El millonario que quiere cambiar el mundo

Foto: Grace Navarro para Forbes

A través de la “gobernanza inteligente”, Nicolas Berggruen propone alcanzar el equilibrio entre poder y sociedad en los sistemas políticos.

 

Por Iván Iglesias

Nicolas Berggruen (ocupa el lugar 206 dentro de la lista “Los más ricos de América” y el 546 de la lista “Los multimillonarios del mundo” de Forbes, con una fortuna valuada en 2,300 millones de dólares) representa un espíritu totalmente nuevo en el mundo de los negocios. Hombre de 51 años, sigue soltero y ha adoptado una forma de vida que muchos podrían catalogar como excéntrica: viajando alrededor del mundo, sin un hogar fijo (pasa su tiempo haciendo check in entre el Claridge’s en Londres, el Carlyle de Nueva York, así como en El Península de Beverly Hills), y tiene una visión que bien podría parecer un wishful thinking para el planeta.

La capitalización de su fortuna está afianzada en Berggruen Holdings, una firma ubicada en Nueva York que compra compañías en problemas para luego hacerlas funcionar. Actualmente posee más de 30 en todo el mundo, incluidas una granja australiana, una compañía aseguradora inglesa, una editora de libros portuguesa y diversos proyectos de bienes raíces en Turquía, Israel e India.

De acuerdo con su página web, los ingresos anuales de esta empresa ascienden a los 5,000 mdd y cada año genera 250 mdd de ganancias. Nada mal para alguien que en su juventud fue expulsado de una escuela suiza por insubordinación y que después empezó su vida nómada al terminar sus estudios de Preparatoria en París, para luego trasladarse a Estados Unidos y hacer la carrera de Finanzas en la Universidad de Nueva York.

En 2009 puso en marcha el Instituto Nicolas Berggruen, un think tank cuya misión es mejorar la gobernanza global, y se comprometió personalmente a gastar más de 100 mdd para promover sus objetivos. Actualmente, dedica su tiempo a rearmar y reordenar los sistemas políticos que rigen el mundo occidental. Fue así que, junto con Nathan Gardels, editor de New Perspectives Quartelry y consejero principal del Nicolas Berggruen Institute, escribió el libro Gobernanza Inteligente para el Siglo XXI, un material que analiza otra manera de afrontar los desafíos de la globalización y encontrar una forma de gobernar el mundo “mucho más lograda y justa”.

Ahora, cargando solamente su iPhone, lo encuentro en un hotel de la Ciudad de México. Él, por un momento, se abstrae del barullo con sus audífonos puestos. No trae reloj y su traje bien podría parecer hecho en serie.

Nicolas, eres un millonario de 51 años…

—En realidad, soy un perro viejo.

Así, habla quien trae la cruzada de cambiar al mundo: “Creo que la gente de negocios que cuenta con banda ancha tiene la oportunidad de ayudar a la sociedad más allá de su contribución como generadores de riqueza. En mi caso, yo he decidido hacer un mayor esfuerzo en este aspecto”.

 

Utopía o realidad

En un planeta convulsionado por cuestiones políticas, crisis económicas, desastres ambientales, levantamientos sociales, escándalos de corrupción, falta de oportunidades, desempleo y pobreza, Nicolas Berggruen hace acopio de valor y se atreve a presentar una guía conceptual sobre la manera en la que los países, si aspiran a un buen gobierno, deben voltear hacia el consenso y el equilibrio entre poder y sociedad.

Se escucha sencillo y hasta cierto punto idealista, pero así lo ve Nicolas: “Hay un déficit democrático y un contrato institucional implementado a medias. Ahora ya no se puede seguir adelante sin el liderazgo de las partes, sin que se unan, y ello sólo puede darse en un ambiente democrático, si lo permiten los ciudadanos”.

—¿Qué es la buena gobernanza?

La gobernanza versa sobre la forma en que se han de alinear los hábitos culturales, las instituciones políticas y el sistema económico de una sociedad para darle a su pueblo la buena vida que desea. La buena gobernanza se da cuando estas estructuras se combinan para establecer un equilibrio que genere resultados eficaces y sostenibles en interés común de todos.

Sin embargo, presumen Nicolas y Nathan Gardels, esto no es una visión ideológica. Es, aseguran, una respuesta a la crisis que se vive en todo Oriente y Occidente. “La crisis está en todos lados”, dice Nicolas.

“Estamos en un mundo global e interconectado. Lo que ocurre en una parte del mundo afecta necesariamente al resto. Los gobiernos del mundo tienen una crisis de gobernanza y no hay un liderazgo que pueda lidiar con ella”.

Bajo su cristal, la cuestión es aspirar a la combinación perfecta entre meritocracia y democracia, autoridad y libertad, comunidad e individuo, que permita disponer de una gobernanza más inteligente para el Siglo XXI. “A ese equilibrio podríamos calificarlo como gobernanza inteligente, que transfiera competencias y obtenga una participación significativa de la ciudadanía en cuestiones que le competen y fomente al mismo tiempo la legitimidad de la autoridad”.

 

El capítulo México

¿Qué piensas del actual cambio de político en México?

—Bueno –duda un poco Nicolas, antes de lanzarse a contestar esta pregunta–, no estoy calificado para dar una opinión política, pero lo que es interesante es que el nuevo gobierno fue elegido porque tiene una nueva plataforma para hacer cambios significativos (…) Creo que México tiene una gran oportunidad para alcanzar el éxito y abrirse a mercados más competitivos.

Pero, ciertamente, si México quisiera treparse en el tren de Berggruen, enfrentaría un camino lleno de piedras. De acuerdo con datos de Transparencia Mexicana, en su Índice Nacional de Corrupción y Buen Gobierno, la corrupción en el país ha aumentado: de tener un índice de 10.0 en 2007 pasó a 10.3 en 2010 (este índice registra la corrupción en servicios públicos ofrecidos por los tres niveles de gobierno y servicios públicos).

¿México debería adoptar esta idea de la gobernanza inteligente?

—No es una visión ideológica o receta a aplicar. Más bien es una visión un poco más novedosa en términos de que debe haber mayor legitimidad en el gobierno, siempre y cuando haya suficientes instituciones con la fuerza necesaria para lograr el equilibrio.

Nicolas Berggruen es optimista y ve que la gobernanza inteligente puede encontrarse con los intereses de este gobierno: “Peña Nieto presentó conceptos claros y fuertes en sus trece puntos por alcanzar durante su gobierno (…) Su plataforma suena bien, la cuestión es si su gobierno tendrá la fortaleza para llevarla a cabo, pues esto querría decir cambiar viejas prácticas. México ha madurando como democracia y posiblemente lo que debe hacer es asegurarse de que las instituciones sean transparentes y limpias de corrupción para que hagan lo que deben hacer”.

Como contexto, tan sólo en 2010, se identificaron 200 millones de actos de corrupción y las familias mexicanas destinaron 32,000 millones de pesos (mdp) en “mordidas”, lo que representa 14% de su ingreso, consigna Transparencia Mexicana.

Según Berggruen, Peña Nieto ya ejecutó un par de cosas en dirección hacia la gobernanza inteligente. “(El presidente de México) mencionó que tendrá una comisión ciudadana para vigilar la corrupción. También el pacto que firmó con los partidos políticos es un movimiento clave para usar el poder presidencial y lograr el consenso”.

Y ambos autores se refieren al tema de México con un aparente conocimiento de causa: “Nosotros hablamos con Peña Nieto en mayo de 2012 durante el G-20. Cuando habló de abrir Pemex con nuevas tecnologías de perforación y explotación de recursos, le preguntamos: ‘¿Cómo lo vas a lograr?’. Y él comentó: ‘Bueno, tengo la base social a través del PRI, a diferencia del PAN’. Lo que ahora está haciendo es importante pues trata de construir el consenso de manera rápida y no a través de la antigua forma dominante del PRI. Tiene que gobernar más por persuasión y lidiar con todos los intereses. No puede haber dictadores”.

 

El epílogo

Algo me queda claro después de platicar con Nicolas Berggruen: es un visionario con excelentes deseos para el mundo. Esta visión es la que le permite afirmar que de aquí a 25 años, si se sigue una senda dirigida por la gobernanza inteligente, habrá una forma de gobernabilidad mucho más equilibrada en el mundo.

Y algo importante: parte del éxito radica en la confianza y el trabajo conjunto entre sociedad y grupos de poder. “Tiene que haber la confianza en que las instituciones puedan llevar a cabo los objetivos a largo plazo de la sociedad, no solamente lo que es bueno para un individuo sino lo que es bueno para toda la gente. En la vida cotidiana necesitamos tener un sistema confiable y que la gente confíe en él”, expone Berggruen.

Y termina con una nota alta para nuestro país: “De entrada, la sociedad y el gobierno mexicano tienen más oportunidades que muchos otros países. Yo diría que ustedes marchan ya a otra velocidad”.

—¿Si tuvieras una bola mágica, cómo verías el futuro?

—¡Ah! Podríamos hacer lo que quisiéramos, ¡sería el jardín del edén!