Evasión fiscal: dos caras de la moneda

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Toda situación o acción tiende a verse representada en una moneda: tiene dos caras. Lo mismo pasa en el tema de recaudación fiscal en México: hay  un delicado “estira y afloja” entre el recaudador y el contribuyente.

 

 

Por Mario Rizo y Mónica Vega

 

 

Toda situación o acción tiende a verse representada en una moneda: tiene dos caras, dos diferentes partes afectadas o beneficiadas debido a su existencia. En el tema de recaudación tributaria en México, también nos encontramos con un delicado “estira y afloja” entre el recaudador y el contribuyente.

El ser humano, por naturaleza se mueve en base a sus intereses y miedos, involucrando en ambos la parte monetaria. Sus acciones se fundamentan en metas de vida o laborales, propuestas por ellos mismos y sus superiores, dependiendo el caso.

Un claro ejemplo, tanto de la metáfora de la moneda como del establecimiento de objetivos, se encuentra en el tema de recaudación tributaria. Donde encontramos a dos partes involucradas: el recaudador y el contribuyente.

Si nos ponemos del lado del SAT, nos encontramos con el órgano responsable de aplicar la legislación fiscal y aduanera, con el fin de que las personas físicas y morales contribuyan proporcional y equitativamente al gasto público. Por lo tanto, cuenta con una administración general de recaudación, que se asegura de que el contribuyente haga frente a la carga tributaria que le corresponde.

Si sólo tomamos la cara de recaudador, omitimos que dentro de la propia administración general de recaudación, laboran distintas personas, quiénes de nuevo involucran sus intereses y miedos. Gran parte de sus miedos, se encuentran en la presión impuesta en ellos para alcanzar una recaudación tributaria más allá de eficiente, excesiva, en supuesto para disminuir la evasión tributaria y manipulación comercial.

La presión ejercida por altos mandos en recaudación hacia quienes realmente hacen la labor de cobrar, tiende a ocasionar que la propia autoridad se vea involucrada en actos de presión excesiva y en ocasiones abusiva en contra de los contribuyentes y de personas no inscritas en el RFC, principalmente sorprendiendo a quien tiene menor conocimiento acerca de la contribución al gasto público. Es decir, cobrarle más al que menos tiene, como es el caso de las invitaciones para pagar el supuesto ISR, omitido en 2009, por depósitos en efectivo, no importando la naturaleza de los ingresos y enviando un cómodo plan de pagos en parcialidades.

Tan sólo en 2012, el SAT tuvo que enfrentar aproximadamente 3,000 juicios de amparo contra actos interpuestos por contribuyentes, debido a abuso de poder, excesiva recaudación hacia unos cuantos, auditorías maquilladas en beneficio de la autoridad y un sinfín de factores, de los cuales obtuve favorables aproximadamente el 55%.

Ahora bien, la autoridad no es el único involucrado en el círculo ambicioso, también el contribuyente juega un importante papel en actos ilícitos en el tema de recaudación fiscal. Como bien lo menciona el Artículo 31 de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, es obligación del ciudadano contribuir para los gastos públicos, así de la Federación, como del Distrito Federal o del Estado y Municipio en que residan, de la manera proporcional y equitativa que dispongan las leyes.

Desafortunadamente, dicha obligación no se cumple del todo en el país, lo cual se puede demostrar en diversas cifras tales como que la evasión del ISR en México equivale al 2.4% del PIB. En general el país deja de recibir 2% del PIB por diversas actividades de evasión tributaria. Esto conlleva a que en México sólo recaudemos el 11.5% del PIB cuando deberíamos llegar a una cifra de 28 puntos, lo cual es causa de alarma aunado a que actualmente las empresas invaden más impuestos que las propias personas físicas.

Asimismo, el uso de facturas falsas para reducir el pago de impuestos ocasiona daños a la autoridad de aproximadamente 16 mil millones de pesos al año. Ambas cifras, nos demuestran en ocasiones la incapacidad del contribuyente a pagar lo que le corresponde de acuerdo con las leyes, debido a la carga impositiva excesiva que generalmente corresponde a los mismos.

Lo anterior origina que tome riesgos excesivos por la evasión a las propias obligaciones, haciendo uso de vías antiéticas, con repercusión para toda la Nación y favoreciendo a unos pocos asesores o más bien dicho vendedores de estrategias milagrosas que desaparecen la carga tributaria.

 

Repercusiones en la población

Como podemos notar, la actitud de ambos involucrados en esta moneda, causa repercusiones al porvenir de la población en general. Las razones pueden ser distintas y diversas, pero al final, entramos en un círculo en que la presión de la autoridad juega el papel más importante. Con el afán de evitar la manipulación y evasión tributaria, cae en la implementación de programas de recaudación estrictos y en ocasiones excesivos.

Como buena noticia, durante el año 2012 aumentó la recaudación tributaria en un 2-3% con respecto al año anterior, aunado a una ampliación en la base de contribuyentes, sobre todo en referencia a personas físicas.

Lo primordial sería equilibrar la contribución al gasto público, sin abusar del desconocimiento de muchos en la materia e incrementando la base de contribuyentes, es decir, pagar más número de personas y empresas pero una tasa menor de impuestos tanto sobre la renta como al consumo.

La moneda continuará aumentando su valor y no precisamente por algún incremento notable en la inflación, sino porque tanto el ciudadano como la autoridad la siguen haciendo rodar en base a los intereses y conveniencia de cada parte.

Esencial en esto es lo que bien dijo Mahatma Gandhi: “Todo lo que se come sin necesidad, se roba al estómago de los pobres”. En ocasiones el objetivo realmente no es lograr recaudar el gasto necesario, sino mejorar cifras de años pasados o bien darle más al que ya tiene, llevando así, a obtener montos que para muchos son insignificantes, pero para unos cuantos significan la sobrevivencia diaria.

Finalmente, como propuesta dejaremos lo que bien decía Benjamin Franklin: “Un gobierno sería considerado un gobierno duro si gravase a su gente con una décima parte de sus ingresos”.

 

 

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