Blanca Treviño, la mujer que no quería ser millonaria - Forbes México

Blanca Treviño, la mujer que no quería ser millonaria

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Redacción online de la edición mexicana de Forbes, la revista de negocios más influyente del mundo. Un equipo de periodistas que buscan historias en el mundo empresarial.
Escrito por en enero 4, 2014
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Blanca Avelina Treviño de Vega, es el rostro de la principal  industria tecnológica mexicana. Gracias a Softtek, México irrumpió en la escena global de servicios de Tecnologías de la Información (TI), un mercado que a nivel global alcanzará un valor de 292,000 millones de dólares en 2013.

 

Por Hiroshi Takahashi

 

Después de casi arrepentirse de cursar la carrera de Sistemas Computacionales (y estar a punto de escoger la carrera de Mercadotecnia), hoy Blanca Avelina Treviño de la Vega, a sus 53 años, es la mujer que encabeza a la principal empresa mexicana de tecnología: Softtek, que dispone de casi 9,000 empleados y 30 oficinas en América Latina, Europa y Asia; así como centros de desarrollo estratégico en Monterrey, Ensenada, Ciudad de México, Aguascalientes; Sao Paulo (Brasil), La Coruña (España), Wuxi (China), La Plata (Argentina), St. Louis (Estados Unidos) y Bangalore (India).

¿Qué es Softtek? ¿Qué significa? Nada y todo, al mismo tiempo. Softtek no tiene significado, no es un acrónimo. Es, simplemente, una frase que les gustó a los fundadores y nada más. Pero, técnicamente, gracias a esta empresa México irrumpió en la escena global de servicios de Tecnologías de la Información (TI), un mercado que a nivel global alcanzará un valor de 292,000 millones de dólares (mdd) en 2013. En México, el valor de este mercado en 2012 ascendió a 18,000 mdd. Y Softtek, seguramente, se llevó una buena porción de este pastel, tomando en cuenta que 30% de esta inversión (algo así como 5,000 mdd), se destinaron al sector servicios de TI, donde se mueve la protagonista de esta historia.

Si Blanca hubiera nacido en California o en Tokio, hoy sería reconocida mundialmente por ser una de las precursoras de la industria de las soluciones tecnológicas; tan sólo por saber, desde hace más de 30 años, lo que hoy mueve al mundo. Pero no. Nació en Monterrey y su historia es mucho más conservadora que las historias que tanto nos venden desde California, específicamente desde el mismísimo Silicon Valley.

- Eres una de las mujeres más poderosas del mundo…

¡Qué padre! Les voy a decir eso a mis hijas porque no se lo acaban de creer.

Ella, ciertamente, tampoco se la cree. “Hubo una época en que nos decían que éramos una secta, porque estábamos tan convencidos de lo que podíamos hacer, y convencíamos a tanta gente, o contagiábamos, que muchas personas se unieron a Softtek”.

¿Cuánto vale la empresa? ¿Cuánto genera? ¿Cuánto dinero tendría que desembolsar un jugador para convencer a Blanca y a sus socios para que vendan Softtek? Todo eso seguirá siendo un misterio. Softtek no cotiza en la Bolsa Mexicana de Valores, su venta no está en el radar y, en cambio, intensificará su plan de adquisiciones pues en su plan estratégico está la posibilidad de sacar la chequera y comprar dos empresas más, por lo menos.

Ésta es la historia de la firma que sigue sorprendiendo por su acelerado crecimiento, su bajo perfil y gran eficiencia; contada por la mujer que hoy piensa en algo mucho más allá que los millones que podría recibir por la venta de su invención: seguir creciendo en la industria, no retirarse en el corto plazo y algún día ser abuela.

 

 ¿Nerd? no

Antes de que el mundo se sorprendiera con los aparatos que hoy lo tienen enloquecido:

“Yo salí de la universidad en 1981. Todavía no había lo que son las computadoras personales. Era una época en la que había estos aparatos que ocupaban cuartos enteros, les llamaban mainframes. Entonces, si querías desarrollar una aplicación o un programa, tenías que usar algo que se llamaban tarjetas perforadas. Y eran eso: unas tarjetitas en donde venía una instrucción”.

Sin embargo, sus antecedentes en lo que ahora podría recordarse como la era cuaternaria de la era del conocimiento tuvieron lugar unos años antes, durante un trabajo de medio tiempo en una empresa de Roberto Garza Sada, uno de los principales promotores de la industrialización de la ciudad de Monterrey. Dinámica era una de las divisiones de Grupo Alfa, el entonces monstruo del acero y el papel. Fue ahí donde le brotó la cosquilla de hacer algo grande, trascendente. Quizá, otro factor que alimentaba su deseo eran los problemas financieros que registraba Alfa, que habían provocado una lluvia de despidos. La apuesta por independizarse era, entonces, un paso natural.

Era 1985. “Estábamos chicos y podíamos soñar. Un grupo de amigos y yo queríamos tener una empresa global, que atendiera a las empresas de la parte alta de la pirámide, a los grandes corporativos. Nacimos con esa visión y con una propuesta de valor para esos clientes: apuntalar su competitividad. Éramos diez jóvenes, que nos veían como unos locos”.

Como sea, la “locura” de Blanca y sus amigos hoy se reconoce internacionalmente. Al respecto, dice que las mujeres en el mundo de la tecnología nunca podrán ser físicamente como todos esos sujetos que aparentan ser más inteligentes, descuidando su aspecto, sin peinarse, rasurarse, bañarse o cambiarse de ropa todos los días.

En su oficina, casi no tiene documentos a la vista. Parece una de esas salas de exhibición de muebles de oficina, donde todo brilla y luce acomodado a la perfección. ¿Acaso nunca viene a trabajar? Viaja mucho. Calcula que de las 52 semanas de 2012, estuvo 43 de ellas fuera de su oficina y mucho más lejos de su casa, por sus viajes al extranjero. Aparentemente, tiene una asistente extraordinaria que mantiene lo necesario sobre la mesa y todos sus apuntes en orden. No es el caos que reflejan algunas de las oficinas de los ingenieros de Silicon Valley.

Ella, después de Barbara Mair, quien fuera jefa de la extinta empresa Compaq, es la mujer más poderosa del mundo de la tecnología en México; aunque ya se abren paso otras ejecutivas de tacón alto en este negocio de hombres que parecen ratones de laboratorio. “¿Genios? ¿Sí te has dado cuenta que de esos nada más encuentras hombres? Nerds, puros hombres. Las mujeres somos prácticas. Además, más que decir que no hay mujeres, creo que no hay suficientes empresas mexicanas de tecnología”.

 

Más, más compras

Javier Allard Taboada, director general de la Asociación Mexicana de la Industria de Tecnologías de Información (AMITI), destaca que una de las principales aportaciones de las empresas de tecnología, como Softtek, es que generan empleos, ya que están basadas en una “menteobra” extensa. La segunda es la atracción de inversiones y exportación de servicios, junto con la consecuente generación de divisas.

Tradicionalmente había mercados, como India, que eran líderes absolutos, porque tienen gente muy preparada y las condiciones socioeconómicas del país les permitían competir con precios muy bajos a escala global.

Pero México irrumpió en la escena global de servicios TI. El país tiene muchísimas posibilidades de dominar, por una estrategia que acuñó Softtek: el near shore. Es el hecho de aprovechar las ventajas geográficas de ser el vecino del consumidor más grande de servicios de tecnología, Estados Unidos. Dicho de otra manera, el término off shore tiene que ver con trabajo remoto y con mano de obra más barata. Pero en 1997, Softtek comenzó a hacerle notar a sus potenciales clientes estadunidenses que estar cerca conviene más.

Para ello, Softtek requiere de profesionales que estudien y apliquen las diversas ramas de la tecnología. Según cifras de la Secretaría de Economía, en México se están graduando al año más de 100 mil ingenieros o de carreras relacionadas a las tecnologías. “Es una cantidad mayor de lo que tiene Estados Unidos o Brasil”, compara Javier Allard. “Esto nos da una fuerza de trabajo importante”.

La empresa de TI más visible en este negocio es Softtek.

Neoris, la empresa de Lorenzo Zambrano, es vista en la industria como el siguiente objetivo de Softtek, aunque ninguna de las dos empresas quiera aceptarlo. Y no es poca cosa. Se habla de una operación de 400 mdd. Dentro del ranking mundial de los mejores proveedores de servicios tercerizados, elaborado cada año por la International Association of Outsourcing Profesionals (IAOP), el brazo tecnológico de Cemex ocupa la posición 62. Softtek la 49. La número uno es Accenture, de Estados Unidos.

En pocas palabras, Softtek está en la parte de aduanas, en la ventanilla única y los trámites para que uno ingrese cierta mercancía. Si vamos al banco BBVA, detrás de todo hay aplicaciones desarrolladas por Softtek; igual está en Bimbo, o en Citigroup, o en General Electric.

En 1982, cuando se fundó Softtek, la inversión inicial ascendió a 10,000 dólares. Fernando Nava, jefe global de Comunicaciones Internas de Softtek, cuenta que en los últimos años han crecido por lo menos 20%. Informa que en algún momento registraron un crecimiento anual de 35%. En promedio, calcula que su crecimiento está entre 24 a 25% al año.

En febrero de 2012, Softtek compró Systech, una empresa experta en la implementación de soluciones de SAP. Más allá de los detalles técnicos de la operación, la firma tiene su cuartel general en San José, California. Es decir, en Silicon Valley, el paraíso de los geeks; además de un centro de desarrollo en Bangalore, India, otro semillero de genios de la tecnología.

En agosto de 2012, hizo pública la adquisición de la mexicana SCAi y VTEC Group Inc., su subsidiaria en Estados Unidos. A lo largo de más de 20 años, SCAi se ganó una sólida reputación como proveedor de soluciones tecnológicas de negocio. Como partner de SAP desde hace más de 13 años, la compañía ha llevado a cabo más de 100 proyectos exitosos en México, Estados Unidos y Europa.

“Somos una empresa de casi 9 mil personas”, dice Heriberto Murillo Tamayo, director de Finanzas de Softtek. Una acotación: se dice que tiene 300 socios, que prefieren mantenerse fuera de los reflectores. “En México, no creo que haya una empresa tan grande como nosotros, de servicios profesionales. Los bancos tendrán muchos empleados, pero como profesionistas, creo que somos los más grandes en México”, presume el CFO de Softtek.

 

¿Son entonces la principal empleadora de expertos en tecnología en México, en América Latina?

Pues si encuentras otra, avísame, para ir a platicar con ella y comprarla (bromea). Pero yo creo que sí. Queremos hacer un par de adquisiciones más que nos den tamaño.

 

El dinero no es todo

Secta: conjunto de creyentes en una doctrina particular o de fieles de una religión que es considerada como falsa. Así los críticos definían a Softtek.

“Ya ves que las sectas creen en cosas absurdas, ¿no?”, dice Blanca Avelina. “Entonces, yo me acuerdo que nos decían secta y luego soñadores, pero ésta última frase la usaban con una connotación negativa, como diciendo: ‘Se la pasan pensando en cosas que no van a alcanzar’”.

 

- ¿Cuándo te llega una jugosa oferta por tu compañía, no te mueve? El podría… podría… podría…

¿Voy a dejar de hacer lo que me gusta? ¿Lo que me apasiona? Ahorita sé que si quiero viajar en crucero, puedo hacerlo. ¿Estás de acuerdo? Lo puedo tomar y luego regresaré con más energía. Si pienso que puedo tomar el crucero porque vendí Softtek, no, te lo juro: me vas a mandar no a un crucero, sino a un retiro de viejitos. No, mira, somos varios socios y esa es una fortuna. Créeme, no soy yo siempre la única que se niega a vender. ¿Luego, qué haríamos?

Recuerda el día que unos alemanes llegaron a su oficina y le formularon una propuesta indecorosa, que –palabras más palabras menos– aquí se reproduce:

 

- Blanca, ¿te das cuenta de que ustedes serían riquísimos (si venden Softtek)?, ¿que tu serías una mujer muy rica?-, le soltó uno de ellos.

¿Y a ti quién te dijo que yo quería ser rica?, respondió de manera contundente.

Ahora, Blanca Treviño pretende convencer a los escépticos: “Sí me encanta comprar cosas. Van a decir que ésta es un alma de la caridad. No. Me encanta comprar cosas. Lo que quiero decir es que las propuestas que te hagan tienen que ser buenas para toda la gente. Softtek no es una empresa de máquinas, es de servicios”.

 

 Entonces…

Podrán presentarse propuestas jugosas. Quizá alguna nos haga sentido, que traiga tanta energía que nos encante. Pero hasta ahora hemos dicho que nos gusta más lo que tenemos. Aceptar un gran cheque y dejar de trabajar significaría ir directo al asilo, envejecer y morir.

Ya han pasado más de 30 años de aquella disyuntiva acerca de que carrera elegir, y ahora, Blanca Avelina Treviño de la Vega no quiere tasar su éxito con un signo de pesos.  “Para los hombres, el éxito viene alrededor del dinero. Las mujeres lo definimos de otra manera, bajo un grado de influencia, de trascendencia”.

 

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