral 2 que describía al islam como la religión oficial, el árabe como lengua oficial, y los principios de la sharia (ley islámica) como la principal fuente de la legislación. En todo caso hubo algo de progreso en la Constitución del 2012 respecto la equidad de sexos, al reconocer en el artículo 33, que todos los ciudadanos serían iguales ante la ley.

Hoy la llamada hoja de ruta acortará los tiempos para elegir un nuevo gobierno en elecciones antes del 2014, la señal bien puede llevar a evitar una guerra civil, pues los conflictos nacen tras tres décadas de opresión de la dictadura, pobreza, falta de desarrollo y una incipiente democracia, por lo que no se resolverá pronto este problema. Egipto como otros países de la primavera árabe, devienen de un modelo neoliberal perverso, que permitió la alta concentración de la riqueza y de los privilegios a la par de un empobrecimiento y descuido total de sus ciudadanos. Se avecina el otoño tras su primavera.

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