Ese maldito nudo en la garganta

Foto: Wikipedia.

En el corazón de mis libros está el regalo de la vida; está ese día cuando tenía doce años y descubrí que estaba vivo. Cuando la gente toca mis libros, ellos están vivos. 

Ray Bradbury

Nunca lloro cuando debería llorar. En cambio, las lágrimas suelen traicionarme en los momentos más inesperados, cuando un hecho aparentemente trivial me toma por sorpresa y oprime ese botón que activa el mecanismo del dolor o la nostalgia. Es vergonzoso sentir agua en los ojos cuando voy en un transporte público y debo fingir que bostezo; o el maldito nudo en la garganta en una escena cursi de la comedia romántica que me prometí no ver jamás.

Me hacen llorar cosas extrañas, como el tema de la vocación. Ingenuamente, me toca el alma pensar que si todas las personas encontráramos una actividad para las cual fuéramos buenos y que además nos gustara realizar —y, por si fuera poco, ganáramos dinero de ella—, no habría tanta frustración en el mundo. Por ahora pienso en dos escritores que lo lograron. El primero es el fantástico Ray Bradbury, quien habla de ello en un programa de promoción de la lectura. Para él, la clave de la felicidad, de la satisfacción total, se reduce a una frase: “ama lo que haces y haz lo que amas”.

Bradbury se enamoró de los libros a los tres años, a los cinco empezó a leerlos y durante más de 70 años escribió todos los días, sin excepción, cuentos, novelas, ensayos, guiones para cine y teatro, prólogos, todo lo que sus fantasías y su pesadillas le dictaron. Sus motores fueron el amor por su profesión, por la vida y por su familia, y sus combustibles fueron la disciplina y el trabajo incesante.

Por otra parte, está el beatnik Jack Kerouac, quien encontró su camino como escritor tras ver interrumpida una prometedora carrera de futbolista a causa de una lesión. Kerouac estudió las filosofías orientales y resumió su credo de escritor en 30 principios, todos maravillosos e inspiradores, como:

  • Eres un genio, siempre.
  • Describe las indecibles visiones del ser.
  • No te emborraches fuera de casa.
  • Traduce constantemente la historia real del mundo a monólogo interior.
  • Sé, como Proust, un fanático del tiempo.
  • Escribe para que todo el mundo sepa cómo piensas.
  • Escribe para ti mismo, recogido, asombrado.
  • Dirígete desde el centro a la orilla, nada en el mar del lenguaje.
  • Enamórate de tu existencia.
  • Libretas secretas garabateadas y páginas frenéticas mecanografiadas para tu propio placer.
  • Respira, respira tan fuerte como puedas.
  • Vive tu memoria y asómbrate.
  • Acepta perderlo todo.[1]

Ray Bradbury vivió más de 90 años, tuvo una esposa y cuatro hijas, ganó una infinidad de premios y representó al escritor modelo, sin vicios ni cambios de rutina. Jack Kerouac se casó tres veces, tuvo un hijo, vivió rebelándose contra muchas normas establecidas y murió de cirrosis a los 47 años. Ambos escritores son influyentes: Bradbury ha inspirado a innumerables  escritores de fantasía y ciencia ficción. Kerouac  es uno de los principales representantes de la literatura beat, un grupo de escritores que siguen siendo leídos, comentados e imitados por las nuevas generaciones de artistas.

Bradbury escribía a diario, donde quiera que se encontrara, sin permitir que nada lo interrumpiera. Kerouac viajó por los Estados Unidos con su amigo Neal Cassady y después escribió su obra más famosa, On the road, en tres semanas, mecanografiando en un rollo de más de 30 metros de largo, sin puntuación ni correcciones.

Ray fue un hombre respetable, convencional, se convirtió en un simpático abuelito de imaginación inconmensurable. Diversas fotografías nos muestran a Jack como un hombre muy atractivo, de músculos marcados y rostro hermoso que pocas veces ríe. Ambos nos dijeron cómo escribían, ambos expresaron con sinceridad sus recomendaciones para ser un buen escritor, intentaron iluminar el camino de quienes tienen la aspiración de vivir de las letras. Cada uno tuvo su forma de amar, uno paciente, consistentemente; el otro de manera salvaje, sin más reglas que las autoimpuestas.

Leí lo que escribió Bradbury acerca de su vida como autor. Leí el credo de Kerouac sobre el arte de escribir. Y las dos veces se me hizo un nudo en la garganta.

 

[1] De Antología de la generación beat. Traducción y notas de M. R. Barnatán. México: Editorial Letras Vivas, 2011

 

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María Luisa Durán

Periodista, lectora y escritora. Además de trabajar como editora de libros y revistas, fantasea con la idea de que leer es la salvación, la evasión, la máxima a-ventura.