La comicidad de la piara y el recuerdo de los lobos

Escena de 'Guerra, a clown play' .

Guerra, a clown play y Menage a trois, dos recomendaciones teatrales donde lo humano se animaliza y lo animal se humaniza. Además, un recuerdo en homenaje al escritor Carlos Olmos, creador de Cuna de Lobos.

 

 

Teatro. La gestualidad del actor es la esencia de la representación teatral, el cuerpo humano es el vehículo de los signos escénicos y, gracias a la modalidad del teatro clown, esta gestualidad se maximiza y se trasfiere a los cuerpos de los espectadores, quienes reaccionan instintivamente ante este singular espectáculo. Guerra, a clown play es una obra creada y protagonizada por el grupo teatral La Piara, en la que se cuenta una historia completa más allá de las rutinas cortas del clown. Sin embargo, la obra atrapa por su agilidad y por el humor fársico que surge de posturas, movimientos y expresiones de sus tres protagonistas, trascendiendo la intriga y los diálogos para enfatizar la espontaneidad actoral y el juego puro.

El maestro Miguel Sabido explica en su teoría del tono que la farsa se dirige al “cerebro reptil” del espectador y provoca reacciones incontrolables y risa nerviosa. La propuesta de La Piara es reptílica desde el nombre del grupo (el cual designa a un conjunto de puercos y deviene humorístico al nombrar a un grupo humano) hasta su minucioso trabajo corporal que muestra las posibilidades del animal humano sobre la escena.

La obra enfoca las vicisitudes de un general de alto rango (Artús Chávez), quien dirige una guerra sin salir del cuartel y sin perder refinamiento, acompañado por un soldado raso (Fernando Córdova) que mantiene la disciplina militar, pero exige medallas por cada orden cumplida. Ambos reclutan a un elemento de infantería (Madeleine Sierra), que será quien verdaderamente acuda al campo de batalla y presencie los horrores de la cruenta batalla.

Sin embargo, el horror bélico que reporta la infanta dará pauta a la gesticulación satírica del soldado y el general quienes evocarán, desde la comodidad del cuartel, los terribles acontecimientos transformándolos en diversión macabra. Por desgracia, la triste realidad terminará con el juego y oscurecerá la luminosa presencia de los clowns.

piara2Las rutinas de La Piara no se limitan al espacio del escenario teatral, sino que se expanden y contagian al público. Sus posturas y gestos provocan reacciones diversas en cada espectador, que también gesticula, ríe y se remueve en su asiento, hasta romper con la inactividad y terminar por incorporarse al juego final, que consiste en arrojar avioncitos de papel de colores por toda la sala.

La catarsis que proporciona el espectáculo Guerra, a clown play es misteriosa. Tras reír y sudar juntos, público y actores abandonan el teatro con una sensación de ligereza y alegría pueril. La propuesta nos permite regresar a la infancia y extraer las sensaciones de pureza y libertad que vivimos un día y que están guardadas en la memoria corporal, esperando la oportunidad de manifestarse otra vez. Después de presentarse en el Foro Shakespeare, La Piara se va de gira a Nueva York, Chicago y Colombia, trascendiendo la barrera del idioma por medio del lenguaje universal del cuerpo humano.

Más teatro. Menage a trois (Cuestión de tres), pieza escrita y dirigida por la dramaturga Carmina Narro, que inicia temporada en la Sala Chopin, escenifica con maestría la peculiar confrontación de dos hombres y una mujer, quienes se enfrentan al defender supuestamente sus sentimientos amorosos, pero en realidad pelean por detentar el poder. En esta lucha despiadada triunfará el más fuerte y perderá el más débil, sin importar los estereotipos de género.

Damiana (Fernanda Castillo) mantiene una ambigua relación de pareja con Luca (Alejandro Tomassi), quien dice amarla con pasión pero no en exclusiva, por lo que ha aceptado compartirla con su mejor amigo, Aníbal (Sergio Zurita). Producto de esta situación de “pareja abierta”, Fernanda queda embarazada y duda de la paternidad de su hijo, que podría ser de Luca pero también de Aníbal. El temperamental artista Luca deplora que su mujer tenga dudas respecto a la primacía de su amor, ya que él es el único hombre de su vida, aunque por diversión hayan incluido a otra persona en su relación de pareja. Mientras tanto, el taciturno Aníbal trata de aprovechar el distanciamiento de Luca y reitera a Damiana su amor incondicional, tratando de ocupar el espacio que dejó libre su amigo, sin importar si es o no el padre biológico del hijo de Damiana. Pero, finalmente, será ella quien establecerá los límites de cada uno de los machos y se erigirá como hembra alfa al determinar quién predominará por encima del otro. El juego de poder se desarrolla como una confrontación entre iguales, donde la mujer reafirma su poderío y los hombres muestran insólitas debilidades, rompiendo con los estereotipos que la sociedad asigna tradicionalmente a cada género. Carmina Narro ofrece así una visión subversiva de las relaciones humanas, donde nada es lo que parece, y una Cuestión de tres se convierte en un rompecabezas de discursos y pulsiones en el que predominan estas últimas, particularmente el impulso territorial del animal humano.

Y más teatro. Recordamos al escritor chiapaneco Carlos Olmos (1947-2003) por su exitosa telenovela Cuna de lobos, que renovó la anquilosada estructura del melodrama con tintes de thriller policiaco y humor negro allá por el año de 1986. La singular villana tuerta, Catalina Creel (María Rubio), combinaba la solemnidad de una madre devoradora con la fársica armonización de sus parches oculares con su elegante vestuario. El talento de Olmos se sustentaba en su obra dramática, que incluye títulos destacados como Atardecer en el trópico, Juegos profanos, Lenguas muertas, El eclipse o Final de viernes.

Causa sorpresa saber que, a una década de su desaparición física, su familia conserva casi intacto el departamento donde habitaba Carlos Olmos en una céntrica colonia del Distrito Federal. La madriguera de este viejo lobo de la dramaturgia mexicana sigue ahí, esperando transformarse en un centro de estudios teatrales o un museo de recuerdos olmianos. En otros países se conservan las casas de sus mejores autores como baluartes de la cultura local. Aquí, se pierden irremediablemente legados como los de Rodolfo Usigli o Hugo Argüelles. Hace apenas un par de años, la Embajada de España rescató la casa de Luis Buñuel en la colonia del Valle. ¿No sería bueno reforzar los programas culturales dedicados a preservar colecciones, bibliotecas, videotecas y hogares de nuestros escritores? Son vestigios de vidas dedicadas a crear literatura mexicana y no deberíamos perderlos jamás.

 

 

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