La excéntrica y brutal visión de Andrew Salgado

Foto: Oscar Proctor/Beers Lambert Contemporary.

Andrew Salgado a sus 30 años, es una joven promesa en el arte contemporáneo y ha realizado exhibiciones en Reino Unido, Tokio, Estados Unidos, Canadá y Venezuela. Algunos de sus maestros son Francis Bacon, Paolo Veronese y Philip Guston, artistas a quienes les profesa absoluta admiración.

 

En el mundo del arte contemporáneo existen artistas que resaltan a muy temprana edad. Andrew Salgado es un caso por demás representativo. A sus 30 años ha realizado exhibiciones en Reino Unido, Escandinavia, Australia, Tokio, Estados Unidos, Canadá y Venezuela, compartiendo galerías con pesos pesados como Tracey Emin y Gary Hume.

En Londres, base de su trabajo, se ha convertido en la estrella del momento. Desde el pasado abril, toda persona que camina por la Knightsbridge ha tenido la oportunidad de deleitarse con sus creaciones, en los escaparates de la icónica tienda de lujo Harvey Nichols. Y no es de sorprender, la visión artística de Andrew derrocha el estilo excéntrico y la personalidad única que desde siempre ha caracterizado a la capital inglesa.

Salgado nació en la pequeña ciudad de Regina, Canadá. A sus padres –él mexicano y ella canadiense– los describe como sus más cercanos amigos, sus críticos más duros y los partidarios más firmes de su ideología. A ellos agradece la extraordinaria formación artística que le caracteriza, base del impulso crítico y psicológico que imprime a cada una de sus creaciones.

Perspectiva y eje fundamental de su trabajo es lo que él considera la “hermosa monstruosidad” de la forma masculina, dentro de la cual incorpora arquetipos clásicos e ideales escultóricos, y referencias puntuales de Francis Bacon, Paolo Veronese y Philip Guston, artistas a quienes les profesa absoluta admiración.

Dentro de su estudio, en Hoxton, Andrew nos presume la colección de su obra centrada en pinturas figurativas a gran escala: una reflexión del cuerpo masculino en “estados elevados de brutalidad melodramática”. Los críticos no han dudado en considerar su trabajo como “violento, de colores y pinceladas intensamente personales”. Sin embargo, él mismo rige su arte; como lo hizo el propio Bacon, a quien constantemente hace referencia y de quien retoma: “Mi pintura no es violenta, es la vida la que es violenta, yo pinto lo que quiero que sea, y dejo al espectador sacar sus propias conclusiones”.

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Prueba de ello es su pintura Bloody Faggot (2008), una respuesta íntima y personal ante un crimen de odio generado a partir de su declarada homosexualidad. La obra, acusada de agredir al público, causó fuerte y larga conmoción; más la clara y firme posición de Andrew la convirtió en un parteaguas de su autopercepción como uno de los artistas emergentes más nombrados de la época.

Sus trabajos más recientes exploran conceptos relativos a la naturaleza de los seres humanos, de sí mismo y sobre las ideas de la destrucción y la reconstrucción de la identidad –tanto a través de la narrativa inherente de las piezas, como en el enfoque técnico adoptado en su trabajo–. “El arte  para el artista es por naturaleza complejo, el arte en el espectador es tan complejo como él mismo se lo permita. El objetivo final es siempre conmover al espectador de la estética y la formación de la obra en su conjunto”, asegura.