Mandarin oriental Tokio es lírica para sibaritas

El Mandarin Oriental de Tokio es como un haiku: una poesía hecha de susurros, simetría y juegos de luz.

El término megalópolis se emplea a menudo de forma errónea, pero hay ciudades a las que se puede aplicar sin temor a equivocarse. México, heredera de una de las grandes megalópolis de la antigüedad, Teotihuacán, es una de ellas. Tokio, otra. Sus 14 millones de habitantes la convierten en una de las capitales más inabarcables del planeta, pero también de las más extravagantes, sorprendentes y vastas. Sólo hay una manera conocerla al primer golpe de vista: en teoría, sobrevolándola; en la práctica, alojándose en el Mandarin Oriental.

Aunque la entrada del hotel se sitúa a pie de calle —una excepción en una ciudad donde a menudo un mismo edificio puede albergar oficinas, galerías de arte, restaurantes, departamentos de lujo y hasta un centro comercial—, un elevador recorre las 38 plantas hasta el punto más alto del inmueble donde se encuentra el lobby. Cuando se abren sus puertas se puede contemplar una de las panorámicas más sobrecogedoras de la urbe que abarca desde los jardines del Palacio Imperial a la torre Tokyo Sky Tree (con sus 634 metros es la construcción más alta de Japón). Sus 21 suites y 157 habitaciones, situadas en las plantas inferiores, están decoradas en estilo contemporáneo, pero incluyen guiños a elementos tradicionales de la cultura nipona como los kimonos, que ofrecen a sus huéspedes.

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PLACERES PRIVADOS

El spa, situado en la planta 37, es espectacular. Dispone de cuatro salas de tratamiento y cinco amplias suites donde se puede disfrutar de un masaje a medida con unas vistas panorámicas de casi 360 grados.

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El hotel cuenta también con una amplia selección de restaurantes y bares: Signature, de alta gastronomía francesa (una estrella Michelin); Sense, de cocina cantonesa (una estrella Michelin); cocina molecular en Tapas Molecular Bar, con un aforo limitado de ocho comensales por turno (una estrella Michelin); sushi al estilo “edomae” en Suschi SORA; cocina italiana en K’shiki; un Pizza Bar en la planta 38; cocina mediterránea en Ventaglio, tés y repostería china en Sense Tea Corner y una experiencia gastronómica privada para grupos reducidos —entre seis y once personas— con cocina regional francesa en The Cellar.

EL REINO DE LA EXCENTRICIDAD

Tokio es una ciudad futurista que, sin embargo, reverencia su pasado. Sólo aquí, podemos encontrar shows con bailarinasrobots (Robot Restaurant, en Shinjuku), cojines “brazo de novio” para sustituir al acompañante habitual por otro más silencioso y una última recomendación: acudir a algún onsen, baños termales tradicionales.

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