El éxito de un equipo está en su diversidad

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Hoy en día los equipos de trabajo deben fomentar y alentar la diferencia de sus integrantes. Mientras más multifacéticos sean los profesionales, mayor será la capacidad del equipo para alcanzar el éxito.

 

 

Las sociedades modernas se caracterizan en gran medida, por su diversidad. La globalidad no es más que la suma universal de diversidades. En tanto la diferencia enriquece, las posiciones monolíticas están condenadas al fracaso. El mundo empresarial y el laboral no quedan fuera de esta tendencia, por lo que es deseable que los gestores fomenten la diversidad dentro de sus organizaciones.

El cambio, cada vez más acelerado, es desde hace décadas la única constante y eso nos exige permanente adecuación. Si bien las nuevas tecnologías pueden ser tanto el origen como la solución de desafíos inéditos, no son en sí mismas lo más significativo.

En realidad es en los equipos humanos donde realmente reside la respuesta, y para que ésta sea eficiente frente a cada cambio en el entorno, la fórmula mágica puede ser la diversidad.

La capacidad de reacción de un equipo suele ser directamente proporcional a la versatilidad que haya entre los miembros que lo conforman. El ejemplo nos lo da la Naturaleza misma con su inmensa variedad de especies, sus distintas funciones y la especialización de cada una para constituir un sistema perfecto; en nuestra especie, la evolución está basada en la posibilidad de adaptación e integración al cambio. La actividad empresarial también está sujeta a una suerte de “selección natural” que solo puede ser superada por los más capaces.

Si hay algo que coloca al ser humano por arriba de otras especies, es la posibilidad de organizarse conscientemente para trabajar en equipo por un mismo objetivo; hoy en día los equipos de trabajo deben fomentar y alentar la diferencia de sus integrantes.

Los equipos de profesionales enfrentan problemas cuya solución con frecuencia rebasa en cantidad o calidad, la capacidad individual de cada uno de sus miembros. Para incrementar las posibilidades de éxito de un equipo, deben ser también consideradas las distintas personalidades, percepciones y aspiraciones de quienes lo conforman.

Para que los equipos sean capaces de responder adecuadamente a un reto, es necesario que sepan sustraerse a la insatisfacción y baja moral que un bajo nivel de consenso y en consecuencia de compromiso, puede generar.

A mayor información compartida, la incertidumbre disminuye en favor del desarrollo de confianza y mejores posibilidades de entendimiento dentro del grupo, ya que al quedar a la vista los mejores atributos y fortalezas de cada uno, se hará factible una correcta asignación de tareas y responsabilidades al servicio de un objetivo común. En tiempos de cambio esto se vuelve más necesario aún.

Es preciso que los equipos establezcan lenguajes compartidos para que puedan ser planteados diferentes enfoques y promovido el intercambio tanto de puntos de vista como de propuestas para la óptima solución de un problema.

Son muchas las variables que pueden marcar la diferencia en la resolución de un tema: papel del equipo, formación, valores, cultura, ética, actitudes, creatividad, incluso tecnología… Un buen equipo debe ser capaz de combinar los distintos ingredientes con los que cuenta para preparar el menú que se requiera. Cada persona es un universo y cada visión puede enriquecer en la búsqueda de soluciones.

Mientras más multifacéticos sean los profesionales, mayor será la capacidad del equipo para alcanzar el éxito. Una de las claves importantes es que los desempeños individuales no se mantengan estáticos, es preciso que tareas y responsabilidades sean rotadas para identificar valores ocultos y multiplicar las sinergias del grupo.

 

 

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