Lecciones para hacer una subasta en telecom

Foto: Reuters

Una recaudación baja y una mayor concentración en el mercado pueden ser ‘reacciones secundarias’ de una mala asignación de espectro.

 

Ante la discusión sobre los beneficios de la propuesta para reforma a las telecomunicaciones, las conclusiones son en lo general positivas y parece que el público estaría satisfecho con ella. Sin embargo hay algunas cuestiones que no son muy claras o que resultan extrañas, sobre todo partiendo de la experiencia internacional.

Un caso que es  importante para comparar con lo que sabemos o esperamos de la reforma en telecomunicaciones es el que fue llamado “la subasta más grande de todos los tiempos” la subasta del espectro radioeléctrico en el Reino Unido hace unos 15 años.

Los objetivos del gobierno británico y de sus reguladores eran muy claros:

●            Asignar de forma eficiente el espectro.

●             Promover la competencia en el sector.

●             Recaudar el máximo valor económico; sujeto a los dos puntos anteriores

Estos tres objetivos son muy claros, el uso eficiente del espectro y la competencia beneficia al consumidor al mejorar la calidad de los servicios, mientras que al subastar las concesiones y no ofrecerlas en un simple concurso, se recaudan importantes recursos para el estado, no se regala un bien propiedad del mismo.

Para lograr el objetivo, el gobierno británico acudió a un par de expertos en organización industrial Ken Binmore y  Paul Klemperer (el lector con curiosidad o intereses en organización industrial puede encontrar un recuento de su experiencia en este artículo académico).

La principal preocupación era la estructura del mercado, los titulares de las concesiones existentes  eran  muy fuertes y con propiedad cruzada entre las compañías, las limitantes técnicas del espectro sólo permitían subastar 5 concesiones y existía  la posibilidad de que estos factores fueran un desincentivo a  la entrada de nuevos participantes en el mercado. El diseño del mecanismo de subasta tenía que atender de manera muy clara estas dificultades.

Teniendo sus tres objetivos en mente y los aspectos legales, se realizaron una serie de experimentos de laboratorio para probar la eficiencia de distintos tipos de subasta. Una vez encontrado dicho mecanismo, se dividieron las cinco concesiones en dos grandes y tres pequeñas. Ningún titular podía ganar más de una concesión, ninguna empresa con participación cruzada en otras empresas podría participar si una de las mismas ya lo hacía y una de las dos concesiones grandes tendría que ser para un nuevo competidor.

Los resultados fueron magníficos una recaudación de más de 34,000 millones dólares o 2.5% del PIB, una estructura del mercado más competitiva y sin que ningún titular tuviera la posibilidad de hacer colusión o incurrir en prácticas anticompetitivas.

 

¿Por qué esto es importante en nuestra reforma?

Es simple, los objetivos son fundamentalmente los mismos, en el caso de México un poco más complicado por tratarse de televisión además de la telefonía. Adicionalmente la forma en que está planteada la reforma impone complicaciones extra para la entrada de nuevos competidores.

El sector es por naturaleza de alta concentración, es oligopólico porque para poder aprovechar las economías de escala y alcance las empresas tienden a ser muy grandes, la inversión es mucha y la métrica que se plantea en la reforma  para medir la dominancia se vuelve una restricción clara en el aprovechamiento de dichas economías de escala y alcance.

Los promotores de la reforma parecen olvidar que lo que constituye las prácticas monopólicas son las ¡prácticas!, no la escala de la empresa. Tampoco trata con claridad las cuestiones de propiedad cruzada de medios y control de otras compañías. Esta particularidad de la reforma puede causar el efecto opuesto al que se anuncia. Que la escala se vuelva una barrera de entrada, se genere menos inversión  y los titulares sean los beneficiados.

Otra lección que nos debería dejar la experiencia de Binmore y  Klemperer es la relevancia de la experimentación en el diseño de los mecanismos de subasta, ellos señalan que la falta de la misma  es una de las razones por las cuales los intentos de subasta del espectro radioeléctrico en distintas partes del mundo en la misma  época fallaron.

Una recaudación baja y efectos adversos como mayor concentración en el mercado son las ‘reacciones secundarias’ de una mala subasta. En el Caso de México la prisa con lo que parece buscar aprobarse la reforma e iniciar la licitación de las concesiones parece indicar que no se tiene en cuenta esto.  No se está teniendo cuidado, ni en el texto de la ley, ni en el diseño del mecanismo para hacer entrega de las concesiones. Los temas de organización industrial son muy técnicos y no parecen estar teniendo el cuidado necesario.

El optimismo que se ha generado con la reforma en telecomunicaciones debe tomarse con un grano de sal, aspectos de la reforma son cuando menos cuestionables y no existe claridad respecto a sus “regulaciones asimétricas”. No sería la primera vez que se promete algo que no se va cumplir, el camino al infierno está empedrado con buenas intenciones.

Contacto

Twitter: @DiegoCastaneda
e-mail: [email protected]