¿Filtraciones, trascendidos o… ganas de fastidiar?

Cartel de la serie "House of Cards".

Una filtración puede iniciar una “guerra mediática” de la cual se puede perder el control. Los resultados podrían ser impredecibles y no necesariamente a favor del emisor.

 

Un congresista resentido empezó a filtrar información a una osada reportera. En algunos casos, los datos eran reales; en otros, incluía documentos y, en otros, sólo eran rumor. Independientemente de ello, ambos empezaron a alcanzar sus objetivos personales.

Lo anterior es parte de la trama de la serie estadounidense House of Cards protagonizada por Kevin Spacey. Pero filtrar información a los medios de comunicación o hacer trascender a través de ellos algunos hechos, es una práctica común, especialmente en algunos sectores. Su objetivo depende de las circunstancias, y puede ir desde contextualizar cierta información y lograr dos visiones de una misma situación, hasta buscar influir con determinados actores para motivar una acción específica a través de información hasta entonces desconocida.

Filtraciones y trascendidos caminan de la mano y sus objetivos pueden ser tan similares que se tiende a identificar a unos y otros bajo el genérico de “filtración” aunque, al menos en teoría, su modus operandi es diferente.

Con este tipo de material se llenan espacios, especialmente en columnas políticas, de negocios, espectáculos y deportivas, fundamentalmente. Es información que genera controversia y polémica, y que llena la mente de muchas audiencias que confían en ellas; datos diversos (nombres, pleitos, estados de ánimo, zancadillas, recados, etc.), que responden al interés de que se den a conocer, sin que haya demasiada claridad con respecto a su procedencia, su autenticidad o a sus implicaciones y que adquieren verosimilitud debido a una desconfianza de las audiencias hacia las “versiones oficiales”.

 

Las filtraciones

Diferente al periodismo de investigación en el que, a partir de ciertos datos “filtrados” el medio de comunicación inicia sus propias pesquisas para descubrir lo que hasta entonces no se sabía, las filtraciones, por lo general, son tomadas y difundidas sin mayor investigación y con plena confianza en la fuente emisora que, con la publicación de esa información, busca algún beneficio con la ventaja de que su identidad queda bajo reserva.

La doctora Petra María Secanella Lizano, de la Universidad Autónoma de Barcelona, dice que: Filtrar es una política muy bien pensada por los funcionarios que quieren influir sobre una decisión, promover una línea de actuación, persuadir al legislativo y alertar a los países y gobiernos extranjeros. La filtración es el aceite informativo de la máquina de gobernar. Requiere una gran dosis de experticia para manejarla con éxito”.

A esta definición agrego que las filtraciones no sólo funcionan a los políticos, sino también a las empresas privadas, a artistas, deportistas y en general a cualquier individuo que tenga claro lo que quiere lograr a través de ellas. Su empleo posibilita el establecimiento de relaciones ganar-ganar en las que la fuente informativa logra al menos una parte de sus objetivos y los medios obtienen información de primera mano que se convierte en primicia y que, al generar polémica, llena los espacios mediáticos a lo largo de los días.

 

Los trascendidos

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, un trascendido es una “noticia que por vía no oficial adquiere carácter público”; es, pues, empezar a sacar del cajón una información que permanecía oculta por alguna causa. Contrario a la filtración, en la que por lo general sólo basta la información puntual suministrada por la fuente informativa, un trascendido requiere de datos y documentos que den sustento a lo que se va a comunicar o de testigos que, eventualmente, pueden dar fe de la veracidad de la información.

Corresponde al medio receptor de la información a ser trascendida, decidir cómo proceder con ella: puede optar por realizar una investigación a fondo sobre los datos y documentos recibidos para publicar un gran reportaje, redactar el trascendido en pocas palabras para una columna de opinión, confrontar la información con los actores involucrados antes de decidir su difusión o, inclusive, publicar autoacreditándose la información como producto de sus propias investigaciones.

Al igual que con las filtraciones, en los trascendidos, la fuente de información original queda bajo reserva, garantizada por el secreto profesional del periodista, ese derecho que Juan Luis Cebrián, consejero delegado del Grupo Prisa y del diario El País, de España, define como: “El derecho que tienen los profesionales de la información a no revelar las fuentes de la misma, no declarar ante los jueces sobre los hechos que ellos revelen en sus informaciones y no entregar los carnets personales de notas, cintas magnetofónicas y demás material informativo que haya utilizado al respecto.”

Gracias a trascendidos de este tipo, se han conocido casos de corrupción, investigaciones judiciales sobre personajes destacados, fraudes, enriquecimientos inexplicables, intentos de homicidio, etc.

 

Los rumores

La última variable del genérico de las filtraciones son los rumores o, como se les llama en el medio periodístico, los “borregos”, es decir, información especulativa no confirmada e infundada que busca condicionar un comportamiento, fijar una postura “no oficial” o inclusive lograr el desprestigio de alguien o de alguna institución. En pocas palabras, es información que busca dar al traste con una reputación.

Los rumores transmiten con enorme eficiencia la información social y tienen gran potencial manipulador, debido a que las personas tendemos a ajustar nuestra propia visión del mundo a la percepción que de éste tienen otros “mejor informados”.

En el rumor hay muchas veces un poco de verdad revestida de ambigüedad, ya sea por la ausencia o parquedad de la información o porque ésta se saca de contexto y se inserta en un mensaje que genera lo mismo credibilidad y certeza que incredulidad y desconfianza.

Según Mark L. Knapp, maestro de comunicación en la Universidad de Texas en Austin, el rumor “es una declaración formulada para ser creíble como cierta, relacionada con la actualidad y difundida sin verificación oficial”. Según él, existen rumores agresivos, elaborados deliberadamente para causar un efecto y son empleados en propaganda o con fines comerciales para debilitar a los adversarios o a los competidores; asimismo, existen rumores que surgen espontáneamente y transmiten aspiraciones, esperanzas y deseos legítimos.

Cualquiera que sea el tipo de rumor que se busque crear, su difusión no es ética, ya que al circular, se aleja de la verdad y genera una distorsión de lo real y, por lo regular, resultan nocivos. Bill Kovach, ex editor del The New York Times, decía que “si no hay una fuente de información creíble, el compromiso social es manejado por el rumor, el miedo y el cinismo”.

Como en las leyes físicas, a una filtración difundida corresponde otra en sentido contrario y, probablemente, de mayor impacto, ya sea en el mismo medio o en otro con similar penetración. Por ello, es que cuando se contemple la posibilidad de hacerla, es importante insertarla dentro de una estrategia de comunicación en la que se ponderen los posibles escenarios que se puedan generar a partir de que la filtración se haga pública.

Dado que una filtración puede iniciar una “guerra mediática”, antes de proceder a ella –o de recomendarla, en el caso de los asesores de comunicación- es importante que se valore su conveniencia porque una vez iniciada la guerra se puede perder el control y los resultados podrían ser impredecibles y no necesariamente a favor del emisor.

 

 

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