El lujo más inalcanzable

El lujo más inalcanzable
Foto: Reuters

¿Existe un límite a lo que una persona razonable pagaría por un producto, por un bolso, un abrigo o un perfume? ¿Será que cuando probamos algo mejor, ya no somos capaces de renunciar y ya no hay vuelta atrás?

 

 

El lujo en su conjunto vive buenos momentos. El índice Savigny (“SLI”) así lo confirma. Entre las marcas que superan todas las previsiones, está Hermès, que facturó un 11% más que el primer semestre del 2012. Los gigantes del lujo LVMH y Kering (el nuevo nombre de PPR) incrementaron sus ventas en este periodo un 5.6% y un 1.4% respectivamente.

Este crecimiento coincide con subidas de precio, también este año, tanto en LVMH y Kering, propietarias de las emblemáticas Louis Vuitton y Gucci. El sector, inmune a la crisis, ha duplicado su tamaño en la última década en la que los precios de sus productos emblemáticos han aumentado más del doble que la inflación. El famoso bolso Kelly de Hermès ha incrementado su precio de 4,800 a 7,600 dólares desde el año 2000.

Ni siquiera ha afectado un ápice la falta de disponibilidad de producto por capacidad de producción insuficiente de la mítica Hermès. La única consecuencia ha sido alargar las listas de espera de semanas a meses. ¿Que está ocurriendo? ¿Es que cuanto más inalcanzables son las cosas, son más deseables? ¿Son la escasez y los precios altos la receta para el éxito? ¿Hasta dónde pueden estirarse los precios de bolsos, zapatos o moda, sin afectar su demanda?

La explicación parece sencilla. Hay mas ricos en el mundo que pueden comprar los productos que parecen inalcanzables. El número de individuos de alta renta (“HNWI”) o aquellos que tienen mas de 2 millones de dólares en activos líquidos, se ha incrementado un 9.2% este año. Ya son 12 millones de personas de alta renta en el mundo, que acumulan una riqueza de 46.2 billones de dólares. De éstos, más de 500,000 en Latinoamérica donde el número de millonarios ha crecido un 4.4%.

Lo anticipaba C. Freeland en su libro Plutocrats, la subida de los súper-ricos y la caída de todos los demás. El mundo, en general, iguala su riqueza y se hace plano también en esta dimensión. La diferencia de renta entre oriente y occidente se estrecha. Sin embargo, dentro de cada país individual estas diferencias se ensanchan. Los ricos son más ricos y los pobres no salen de su pobreza.

En este contexto de polarización de la distribución de renta y la explosión del número de billonarios, ¿existe un límite a lo que una persona razonable pagaría por un producto, por un bolso, un abrigo o un perfume? Hoy no vemos ese horizonte. ¿Será también porque cuando probamos algo mejor, ya no somos capaces de renunciar y ya no hay vuelta atrás?

 

 

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