Factores internos, clave en la desaceleración

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 La realidad mexicana da evidencia  de que la debilidad de la economía se debe más a factores internos –que tienen que ver con el ciclo político y con factores estructurales– y menos con el desempeño de la economía estadounidense.

 

 

La economía mexicana está demostrándole tanto a mercados como a autoridades que nada de fondo ha cambiado y que sigue padeciendo las mismas debilidades estructurales de los últimos 12 años. La euforia que inició con el nuevo gobierno no solo se ha apagado sino que incluso está demostrando que fue inconsistente con la anémica realidad económica del país. Tanto mercados como autoridades ignoraron que el ciclo político todavía es un determinante importante del crecimiento económico cada inicio de administración, lo cual explica las constantes correcciones a la baja en el estimado de crecimiento para el presente año.

El gobierno estimó un crecimiento de 3.5% en su programa económico para el 2013, mientras que el banco central lo situaba en el rango de 3% a 4%.

Ciertamente, la recuperación estadounidense no ha avanzado a la rapidez con la que se esperaba, pero tampoco se ha deteriorado. De tal forma que el lento avance estadounidense no alcanza a explicar por si solo el deterioro en el crecimiento económico mexicano. En este sentido, la mayor desaceleración presentada por la economía mexicana obedece más a factores internos que tienen que ver no solo con la crónica anemia estructural sino también con los efectos tradicionales del ciclo político. De tal forma que la desaceleración más profunda en el 2013 y la consecuente revisión de los estimados oficiales y del mercado obedecen al hecho de que se ignoró los efectos que la transición política tiene cada 6 años de cambio de gobierno.

La economía ya ha demostrado su propia realidad durante el primer semestre, con una desaceleración significativa que obedece más al retraso en la ejecución del presupuesto federal, lo cual no solo paraliza las obras de infraestructura pública sino que incluso introduce rezagos en las decisiones de inversión y consumo del sector privado.

Esto no es nuevo, ha sucedido repetidamente en al menos los últimos 30 años. Por lo que haber esperado para el 2013 un crecimiento ligeramente menor al 3.9% reportado en el 2012 solo indica que se ignoró los efectos del ciclo político en la economía. La economía solo creció 0.8% en el primer trimestre y se estima que haya sido de alrededor de 2% en el segundo.

Dado que el crecimiento sólo promediará alrededor de 1.5% en la primera mitad del año, alcanzar un 3% para todo el año se ve prácticamente imposible, lo cual explica la revisión a la baja de un punto porcentual en el estimado del banco central que ahora lo sitúa entre 2% y 3%.

El debilitamiento de la actividad industrial durante la primera mitad del año, refleja claramente los efectos del rezago en el presupuesto público sobre la actividad de construcción, la cual disminuyó 2.5%. Mientras que la tendencia de las manufacturas ha sido de ligera alza, con un crecimiento anual de 0.3%, reflejando el avance en la recuperación de la industria estadounidense. Por lo cual resulta injusto continuar culpando a los Estados Unidos de la debilidad del crecimiento económico mexicano.

De esta manera, la realidad mexicana da evidencia contundente de que la debilidad de la economía se debe más a factores internos –que tienen que ver con el ciclo político y con factores estructurales– y menos con la demanda externa. Así mismo, la economía está demostrando que “quienes olvidan su historia, están condenados a repetirla”, por lo que quienes olvidaron los efectos del ciclo político en la economía están ahora revisando sus estimados a la baja.

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