Informales, objetivo de la banca mexicana

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El sector enfrenta una paradoja: crecer a costa de una comunidad que opera al margen de la economía formal. ¿Tendrá la pericia para conquistarla?

 

Al sector bancario le va bien. Pero le podría ir mejor. Hay por lo menos 7,000 millones de pesos (mdp) que podrían ingresar a sus cuentas. Su reto, sin embargo, es conquistar a un suculento segmento de la población que no ha sido capturado por la banca: los informales.

En números duros, se trata de 14 millones de personas que hoy viven al margen de la economía formal, a quienes la falta de ingresos comprobables les cierra la puerta a un préstamo bancario, aunque en el bolsillo dispongan de la suficiente liquidez para solventarlo.

Son comerciantes, meseros, o incluso profesionistas como médicos, dentistas o abogados que trabajan por su cuenta pero que no están bajo el techo de la seguridad social. Algunos cobran en efectivo y de igual forma realizan sus gastos, por lo que se complica tener registro de sus hábitos de consumo…pero también no dejan huella para el fisco.

Ellos, que han guardado sus ahorros debajo del colchón, ya están en la mira de los banqueros.

De acuerdo con cálculos ofrecidos por el sector financiero, si se considerara que la manera de conquistar a un nuevo cliente fuera a través de una tarjeta de crédito –que tendría un cobro por anualidad de 500 pesos–, el sector podría amarrar, al menos, 7,000 mdp por ese concepto y otros (tasas de interés, comisiones ligadas y seguros relacionados con el plástico).

Carlos Capistrán, economista en jefe de BofA Merrill Lynch Global Research, sostiene que la banca está frente a un potencial de personas físicas a quienes se les dificulta tener acceso a los servicios financieros formales, pero que significan varios millones de pesos. “Por eso es que el volumen que representan es una respuesta a la búsqueda de nuevos clientes”, afirma.

Por su parte, José María Zas, presidente y director general de México, Latinoamérica y el Caribe de American Express, lo ve bajo otra perspectiva pues califica la informalidad como un obstáculo para el crecimiento y considera que lo que se necesita para integrar a un mayor número de personas al sistema financiero es “formalizar el trabajo informal”.

Al margen de esta cuestión de enfoques, este es el único camino para consumar la bancarización que tanto han pedido las autoridades y los propios banqueros, que están comprometidos a mantener la tendencia que arrancó en 2008 de ingresar anualmente a 2.4 millones de nuevos usuarios al sistema, para cerrar en 2018 con más de 60 millones de clientes.

Tarde o temprano, entonces, la banca en México –conformada por 42 instituciones financieras– encontrará en su camino a los informales, sobre todo si pretende asegurar el crecimiento en ganancias de 26% que ha registrado en el último año.

La fórmula mágica

Manuel Molano es el director adjunto del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), un organismo crítico de diversos sectores productivos, que recientemente publicó el análisis llamado “Crecimiento y profundización del sector financiero en México”. Él, con estudio en mano, asegura que la banca tiene varios caminos para abolir el efectivo.

En primer lugar, se pronuncia por multiplicar la emisión de medios de pago electrónicos, algo que consecuentemente podría ayudar a captar más usuarios. “Si tuviéramos que pagarlo todo por la vía plástica, habría una fiscalización de los movimientos de ingreso y gasto. Ello construiría el historial que permitiría, a su vez, ingresar a nuevos clientes a la banca”.

Los gobiernos, de todos los niveles, también podrían contribuir para materializar esta apuesta. De acuerdo con un estudio realizado por BBVA Research, migrar la nómina de los empleados de gobiernos estatales y municipios también es una oportunidad de integrar a un mayor número de personas a la banca tradicional. Las estimaciones calculan que este ejército está conformado por cerca de 1.8 millones de burócratas.

Por lo visto, los vientos soplan en esa dirección.

En 2011, la banca de desarrollo, específicamente Nacional Financiera, impulsó un programa para respaldar, con recursos, los créditos que la banca otorga a las PYMES. Gracias a ello se aumentó entre 2006 y 2012 la bolsa para este segmento de 59,000 a 163,000 mdp. En ese periodo, el número de Pymes atendidas pasó de 150 a 623. Ahora, el universo potencial rebasa el millón.

Bajo este panorama, Manuel Molano manifiesta que están dadas las condiciones para que la banca aumente su penetración. En otras palabras: que le saque más jugo al negocio. Para ello, deberá ofrecer, entre otras cosas, tasas de interés más accesibles. “Esa es la manera de abrir mercado”.

Así, en este negocio –donde la banca y los usuarios cuidan con mucho celo sus propias cifras– se asoma un factor intangible: la confianza, que se alimenta por los incentivos que las partes se otorgan entre sí. En 6 años (de 2006 a 2011), la cobertura bancaria registró 15 millones de nuevos usuarios, para llegar al cierre de ese año a un total de 47.5 millones de clientes.

¿Cómo multiplicar esta cifra? Las recetas ahí están. El reto está en conciliar la gestión bancaria y las políticas públicas, con el entorno económico, que permitan sostener (o superar) la cifra mágica de los 2.4 millones de nuevos clientes que cada año se han sumado al sistema.

 

Elementos colaterales

Semáforo en verde

-Se estima que hay más de 30 millones de adultos que carecen de una relación financiera formal con la banca.

Semáforo en rojo

-La falta de competencia, dice el IMCO, limita su desempeño. 73% de sus activos se concentra en 7 bancos.