¿Portabilidad para usuarios bancarios?

Foto: Reuters.

Las instituciones financieras hacen —y sospecho que seguirán haciendo— poco por informar con mayor profundidad sobre las características de los servicios. Sólo comenzarán a reaccionar cuando muchos de los usuarios dejen de adquirir servicios malos y caros, y se vayan por los que son profesionales y más económicos.

 

 

Por Roberto Aguirre, socio de BRIC.

 

 

No sé si a todas las personas les haya sucedido en alguna ocasión, pero vivir la experiencia de cambiar tu cuenta de un banco a otro puede ser una tarea que te lleve no sólo varias citas, sino muchos días entre que comienzas y concluyes los trámites.

Recientemente el Banco de México difundió un informe sobre Competencia en mercados financieros. Este primer acercamiento al mercado, cuyo objetivo principal es el de informar de manera general sobre las condiciones de competencia entre instituciones financieras, concluye que “no existen barreras infranqueables”.

Los bancos, por su parte, no pudieron más que compartir, aunque fuera en términos generales, los resultados del documento: reconocieron que se trata de un sector competitivo, lo que ha podido traer beneficios a los clientes de las más de 45 instituciones bancarias del país.

El ofrecimiento de los bancos, en general, de atender la necesidad de profundizar en los esfuerzos de inclusión financiera, implica, entre otras cosas, cambiar hacia una actitud de creciente competencia.

Un ejemplo que fue utilizado por Banxico fue el que se refiere a las tarjetas de crédito, para el cual se lanzó la recomendación de fomentar la competencia en dicho segmento, así como estimular la movilidad de los usuarios de una institución bancaria a otra.

¿Lo habrán intentado alguna vez?

Los bancos son instituciones que, como cualquiera otra que tenga competencia, busca no sólo ganar clientes nuevos todos los días, sino mantener a los que ya tiene.

Desde la acera de enfrente de cualquier banco, se ve diferente: debo ganar más clientes y debo defender que ninguno de los que tengo se vaya para el otro lado.

Los usuarios de la banca generalmente nos quedamos en medio, con un poco de información sobre el producto que tenemos contratado y una oferta que, casi siempre, es mejor en otro lado, de acuerdo a lo que nos dicen los ejecutivos de las oficinas bancarias.

¿Falta información o falta interés de los usuarios?

Mi apuesta es que ambas situaciones se juntan en una especie de limbo que tiene como común denominador nuestro dinero.

En el mercado de tarjetas de crédito (siguiendo con el ejemplo), encontramos una fuerte concentración entre unos cuantos emisores de plásticos, o sea, entre los bancos más grandes del sistema. ¿Qué podría hacer que un cliente cambie de institución o de tarjeta de un banco a otro? Al menos cuatro cosas:

  1. Que la tarjeta nueva resulte más económica.
  2. Que me ofrezca más servicios asociados al plástico (para quienes gustan del uso de los programas de puntos, millas, etc.).
  3. La calidad del servicio que me ofrecen ante cualquier circunstancia que no sea la normal en el uso del producto.
  4. Que los bancos eliminen las barreras para el cierre de cuentas asociadas con ese tipo de servicios.

Algunos datos pueden darnos una idea de la razón de utilizar, precisamente, las tarjetas de crédito como ejemplo: en el 2012, el crédito otorgado a través de tarjetas representó el 47% del crédito total al consumo. El número de transacciones que se realizaron durante el 2012 es superior a los 561 millones y el monto fue superior a los 455,000 millones de pesos.

¿Qué debemos hacer entonces como usuarios? Pues, es simple: conocer más sobre nuestro producto.

No conozco a nadie que esté peleado con su dinero, así que debe buscar al banco que:

  • Ofrezca mejores alternativas para su estilo de vida
  • Mejores opciones de financiamiento personal
  • Servicio y calidad de la información que ofrecen
  • La claridad de las condiciones

Pero debo agregar que las instituciones financieras hacen —y sospecho que seguirán haciendo— poco por informar con mayor profundidad sobre las características de los servicios.

Más bien creo que comenzarán a reaccionar cuando muchos de los usuarios dejen de adquirir servicios malos y caros, y se vayan por los que son profesionales y más económicos.

Nos toca preguntar, evaluar, argumentar y decidir. Si es por mi dinero, yo estoy dispuesto a dedicarle unas horas a la semana a este asunto.

Seguramente el lector coincidirá conmigo.

 

 

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