La clave del éxito: hacer fácil hasta lo extraordinario

La grandeza puede existir para todos; sólo tienes que pararte de tu asiento y reclamarla. (Foto: Reuters)

¿Cómo hacerlo? La única forma en que la realidad se crea es alineando la mente, las emociones y las acciones en una sola dirección. Y te aseguro que es más fácil de lo que crees.

 

Comenzar un negocio en la cocina de tu departamento de 60 metros cuadrados y ganar el premio Entrepreneur of the Year al año siguiente. Soñar con ganar los premios grandes de programas de concursos televisivos y conseguir un récord 3 de 3. Crear el trabajo de tus sueños y ganar el premio Trip Advisor mientras vives de comer, platicar y pasear con la gente. Duplicar tu sueldo en menos de 3 meses aprendiendo negociación estratégica. Pensar en tener una carreta de jabones artesanales en un centro comercial y terminar dos años después siendo un gran distribuidor para el sur de EU. Construir una cabaña con tus propias manos en 6 meses sin tener un peso el día uno. Vencer el miedo y vender todos los espacios de una expo internacional, que no se ha hecho nunca, sin haber nunca vendido nada… y todo hacerlo desde cero puede ser verdaderamente fácil de hacer.

Me vas a decir que es una locura, pero no lo es tanto, porque esto sucede al construir la realidad personal mediante estructuras procesales simples, actuando constantemente en cosas sencillas mental, emocional y físicamente.

Sí, es verdaderamente sencillo, y así lo narran distintas personas a quienes he ayudado a crearlo desde cero. Todo es tan fácil como se dice, porque tras recapitularlo, más del 98% de todo lo que se hizo fueron acciones simples. Y te voy a explicar por qué.

 

3 estados de creación de la realidad

La realidad se define por 3 estados: emocional, mental y físico, y sólo se debe trabajar en los tres, llevando a cabo acciones simples mientras se camina. Es ésta la única forma en que la realidad se crea: alineando la mente, la emoción y las acciones en una sola dirección, lo cual es relativamente sencillo.

Y no importa que nunca hayas hecho nada, porque, al final, para todos puede existir la grandeza; sólo tienes que pararte de tu asiento y reclamarla.

No digo que no implica ningún esfuerzo, tampoco, pero lo que sí sé y te puedo decir por experiencia es que es mucho, pero mucho, muchísimo más fácil de lo que tú crees.

 

La clave

Caminar en los 3 estados para la creación de la realidad. Con ejercicios emocionales, mentales y físicos (acciones simples).

 

La anécdota

Hace un par de meses, una señora se paró en medio de una conferencia y me preguntó ¿cuál era la clave de mi éxito como coach, por la que la gente “normal” conseguía grandes resultados?

Primero le hice darse cuenta de que no eran normales. “Nadie es normal visto de cerca, señora.”

Después le enseñé cómo hacer que las acciones “se hagan fáciles” o incluso cómo las acciones fáciles se convierten en extraordinarias.

La señora se quejaba de no tener buena facturación en su negocio, y yo le pregunté:

–¿Es que usted no sabe hablar por teléfono?

–¿Cómo? –me dijo.

–¿Sabe usted agarrar el teléfono y marcar y luego hablar? –le pregunté.

–Sí –me dijo, sin entender nada, lo cual se notaba.

–Si yo le pongo a hacer 50 llamadas diarias, lo único que voy a conseguir es que usted me mande a la fregada al cuarto día. ¿Está de acuerdo? Por eso mejor le voy a pedir algo tan fácil que sería difícil no hacerlo: sólo una llamadita diaria –pero aquí viene lo sabroso– a alguien que no conoce. Una sola llamada los días de trabajo ¿le parece bien?

“OK. Mire señora, también le voy hacer un ejercicio: usted va a vender algo hoy, haciendo lo que sabe hacer, pero de una forma diferente, ¿le parece bien? Y le voy a comprobar que con una acción que usted sí sabe hacer puede conseguir lo que quiere. Además de conducirla hacia lo extraordinario y todo aquí frente a la gente, ¿OK?

“Dígame cómo vende normalmente.”

–No, pues, yo les digo lo que tengo a la gente, y en qué les ayuda.

–¡Ah!, entonces usted le dice su producto a la gente y ve si la gente lo quiere, ¿no es así?

–Sí –contestó.

–Mire, saque el teléfono y dígame el nombre de su comadre. ¿Lo puede hacer?

–Sí –contestó.

–Márquele y dígale que está conmigo.

La señora, con cara de incredulidad, lo hizo, y tras broma y broma me la pasó. Yo la saludé, cruzamos dos o tres palabras que la hicieron sentirse segura, le pasamos al joven de junto, a quien luego involucramos en el siguiente ejercicio, y luego colgamos.

–Fíjese cómo acabamos de hacer algo extraordinario con algo que sabemos hacer y es simple, ¿cierto? Ésa es una acción fácil, ¿cierto?

–Sí –me dijo.

–OK, usted sabe hablar por teléfono. ¡Ya la hicimos!

“Ahora le voy a enseñar a hacer algo que nunca ha hecho, pero con lo que sí sabe hacer: pídale el teléfono al joven de junto, va a buscar el número que le digamos y va a marcar. Usted me va a hacer caso en lo que le diga, y nunca, pero por nada del mundo, va a mencionar que usted quiere venderle algo, y menos el producto, ¿OK? Porque eso es lo que hace normalmente y me dice que no le resulta, ¿cierto?”

La señora se quedó anonadada.

–Ahora mira tú –le dije al joven de junto–, dame tu teléfono. Dime una persona mujer mayor de 45 años a la que la señora pueda hablarle.

Ambos estaban impactados.

La señora habló con una persona que no conocía y que resultaba la abuela del joven, y le dijo que estaba conmigo, y le dijo que debía mostrarle lo que ella hacía, porque tanto ella, como yo, y como su nieto (el que prestó el celular) sabíamos que le iba a encantar lo que le debía mostrar, y que por eso le hacíamos la llamada.

También le dije que le preguntara si estaba dispuesta para ello. Ella, después de un rato de comentarle el asunto, comentó que sí, claro que sí, porque le parecía verdaderamente fenomenal la llamada y la situación.

Tomé el teléfono, y le dije:

–Señora, ¿estaría dispuesta a darnos 200 pesitos para llevarle este regalito que hace la señora? Quiero que sepa que se lo vamos a regalar tanto su nieto como yo, pero le pido esos 200 pesitos porque debemos pagar el taxi; ya sabe, los gastos. ¿Estaría usted dispuesta a darle a la señora esos 200 pesos?

–Claro que sí, pero dígame ¿cuándo va a venir? –preguntó la señora–, porque me muero de la curiosidad.

 

La reflexión

La realidad es que muchas veces lo que tenemos que hacer es fácil, pero desde una perspectiva y forma que nunca lo hemos hecho.

Los grandes resultados se dan al realizar algo fácil, pero que nunca se ha hecho. Por ello, lo que crees difícil, no es más que una quimera mental, una falsedad a la que le das justificaciones para no dejar salir la grandeza interna, para no detonarla, para no sacar la creatividad o las posibilidades.

A veces la clave es fácil: quiero que hable todos los días con alguien a quien no conoce y le pida una cita o verle para mostrarle algo con lo que se puede beneficiar.

Es hacerlo fácil, porque –como le dije a la señora aquel día– si yo le pido hacer 40 llamadas diarias, al cuarto día me manda a la fregada. Prefiero terminar el año con 300 clientes potenciales nuevos que con una persona que cree que estamos haciendo algo muy difícil.

A veces el punto es hacer algo “lo suficientemente fácil” como para que sea verdaderamente difícil no hacerlo, y si nos acostumbramos a ello, que es algo relativamente sencillo, la grandeza saldrá de nosotros.

Todo se construye y es fácil construirlo cuando se trabaja en el plano mental, emocional y físico.

 

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