La restauración de 100 mdd del Palacio de Madame Pompadour

Foto: Wikipedia.

Hace dos siglos, una mujer de gusto refinado y amante de las artes comisionó al arquitecto de la corte la construcción de un castillo, el cual la tuberculosis le impidió ver terminado. Un acaudalado y tímido filántropo lo ha restaurado con técnicas de la época, invirtiendo millones de dólares en ello.

 

Por Morgan Brennan

 

El Valle de Loire, en Francia, es famoso por sus castillos. Los visitantes tienen un exceso de ofertas entre los cuales elegir. Uno puede deambular por las más de 500 salas del Château de Blois, ver la tumba de Leonardo da Vinci en el Château d’Amboise, o simplemente contemplar la arquitectura del castillo de Chenonceau, de Catalina de Medici, que abarca el ancho entero del río.

Pero hay una finca asentada en silencio detrás de unas puertas que raramente se abren. Es el único castillo en el valle cien por ciento propiedad de manos privadas y el trofeo personal de un filántropo solitario, un edificio de piedra de más de 18,000 metros cuadrados de espacio habitable en 118 acres de jardines esculpidos a las orillas del río Loira. Se le conoce como Château de Menars.

El castillo de Menars es propiedad de Edmond Baysari, un monegasco de 76 años de origen libanés, tímido e introvertido, que rehúye a la prensa. Para Baysari el castillo es su último trabajo de amor en más de un sentido. Es un legado de ladrillo y cemento que representa su pasión por el arte, la arquitectura y la historia, uno cuya restauración le costó tres décadas y más de 100 millones de dólares (mdd). Pero, más importante, es un homenaje a su musa de toda la vida, Jeanne-Antoinette Poisson, una renombrada gran dama de las artes y antigua habitante del castillo, que es más conocida como Madame de Pompadour. Baysari se refiere a su castillo real como el “Palacio de Pompadour”.

Baysari nació y se crió en una familia cristiana monegasca en el Líbano, entonces bajo dominio colonial francés. Se marchó a América siendo sólo un adolescente y se graduó de Harvard en 1960. A finales de la década, había abierto un exitoso negocio de bienes raíces en Venezuela y regresó a Harvard para cursar un máster centrado en ingeniería nuclear. Más tarde, participó como consultor en Wall Street, viajó por el mundo y, finalmente, terminó en Mónaco, donde se convirtió en un filántropo de tiempo completo.

Su filantropía se ha centrado principalmente en las artes, al igual que en el caso de su heroína de toda la vida, Madame de Pompadour. Uno de sus proyectos más duraderos se produjo por medio de una amistad duradera con Ronald Reagan, entre otras cosas, Baysari era un ferviente partidario político y apoyaba al expresidente a través del Club 100. En 1990, Baysari contribuyó a lo que se conoce como el programa Arte en la Embajada, desarrollando una iniciativa con el Departamento de Estado que permite a las embajadas de Estados Unidos acceder a las obras de arte de una manera más fácil y menos costosa. En los años siguientes, creó redes similares para compartir el arte en ciudades de todo el mundo.

Pero el Palace Pompadour, dice, es su mayor logro, una curaduría nacida del kismet, un término árabe que significa destino. Baysari escuchó por primera vez de Madame de Pompadour siendo un niño pequeño. “Muy pronto me encontré con esta mujer en mis lecturas, y de inmediato sentí pasión por ella”, dice.

Es fácil ver por qué. Pompadour (1721-1764) fue una verdadera mujer renacentista. Era música y amaba la pintura y la literatura. Estudió botánica y ornitología, y fundó un salón para apoyar a los filósofos, como Voltaire. También era una gran belleza. Nacida un plebeyo, ganó el afecto del rey Luis XV en 1745, convirtiéndose en su amante principal y ganando un título nobiliario. Con recursos del rey, se convirtió en patrona de las artes y las grandes obras, como el Elysées Palace, en París. Ella, al igual que Baysari, era en el fondo una filántropa, tal vez debido a sus antecedentes precarios: “No encuentro ningún placer en ver mi oro acumularse. Debe ser distribuido.”

Madame_de_pompadourLa finca en Menars, adquirida en 1760, fue uno de sus últimos trabajos. Pompadour asignó el proyecto al arquitecto de la corte, Ange-Jacques Gabriel —quien diseñó la Place de la Concorde, en París— para construir la casa sus sueños, restaurando el castillo original que había sido construido en 1642. Pompadour añadió alas simétricas a ambos lados de la estructura, abrió los interiores y sustituyó el mobiliario austero con un estilo más contemporáneo. Pompadour nunca vio Menars terminado, murió de tuberculosis en 1764, a la edad de 42 años. Su hermano, el marqués de Marigny, completó los trabajos. Y entonces el castillo quedó en silencio, a la intemperie de la Revolución Francesa y más tarde llamando la atención de los promotores inmobiliarios y los posibles turistas, durante los siguientes dos siglos.

En 1980, el castillo era propiedad de Saint-Gobain, la empresa parisina fabricante de vidrio, pero poco después la compañía fue nacionalizada por el gobierno francés y se vio obligado a venderlo. Fue entonces que Baysari, que había amasado una fortuna considerable, se abalanzó sobre él, al enterarse de la venta de voz del presidente de Sotheby’s, Peter Wilson.

Baysari reflexionó sobre qué hacer con Menars durante años hasta que tuvo un golpe de inspiración en 1989. “Decidí que quería hacer un regalo a Madame de Pompadour y ponerlo en el mismo estado en que ella lo tendría si viviera hoy”, dice. Pero la “restauración” no satisfacía totalmente sus deseos. No era suficiente repintar los intrincados paneles de madera que adornan las paredes de las salas o retocar las hojas de oro brillante de los techos; Baysari se propuso revivir Menars empleando los mismos métodos utilizados por Pompadour, contratando a auténticos artesanos y comisionando a artistas para la tarea.

Más de dos décadas después, el Palacio de Pompadour está finalmente terminado (o muy cerca de estarlo). En el interior, el piso de la entrada de ambas alas da la bienvenida a grandes galerías blancas con pocos muebles y flanqueadas por muros fortificados capaces de sostener pesadas piezas de arte. Entre los espacios favoritos Baysari se encuentra una biblioteca con paneles tallados en dos tipos de madera, situada en el segundo piso. El castillo, que parece no tener fin, cuenta con más de 50 habitaciones, una serie de salones íntimos y un comedor regiamente decorado con un pasaje subterráneo de un edificio independiente que alberga la cocina.

La finca cuenta con amplios y exuberantes jardines. La gran terraza, que va desde el castillo hasta el río, es una representación geométrica de cuadrados de césped abrazados por setos y salpicados  intermitentemente con estatuas del siglo 18 de emperadores romanos. El rostro de Madame de Pompadour ha sido tallado en dos esfinges de piedra, tiene un Templo del Amor abovedado, diseñado por Soufflot y viñedos de pinot noir.

Baysari utiliza el palacio como residencia de verano, lo ocupa esporádicamente en los meses de julio y agosto. Una vez experimentó abriendo el Château Menars a las visitas del público, hasta que se registraron robos. Sin embargo, si un grupo desea organizar una visita, a menudo cede.

Ahora Baysari mira hacia el futuro. No tiene herederos. Dice que ya ha rechazado varias ofertas de nueve cifras de multimillonarios rusos y Oriente Medio en busca de un trofeo. Pero eso no es lo que tiene en mente. Idealmente, el palacio de Pompadour seá donado a una fundación artística, como el Museo Getty o el Hermitage, que “reúnen todas las garantías de que estará a salvo durante mucho  mucho tiempo.” Y la propiedad va a requerir de bolsillos generosos: el mantenimiento anual del castillo es de aproximadamente  1 millón de dólares.

El nuevo propietario también se encontrará con tres habitaciones que Baysari ha dejado sin restaurar a propósito: los apartamentos de la planta baja que servían como dormitorios de Madame de Pompadour. “No quiero hacerlo. Creo que no estoy  calificado”, dice, riendo tímidamente. “Prefiero que cuando ella vuelva, lo haga por sí misma.”