Tres grandes lecciones de liderazgo de tres grandes personajes

Foto: Reuters.

Angelina Jolie, Christine Quinn (candidata a la alcaldía de NY) y Larry Page (cofundador de Google) hicieron públicos sus problemas de salud y cómo los enfrentaron. ¿Qué podemos aprender   de ello?

 

Por Susan Adams

 

En un solo día, tres líderes en sus campos revelaron graves problemas de salud que se plantearon decisiones personales difíciles y desafíos potencialmente devastadores para sus carreras. Los tres describieron cómo tomaron medidas audaces para hacer frente a sus problemas. Los tres mostraron gran coraje y liderazgo a través de su apertura, utilizando su prestigio público para llamar la atención sobre cuestiones que merecen escrutinio público.

En un editorial publicado ayer en el New York Times, la actriz Angelina Jolie, de 37 años, describió cómo es que porta el gen BRCA1 que, dijeron sus médicos, elevan a 87%  el riesgo de desarrollar cáncer de mama, y ​​un 50% de riesgo de contraer cáncer de ovario. Después de haber perdido a su madre a los 56 años, Jolie dio el paso audaz y controvertido de que le removieran los senos. Este fue un movimiento sorprendente para una mujer que ha construido su carrera en su belleza física. Describió sus cirugías con detalle, incluyendo cómo “se elimina el tejido del seno y se colocan rellenos temporales. . . Te despiertas con tubos de drenaje y expansores en los senos”. Jolie escribió que sus probabilidades de desarrollar cáncer de mama han disminuido a menos del 5%. “No me siento menos mujer”, aseguró. “Me siento confiada de que hice tome una firme decisión que de ninguna manera disminuye mi feminidad.”

También ayer, Christine Quinn, vocero del consejo de la ciudad de Nueva York y candidata a la Alcaldía, concedió una entrevista a Kate Taylor, también del New York Times, donde describió su historia de bulimia y alcoholismo. Como una adolescente que intentaba hacer frente al cáncer de mama de su madre y su posterior muerte, Quinn, en un esfuerzo por obtener algún sentido de control sobre su vida, se obligó a vomitar después de casi todas las comidas. Para aliviar el dolor, bebió y desarrolló un problema que más tarde se dio cuenta que era alcoholismo. Quinn finalmente buscó ayuda, fue a rehabilitación, recibió terapia y, finalmente, dejó de beber por completo y superó la bulimia. “Todo eso me ayudó a poner las piezas juntas de nuevo”, dijo al Times. Para un candidato que busca un puesto tan exigente e implacable como el de alcalde de Nueva York, se necesita valor para revelar lo que alguna vez fue una personalidad débil y rota.

La de Page es una historia un poco diferente, ya que sus problemas de salud, la parálisis de las cuerdas vocales y una afección llamada tiroiditis de Hashimoto, es mucho más rara que el cáncer de mama, la bulimia o el alcoholismo, y no pone su vida en peligro. Pero sus problemas de salud sí amenazaron la carrera de un CEO muy público, que tiene que hablar en público con frecuencia como el líder de una de las mayores empresas de Estados Unidos. Sus audiencias han estado preguntando desde hace algún tiempo por qué su voz era tan fina y suave. Ahora, Page ha dado un paso al frente y explicado, en un post en Google+, cómo a lo largo de 14 años se le paralizaron las cuerdas vocales en ambos lados de la garganta y se le diagnosticó un problema de tiroides. Al igual que Jolie y Quinn, Page es optimista acerca de su pronóstico, diciendo que sus cuerdas vocales se han curado y su voz es cada vez más fuerte. Ha llamado la atención pública sobre un problema de salud relativamente raro y financiado un instituto que tratará de llegar a una cura para la enfermedad.

¿Qué lecciones de liderazgo se pueden aprender de estas revelaciones?

1. Lidia con tus problemas con valor y de manera definitiva. Jolie, Quinn y Page enfrentaron sus problemas de salud y recibieron tratamiento.

2. Sé franco sobre lo que podría ser percibido como un pasado turbio o doloroso. En vez de permitir que el público y los medios de comunicación especularan sobre sus condiciones, los tres las explicaron con detalle y describieron su tratamiento. En el caso de Quinn, la bulimia y el alcoholismo han quedado muy atrás. Un observador escéptico podría sugerir ella intentó superar una posible contingencia que pudo haber surgido durante una campaña difícil. De ser cierto, sigue siendo encomiable que haya sido tan explícita sobre sus debilidades.

3. Invita a un debate público. Esta es la lección más valiosa. Jolie señala que para la mayoría de las mujeres, el costo de 3,000 dólares de hacerse la prueba para el gen del cáncer de mama es prohibitivo. Ella está incitando a un debate sobre cómo las mujeres con menos recursos pueden tener acceso a la prueba y estar más informadas acerca de sus opciones. Las revelaciones de Quinn estimulan la discusión sobre una mayor atención a los trastornos de la alimentación y el alcoholismo. Esos temas, especialmente el alcoholismo, han sido muy discutidos, pero una narrativa personal convincente siempre hace la conversación más significativa. En la edición de hoy del Times, la entrevistadora de Quinn, Kate Taylor, publicó un artículo sobre su propia lucha con la anorexia, otro trastorno de alimentación. (Taylor también ha editado un libro sobre trastornos de la alimentación, Going Hungry.)

En el pasado, las figuras públicas escondían sus enfermedades. Franklin Roosevelt, paralizado por la poliomielitis, intentó no ser visto de pie o ser empujado en una silla de ruedas de un lugar a otro. John F. Kennedy padecía un constante dolor de espalda por la enfermedad de Addison, pero lo mantuvo privado la mayor parte del tiempo.

Betty Ford fue pionera en un cambio de la divulgación pública en la década de 1970 con sus revelaciones públicas sobre su alcoholismo y su honestidad acerca de su mastectomía.

Hoy en día no nos sorprende cuando los personajes públicos hacer públicas sus enfermedades, sin embargo, también hay muchísimos personajes públicos que mantienen su enfermedad en secreto, al igual que Steve Jobs, quien murió de cáncer. Las decisiones de Jobs motivaron mucha controversia, por supuesto, ya que la suerte de una empresa pública estaba en juego.

  • martin arias cervantes

    Tres historias con un gran mensaje