Jorge Perez: el rey latino de los condominios

Foto: Lizeth Arauz.

Hoy, Jorge Perez analiza invertir en México y crear algo como la Icon de Miami o el Time Warner de Nueva York. Ha creado más de 55,000 condominios. También erigió un Icon en Puerto Vallarta, México, diseñado por Starck. Y sus planes de negocio no paran ahí.

 

Por Hiroshi Takahasi

 

Jorge Perez es el presidente y CEO de The Related Group y uno de los hombres que más admiran los latinos en Estados Unidos. Ocupa el lugar 1,175 de la lista de los billonarios de Forbes, con una riqueza estimada en 1.2 billones de dólares, gracias a sus buenos oficios en los bienes inmuebles.

Forbes México se encontró con él. Un día antes de la entrevista,  se levantó a las cuatro de la mañana en su mansión de Florida y tomó un avión hacia la Ciudad de México. Al llegar a una galería de lo que antes conocíamos como hotel Nikko y hoy es un Hilton, cuatro bellas mujeres lo esperan. Yo estoy con ellas.

Cuando llega a la galería donde nos citan para la entrevista, las cuatro mujeres lo saludan con mucho respeto. Casi ceremonialmente. Parece que las intimida. De pronto, desaparecen para prepararle su próxima agenda. Jorge Perez parece un Jorge Pérez común y corriente. No luce como uno de los hombres más ricos del mundo. The Wall Street Journal dice que es “The Condo King of South Florida”. La revista TIME lo reconoció como uno de los hispanos más influyentes de Estados Unidos. El Miami Art Museum lleva su nombre, simplemente porque donó más de 40 millones de dólares (mdd) en efectivo y arte de América Latina de su colección.

El arte es su sello. Jorge Perez creó The Related Group en 1979. Desde entonces ha aplicado su fórmula para construir condominios, que lo describen como uno de los desarrolladores de torres repletas de obras y lujo, que además embellecen el panorama de las zonas en donde se instalan.

Si conoces Miami, seguro te acuerdas del Icon Brickell y el St. Regis Resort and Residences. Él los construyó, como muchas otras de las propiedades que le dan ese aire de sofisticación a Florida, como el Hallandale Beach Club o la Trump Hollywood, en el 2711 de South Ocean Drive.

En 2005, uno de sus mejores años, tuvo ingresos por 3,200 mdd, al vender 4,570 inmuebles. Un año después, sus ventas se desplomaron a 1,500 mdd, por 1,250 unidades vendidas, pero en 2007 rebotaron a 2,000 mdd, por 2,500 condominios entregados. La crisis afectó al sector, incluido a Mr. Perez. Ha creado más de 55,000 condominios. También erigió un Icon en Puerto Vallarta, México, diseñado por Starck. Y sus planes de negocio no paran ahí.

El mexicano Enrique Norten, Philippe Starck, Bernardo Fort-Brescia, Pushelberg & Yabu, David Rockwell y Keith Hobbs, son los arquitectos y diseñadores que cumplen sus caprichos. Son parte de su tarjeta de presentación.

Cuenta su leyenda que en 1968 llegó a Estados Unidos persiguiendo el amor. “Pues sí, es verdad”, dice Jorge Perez. “Yo me gradué de mi bachillerato y escogí la universidad, porque había una muchacha que había sido mi novia casi cinco años en Colombia y la seguí hasta Estados Unidos”. Después la chica se mudó a Nueva York y finalmente se fue a Europa. Y, claro, Jorge Perez también se fue a Europa.

Sus padres, cubanos de nacimiento, no lo frenaban. Para ellos, él siempre tomaba la mejor decisión. Desde pequeño estudiaba y enseñaba en la universidad, todo con becas. Ellos tenían mucho dinero, pero todo lo perdieron en Cuba. Él nació en Argentina porque su papá era gerente de Eli Lilly, la farmacéutica. Cuando murió su abuelo, su padre se fue a reclamar la herencia a la isla y puso su propio laboratorio. A los seis meses llegó Fidel Castro y le quitó todo. Se fueron inmediatamente a Colombia y ahí su padre comenzó a trabajar para Bristol Myers.

Dicen sus amigos que en algún momento fue adicto al trabajo extremo. Se lo recordamos y se pone serio. Cruza los brazos. Se inquieta:

Al principio de su carrera eso le generó conflictos. Tenía problemas para repartir su tiempo entre la familia y el trabajo. “Lo que trataba de hacer todos los fines de semana era meter a todos los niños en el carro y nos íbamos a ver proyectos. Ésa era mi forma de trabajar, pero al mismo tiempo de estar con la familia”.

─ ¿Nunca descansas?

─ No, duermo muy poco, y en ese tiempo menos. Dos o tres horas.

─ ¿Cuál es tu rutina?

─ Trabajar.

─ Te levantas temprano…

─ Muy temprano para escribir, hacer planos, ejercicio para mantenerme bien.

─ ¿Cuándo te diste cuenta que ya eras millonario?

─ Desde el primer año que empecé a trabajar.

A diferencia de los empresarios mexicanos, Jorge Perez no se asusta cuando le piden hablar de lo afortunado que es. Dice que el dinero nunca fue su gran motivador. Comprende de qué forma se puede hacer dinero, pero le gusta más hacer el negocio y la creación de éste, no tanto cuánto va a ganar.

Por ello firmó con su amigo Bill Gates, el cofundador de Microsoft, el Giving Pledge, el compromiso que hacen los millonarios de este planeta para dar parte de sus imperios a los más necesitados. Su instrumento para predicar con la filantropía es a través del arte. En estos momentos, edifica un museo en Miami y entregó un donativo a la Florida International University.

Le recuerdo que muchos de los ricos dicen que no les importa el dinero. Y le cuento que leí hace unos meses una entrevista con Jeff Bezos, el creador de Amazon, quien decía que sus millones sólo le han servido para no fijarse en el precio del menú cuando va a comer a un restaurante, cuando antes de volverse rico era una preocupación primordial.

“Yo todavía me fijo en los precios del menú y en cuánto me cuesta todo…, porque el dinero es el dinero, y yo creo que si uno pierde la percepción de eso se vuelve como medio pendejo, perdón, se vuelve como medio estúpido. O sea, yo, si voy a un hotel, no quiere decir que vaya a un hotel malo, pero sí voy a ver cuál es el mejor negocio en el hotel; o si voy a viajar en el avión, y tengo millas, las uso; sigo pensando en el dinero como algo que no se debe botar”.

Jorge Pérez llegó a tener una fortuna estimada de más de 2,500 mdd, antes de la crisis de la vivienda en Estados Unidos. En 2008 salió de la lista de los millonarios de Forbes y regresó este año. Pero no le importa.

─ ¿No le importa?

─ Sólo es una forma de medir… Creo que una forma más grande de medir el éxito es con base en lo que dejas. Entonces, prefiero que la gente me recuerde porque hice los tres edificios más padres de todo Miami, no por cuánto dinero tengo en el banco.

A Jorge Pérez le encanta caminar. Pero le gusta más manejar un convertible en Miami, bajo el sol, de preferencia un Ferrari. Tiene un jet, pero por lo general viaja en líneas comerciales. Tiene un bote pequeño, porque a su hijo más chico le encanta pescar.

Le gusta caminar, mezclarse entre la gente. Ahora que estuvo en la Ciudad de México caminó por Polanco y un joven lo llamó por su nombre. “¿Usted es Jorge Perez?”, le preguntó. “Acabo de leer su libro y yo quiero ser desarrollador”.

Sin embargo, y de acuerdo con The Miami Herald, en enero de este año Jorge Perez, “el celebrado desarrollador”, tuvo que ser testigo en un juicio contra su compañía, en su faceta de autor. El presidente de The Related Group testificó, porque un grupo de habitantes de una zona de Miami se quejó de que construyó tres torres de condominios cerca del Mercy Hospital, en Coconut Grove, gracias a que presuntamente donó dinero a asociaciones vecinales a cambio de obtener los permisos en 2007. Gastaron mucho dinero, querían detener el proyecto. La causa: les obstruye la vista a sus propiedades.

Su familia, el arte y la literatura son sus tesoros. “Me encanta leer. Ahora estoy leyendo a un dominicano que se llama Junot Díaz”.

─ Ah, claro, el Pulitzer…

─ Tienes que leer este libro, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao…

─ ¿Qué pasó con María Eugenia? (la chica a la que siguió hasta Europa).

─  Estuve con ella ahora, con mi nueva esposa, hace dos años. Viajamos a Bogotá todos juntos. No la había visto hace 30 años, la verdad es que fue una reunión muy simpática. Ella se casó en Inglaterra con un Lord, le fue muy bien.

─ ¿Ha hecho más locuras por amor?

─  Yo creo que hace uno muchas locuras por amor. Es lo que hace que el mundo ruede.

El museo de la discordia

Todo está listo para que en diciembre de 2013 abra sus puertas el Perez Art Museum Miami, ya conocido como PAMM, diseñado por el grupo suizo de arquitectos Herzog & de Meuron.

Ahora nadie habla de ello, pero cuando se anunció que el urbanizador de origen cubano le daría su apellido al museo, un grupo de opositores comenzó a hacer ruido. No estaban de acuerdo, pues consideran que por muy poco le cedieron el control de algo que debía pertenecer a un americano blanco, no a un latino. Se tornó en algunos círculos como un conflicto de raza, que terminaba en columnas en diarios locales pidiendo el apoyo de los estadunidenses para que no se le pusiera Perez al Art Museum.

Jorge Perez, donó toda su colección clásica de arte latinoamericano y dinero en efectivo, que equivale a unos 40 millones de dólares.

El público podrá apreciar obras de Diego Rivera, Tamayo, Rafael Coronel, Toledo, Zúñiga… todo eso que él veía en privado en su mansión. Todo formará parte de la galería permanente, Americana.

Santa Fe y Reforma, en su mira

Jorge Perez dice que tiene muchos clientes mexicanos en Miami. Los mexicanos que han comprado condominios a su empresa, siempre hablan de su buen gusto y de los diseñadores, arquitectos y artistas que contrata para crear sus edificios.

En este momento tiene un proyecto en Puerto Vallarta, llamado Icon Vallarta, con el sello de Philippe Starck. Tienen un terreno muy grande en Zihuatanejo, donde analiza el desarrollo de otro proyecto turístico.

“Pero ahora lo que más me interesa es la ciudad, y yo creo que la Ciudad de México seguirá creciendo. Se tiene que limpiar y recrear, y se ha limpiado muchísimo. Estoy viendo dos proyectos muy grandes y muy icónicos en dos áreas muy importantes de México: Santa Fe y Reforma”.

Jorge y compañía están analizando la factibilidad económica. Están buscando propiedades para hacer algo como la Icon de Miami o el Time Warner de Nueva York. Es decir, un proyecto de usos mixtos que tenga hotel, residencias, oficinas, restaurantes, tiendas.