Un TLC entre México y China, ¿está en chino?

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Aunque un TLC entre México y China puede ser algo no compatible en estos momentos, existen importantes oportunidades  para impulsar una profundización de la relación bilateral y comercial. 

 

 

 

Por donde se le mire, la visita de Estado del presidente chino, Xi Jinping, es claramente un esfuerzo de ambos países para retomar la relación bilateral.

Se especula mucho sobre lo que significa y sobre los anuncios que habrá, aunque lo que realmente queda claro es que existe el firme propósito de llevar la relación a otro nivel, después de un pasado lleno de disputas comerciales y otras diferencias políticas.

Es importante tener en mente que en 2050 ambos países –por el tamaño total de su economía– formarán parte del selecto grupo de las siete economías más grandes del mundo. Así que no es poca cosa el replanteamiento de una relación entre países, visto un panorama de tal futuro y magnitud. ¿Realmente un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China estaría en chino? ¿Por qué?

 

El Dragón y la Serpiente Emplumada

Veamos algunas cifras sobre el comercio entre México y China. Sólo detrás de Estados Unidos, el país asiático se ha convertido en el segundo socio comercial de México, con un monto total de comercio entre los dos países que ronda los 63,000 millones de dólares.

Aunque las exportaciones mexicanas constituyen sólo 5, 700 millones de dólares, es importante destacar que tan solo hace diez años China no figuraba dentro de los 15 principales receptores de productos mexicanos y hoy se ha convertido en el tercer destino de nuestros insumos.

En cuanto al saldo de la balanza comercial, éste favorece ampliamente a China, con un saldo deficitario para México de alrededor de 57,000 millones de dólares.

 

Las complejidades

Justamente este saldo y una relación comercial plagada de disputas comerciales respecto a dumping, comercio desleal, mala calidad de los productos y otros temas asociados, han opacado la relación.

También, por decirlo de alguna manera, se ha creado una cierta animadversión respecto al comercio con el gigante asiático. Por una parte, hay que considerar que alrededor de 75% de las importaciones que realiza México de China son productos que serán posteriormente manufacturados en nuestro país y después re-exportados a otros países con la consecuente generación de empleos y valor agregado.

También es cierto que, en una gama importante de productos, China es nuestro principal competidor en nuestro principal mercado de exportación, Estados Unidos.

Por último, una complejidad no menos importante tiene que ver con el hecho de que México sigue una tradición de resolver sus disputas comerciales en organismos multilaterales, mientras que China sigue una tradición histórica de resolverlos en forma bilateral.

Con bastante menos complejidad, China ha establecido una importante relación comercial con otros países de América Latina, como Brasil, Perú, Chile y Argentina, donde se ha posicionado como el principal socio comercial, con un monto que ronda los 200,000 millones de dólares anuales.

En realidad, estos países exportan commodities e importan productos manufacturados de bajo valor agregado. Mucho del milagro brasileiro no ha sido otra cosa que el resultado del boom de la venta de commodities a China: un negocio redondo, pero de poco valor agregado.

México tiene un potencial exportador de commodities muy distinto: por una parte, limita que se replique un caso como el de Brasil pero, por otro, curiosamente amplía el panorama para el futuro. Hoy exportamos nuestra principal materia prima, el petróleo, casi en su totalidad a Estados Unidos, e importamos de China otros productos intermedios y de bajo valor agregado. Las exportaciones mexicanas, si bien crecen, vienen de una base muy pequeña todavía. De allí el gran déficit comercial con la nación asiática. Por todo lo anterior, un TLC entre ambos países está en chino.

 

Un posible as bajo la manga: el petróleo

Si bien un TLC puede ser algo no necesariamente compatible en estos momentos, existen importantes oportunidades que pueden ser aprovechadas para impulsar una profundización de la relación bilateral y la relación comercial. Es decir, no hay nada escrito bajo el sol.

De acuerdo a la Agencia Internacional de Energía (AIE), el aprovechamiento de recursos no convencionales a partir del uso de nuevas tecnologías estará dotando a nuestro vecino país del norte de una autosuficiencia energética que alterará los destinos de exportación de los principales productores.

Es decir, es probable que nuestro principal cliente de petróleo deje de serlo. En ese contexto, ¿a dónde irán las exportaciones mexicanas? Más aún, el incremento en la producción de hidrocarburos también en México, asociado a una reforma energética que maximice el aprovechamiento en aguas profundas, el shale gas y el shale oil, requerirá necesariamente un destino alternativo para las exportaciones de hidrocarburos mexicanos. Entre los nuevos clientes, sin duda, pudiera estar China.

Con una oferta mayor de petróleo disponible, una cada vez mayor integración de cadenas de producción dentro de Norteamérica, y costos crecientes en China, ¿un TLC con el Dragón seguirá en chino? ¿Será algo que México, la quinta economía del mundo, debiera considerar para el camino hacia el 2050?

 

 

 

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