No, no se puede tener gasolina barata

Despachador de una estación de gasolina. Foto: Reuters.

El gobierno anunció la libre importación de gasolina a partir de abril, mucho antes de lo previsto, y de nuevo arrancó el coro reclamando que sea ofrecida a precios de Houston… Eso no va a ocurrir.

 

Por Sergio Negrete Cárdenas

Cuando el petróleo está muy caro en los mercados internacionales y, por ende, la gasolina registra altos precios en Estados Unidos, en México nadie chista. Esto, porque las estaciones de servicio de Pemex se convertían en benefactoras sociales, otorgando un subsidio a todo consumidor del combustible.

Pero cuando el petróleo está barato, y la gasolina también en Estados Unidos, despiertan las protestas, encabezadas por los políticos de oposición (sean del partido que sean), reclamando que en el país debe ocurrir lo mismo.

Y como hace un par de días el gobierno anunció que se permitirá la libre importación de gasolinas a partir de abril, mucho antes de lo previsto, de nuevo arrancó el coro reclamando que en la Ciudad de México o Mérida la gasolina se ofrezca a precios de Houston a Chicago.

No va a suceder porque la gasolina contiene un componente importante de impuestos. Es, de hecho, uno de los elementos que ha salvado las finanzas públicas desde que inició el desplome en los precios del petróleo, a mediados de 2014. Mientras que el precio internacional bajaba, lo mismo ocurría con el subsidio. Finalmente ese regalo de dinero a los bolsillos de los mexicanos se transformó en un impuesto, que hasta el día de hoy compensa (y sólo parcialmente) la pérdida de ingreso petrolero.

¿Se quiere reducir ese impuesto? Perfecto, entonces hay que recortar en la misma dimensión el gasto público. Curiosamente, aquellos entusiastas de la gasolina a “precio Houston” omiten dar la lista de rubros en el gasto que sería necesario reducir o eliminar en consecuencia. El “precio Houston” no es una propuesta política, sino demagogia pura.

Pero hay elementos adicionales. Las refinerías en México no son tan eficientes como las de Estados Unidos, por lo que la gasolina que producen es, efectivamente, más cara. Y el transporte a México de la gasolina importada algo cuesta, lo que es un factor que también encarece el combustible.

No es sólo que el impuesto a las gasolinas compense las pérdidas fiscales petroleras, aunque con eso sería suficiente. Ocurre que son progresivos, eficientes en recaudación y verdes. Esto es que paga más el que más tiene (deseable en un país con un ingreso tan desigual como México). Contribuye mucho más, cual debe ser, quien trae su Hummer que aquel que se transporta en algo casi del mismo tamaño: un microbús. Pero ocurre, además, que la bomba de gasolina es una magnífica recaudadora de impuestos: se paga, y el impuesto respectivo prácticamente se entrega de inmediato a la Secretaría de Hacienda.

Y sucede que, aparte de todo, es un impuesto ecológico, pues obviamente una gasolina cara incentiva a usar menos el coche. Es, pues, de los mejores impuestos que pueden existir. Así que, por impopular que sea, lo cierto es que debería aumentarse, no reducirse. El gobierno no lo incrementa por evitar una mayor impopularidad.

De hecho, México no debe imitar al gobierno de Estados Unidos, sino a los europeos, cuyos impuestos a las gasolinas son una importantísima fuente de recursos gubernamentales.

Ahora que si se quieren hacer comparaciones, los mexicanos podrían demandar que el precio de la gasolina fuera, por ejemplo, igual que en Madrid. El equivalente de la gasolina Premium cotizaba ayer en España en un promedio de 1.20 euros el litro, esto es, alrededor de 24 pesos. Es una opción a considerar.


Sergio Negrete Cárdenas es Doctor en Economía. Profesor-Investigador del ITESO. Investigador Asociado del CEEY. Ex funcionario del FMI.

 

Contacto:

Correo: [email protected]

Twitter: @econokafka

Twitter: @ceeymx

Facebook: ceeymx

Página web: CEEY

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.