Michel Rojkind, de la batería a la arquitectura

Foto: Atonatiuh S. Bracho.

A sus 43 años, Michel Rojkind forma parte de la generación de arquitectos mexicanos que está transformando al país. En su carácter y en su búsqueda de espacios hay rebeldía, musicalidad y mucha alegría. 

 

Por Arturo Emilio Escobar

 

Michel Rojkind es uno de los arquitectos mexicanos más influyentes de la escena contemporánea; su éxito, empero, no ha sido una casualidad. Michel no vive en una burbuja, sueña, eso sí, pero construye su realidad a base de trabajo comprometido, de confrontar las absurdas y obsoletas imposiciones sociales, de cuestionarse otros caminos, de hacer equipo y rodearse de amigos que tienen otra visión, para así tratar de ver la vida a través de sus ojos.

Cuando fundó Rojkind Arquitectos en el año 2002, imaginaba espacios híbridos, un mundo en constante evolución, conexiones paramétricas con la innovación, así como una tajante aplicación de estrategias para generar el máximo beneficio colectivo a través de la excelencia del diseño. Su propuesta causó tal impacto que Architectural Record seleccionó al suyo como uno de los diez despachos en arquitectura de vanguardia (2005).

Del mismo modo también fue seleccionado por la prestigiada The Architectural League New York como una de sus Emerging Voices; destacan entre sus más recientes proyectos el Museo del Chocolate Nestlé, en Toluca; los Laboratorios Nestlé, en Querétaro, y la polémica renovación de la Cineteca Nacional Siglo XXI en la Ciudad de México.

En entrevista con ForbesLife, Michel Rojkind habla del significado que tiene su arquitectura y de una doctrina de vida que rompe esquemas para construir un mundo diferente. De su arquitectura se ha dicho que es un torrente que refresca todo a su paso, una fuente de bienestar que alcanza nuevos horizontes, como sucedió en el proyecto para el Museo del Chocolate, de Nestlé, donde encuentra un área de aportación que impulsa a niveles insospechados lo que en un principio imaginaba el cliente.

Con esa obra empezó el éxito de su forma de actuar, de su ser auténtico para movilizar las ideas. Lo que inició como un concurso para diseñar un túnel donde los niños pudieran ver la fábrica, terminó como el gran Museo del Chocolate, un edificio extrovertido que ha sido publicitado en todo el mundo por su originalidad.

Ser un líder de la nueva generación de arquitectos mexicanos, sinónimo de futuro e innovación, es más que un reto, porque representa estar en el otro lado del puente: ese extremo desde donde, a lo lejos, se ven los iconos de la vieja guardia.

“Antes el oficio del arquitecto era proyectar el monumento, hacer un gran edificio, lo imponente de la arquitectura, pero no importaba cuestionar sobre economía”, recuerda acerca de la época en que cursaba la universidad. “Pero hoy somos más multidisciplinarios e incluimos en nuestros equipos de trabajo a sociólogos, financieros, urbanistas… gente que nos muestra otra perspectiva para entender que existen otros modelos, que se puede generar más valor y producir cambios radicales”.

 

Doctrina de vida

Michel Rojkind, el arquitecto, es propositivo pero… ¿qué hay con Michel el ser humano? Para él no hay diferencia porque asegura –con una sonrisa– no tener un traje de arquitecto que se pone todas las mañanas. Puede pasar horas en una sesión creativa en la oficina y después ir con su hija para realizar actividades en las que inventen algo. Su pasatiempo es imaginar.

“Me gusta provocarme para saber hacia dónde avanzar, no tengo miedo de equivocarme, para nada, ni sufro los fracasos porque aprendo más de lo que me va pasando; todo me ayuda a ser mejor”. Asimismo, confiesa que sólo trabaja en los proyectos que realmente le emocionan. “Es algo que comparto con Gerardo Salinas, mi socio, y por eso les digo a los jóvenes que trabajan con nosotros: la arquitectura tarda demasiado, pero vivir el proceso debe ser excitante, divertido”.

El año pasado Michel Rojkind participó en los anuncios de la campaña Keep Walking: Caminando con Gigantes de Johnnie Walker, en la que apareció en televisión nacional como la imagen del arquitecto que persigue sus sueños. Fue un reconocimiento a su carrera, porque esta campaña se ha hecho a nivel mundial con personalidades que estructuran la sociedad.

“En el anuncio mostré mi forma de pensar en la vida, cómo pasé de músico a arquitecto, cómo seguí mi camino aunque algunos profesores me dijeran: ‘No me quites el tiempo, eres el baterista de Aleks Syntek, pero no te veo como arquitecto”’.

Finalmente sí hubo impacto a nivel nacional, porque antes lo reconocían en la calle y le decían: “Tú eres el músico que está haciendo arquitectura”; hoy le comentan: “Tú eres el arquitecto de esas nuevas obras, qué gran mérito”.

Además de Rojkind Arquitectos, Michel también forma parte de otra firma: AGENT. Strategic Intelligence Embassy, de diseño industrial, en la cual trabaja en sociedad con Alberto Villarreal. Al conjuntar su talento lograron ganar el famoso Red Dot Design Award (2010), y recientemente se hicieron acreedores del Premio Braun por el diseño del balón de fútbol Ctrus C1.

La revista Wallpaper también reconoce su aportación internacional, por eso lo nombró uno de los 150 creativos que ha influenciado el mundo en los últimos 15 años. “Me gusta el reconocimiento, se sienten bien las palmaditas en la espalda, pero lo importante es confirmar que vamos por buen camino, que no estamos tan locos”.

Para Michel todo va sumando, cosecha las oportunidades que se le presentan. Además, vive la ciudad en todo sentido, ya sea viajando en Metro rumbo a la Cineteca, tomando el Metrobús y hasta paseando en Eco-bici.

Como creativo reconoce una fuerte motivación en el contacto con la gente, esas sensaciones que genera una ciudad a partir de un colectivo. Además, no se considera una persona con miedos. “Si buscamos un término muy mexicano soy rifado y entrón, porque me las ingenio hasta encontrar todas las herramientas para lograr mis objetivos”.

En su casa, o lo que considera su casa, la Ciudad de México, analiza cómo las costumbres y valores se van modificando, la interacción entre las personas.

“Me gusta observar la vida latente en medio de la ciudad, la energía que pasa alrededor de lo edificado. Con mi hija visito recurrentemente el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MuAC), y de vez en cuando la llevo el domingo a Reforma para que vea que una avenida de autos también puede ser una vía para bicicletas donde puede descubrir exposiciones”.

Otras ciudades que le atraen son Nueva York (a donde viaja para impartir conferencias con regularidad) y Los Ángeles, ya que vivió ahí cuando dio clases en SCI-Arc (Southern California Institute of Architecture).

Gracias a su negativa a usar automóvil, hoy disfruta más las opciones de movilidad que le ofrecen ciudades como México y Nueva York, porque adora poder caminarlas.

“Lo primero que hago cuando viajo es echar mis tenis en la maleta y, llegando, a la mañana siguiente, salgo a correr para ir reconociendo el lugar. No importa que tan primermundista tercermundista sea una ciudad, siempre descubro su riqueza”.

Constantemente, Michel presume muchísimo a México, siente admiración por una sociedad que ha sido entrenada mentalmente para enfrentar cualquier situación, con una gran capacidad de adaptación.

“En un país donde todo funciona no hay campo de acción, porque cuando el sistema es perfecto tienes que esperar que el Gobierno resuelva todo. En cambio en México hemos sido programados como seres humanos reactivos de alguna forma… o proactivos, si lo quieres ver así. Lo rico de México es que lo informal rebasa lo formal, tenemos todo, hay centros comerciales, pero los mercados también son una delicia. Por eso a los extranjeros les fascina nuestro país, porque hay vitalidad y nada es predecible”.

Su semblante y la franqueza de sus ojos reflejan el brillo de un ser espiritual en el que su intelecto y vida están en equilibrio con su interior. Y  más que términos religiosos, Michel ha rescatado un poco de muchas creencias.

Al hablar de trascender a Michel Rojkind le gustaría que la gente lo recordara como alguien que se divirtió mucho en la vida.

“Sobre todo que fui libre en mi actuar porque nunca compré modelos impuestos: así haces, así trabajas, así te casas y esta debe ser tu vida, ¡eso jamás! Yo construí mi propia doctrina de vida”.