Ética, país

Andres Granier, uno de los casos de corrupción. (Foto: Reuters)

En México, la falta de ética se observa en el gobierno, en la clase política, pero también en muchos sectores de la población. Estamos viviendo una cultura del chantaje, resistencia, denostación pública y egoísmo.

 

Ayer fue un muy mal día para México, al ver las noticias nocturnas me encuentro que un grupo de senadores del PAN pelean entre ellos por el control del dinero que les da la Cámara de Senadores. Bajo el concepto de ser mayoría, destronan al líder de la bancada del manejo administrativo del grupo. En otras escenas, se puede ver cómo el alcalde de Cancún recibe dinero en efectivo del alcalde anterior y, en entrevista de radio la mañana siguiente, acepta que esta acción es mala, pero es “normal” y no delictiva. Y, para acabarla de amolar, también se pudo ver en el noticiero, a los manifestantes que llegaron a la Secretaría de Gobernación dando órdenes de que la policía se quitara y agrediendo a palos a los granaderos, y destrozando todo lo que encontraban en su camino. Algo está pasando en México y no acabamos de dimensionarlo.

Al parejo de esto, en las redes sociales y en las respuestas de los periódicos on line podemos encontrar que los activos ciudadanos, en una gran mayoría, critican con ligereza las noticias y las opiniones ahí vertidas; hoy en el país es más fácil tirar la piedra y esconder la mano, lo que está contribuyendo a crear ambientes más de patíbulo público que de justicia. En su gran mayoría encontramos críticas, groserías y prejuicios, si alguien hace una denuncia, rápidamente se convierte en trending topic; por la ola de odio, queja y burla, poco se está construyendo, salvo honrosas excepciones.

Ante esta situación, que al parecer se está generalizando, sólo se me viene a la mente un par de preguntas: ¿Qué nos pasó? ¿En dónde quedaron los valores, la ética y la civilidad? Por una parte, encontramos que está habiendo, por primera vez en mucho tiempo, voluntad política de ciertos actores para dialogar constructivamente, salvo la izquierda extrema, que al parecer sólo conoce el camino del grito y la denostación y que, ante esta iniciativa de diálogo y pacto, sale a las calles a provocar, a atacar a las policías, a sacar a presuntos criminales de la cárcel y a quejarse de la modernización del país.

Aunado a esto, hoy vemos que el partido que estuvo en el poder los últimos 12 años da una verdadera muestra de sus más íntimas prácticas y valores, su único interés es el control del dinero del presupuesto. ¿Será que ésa fue la tónica con la que gobernó?

El PAN con el partido con el que más se peleó y polemizó fue el PRD, y juntos lograron polarizar a todo el país en época de elecciones para, posteriormente, en un verdadero acto de esquizofrenia política, hacer una alianza para enfrentarse en contra del PRI, alianza que hoy sigue vigente.

Si la ciudadanía ve esto o lo toma como ejemplo de sus gobernantes y políticos, ¿qué podemos esperar de la colectividad, sino lo que estamos presenciando? Da la impresión que somos un país enfermo de corrupción, de ganas de no cumplir, de no esforzarnos, de hacer el menor esfuerzo y, así, tratar de ganar lo más posible. Estamos viviendo una cultura del chantaje, resistencia, denostación pública y egoísmo. ¿Hasta cuándo reaccionaremos?

El resultado de esta falta de autoridad, rumbo y de atención a los problemas de la cultura y sociedad, genera que hoy, en todos los estado de la República, tengamos violencia, pocos valores, falta de ética y altos grados de corrupción.

México tiene un gran reto, las autoridades deben de dar un buen ejemplo de actuación política, cumplimiento de la ley y guía hacia un rumbo civilizado. Los políticos deberán de dejar atrás el egoísmo, la corrupción y la vanidad de los puestos. Y, por su parte, la sociedad deberá de dejar atrás la idea de no cumplir con sus obligaciones y entrar en una dinámica de respeto a la autoridad, dejar atrás el influyentísimo y entrar en una época de responsabilidad hacia el cumplimiento de la ley, el trabajo y el fomento de los valores y, de esa forma, crecer todos en conjunto.

El problema es cuándo y por dónde empezamos. ¿Quién se atreve a aventar la primera piedra?

A México, le urge.

 

 

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