Pasando la estafeta al talento joven

Directivos (Foto: Reuters)

¿Cómo esperamos que nuestro talento joven siga en la organización hasta el momento de pasarle la estafeta directiva?

 

 

“La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades

para sobrevivir”

Gabriel García Márquez

 

 

Las organizaciones mexicanas enfrentan el reto de conservar al personal talentoso y eso implica también permitir que las generaciones jóvenes ocupen puestos directivos.

Tengo en mis manos la encuesta más reciente de Adecco México titulada “La competencia por el talento”. Uno de los gráficos que se muestra en las primeras páginas indica que siete de cada diez empresas declaran que hay talento profesional en México.

El dato me lleva a pensar en el futuro de nuestras empresas.

Saber que tenemos talento profesional es bueno, pero no podemos olvidar que la fuga de personal valioso es también una realidad en muchas compañías.

¿Cómo esperamos, entonces, que nuestros colaboradores más talentosos sigan en la organización hasta el momento de pasarles la estafeta directiva?

Desde mi perspectiva, las estrategias de retención de personal deben dirigirse no sólo a hacer sentir cómodo a nuestro capital humano. En realidad, debieran diseñarse con el ánimo de construir una estructura facilitadora del crecimiento de nuestra gente. Pero voy más allá, el colaborador talentoso debiera contar también con el acompañamiento de líderes efectivos.

En otras palabras, el mentoring, combinado con las condiciones favorecedoras del desarrollo integral humano —buen nivel salarial, excelente ambiente organizacional, plan de vida y carrera, entre otros—, puede ser la fórmula para provocar que los más talentosos lleguen a asumir posiciones directivas.

Regresando a la mencionada encuesta, uno de los datos que confirma esta hipótesis es que sólo el 50% de las empresas considera que sus líderes están gestionando adecuadamente el talento.

¿Qué nos hace falta para que la otra mitad de los líderes mexicanos manejen correctamente al capital humano talentoso?

Me parece sorprendente que un número tan alto de directivos siga arriesgando el recurso más valioso de sus empresas. Estoy seguro de que es el momento de revalorar al talento joven de nuestras organizaciones, con el ánimo de garantizar su permanencia y la de la propia compañía.

Como bien dice Gabriel García Márquez, la vida —y también el ciclo corporativo— es una sucesión de oportunidades para sobrevivir. ¿Estaremos construyendo ya las oportunidades de nuestros futuros directores?

 

 

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