Alguna vez el mítico roquero argentino Charly García, en el pináculo de su carrera, dijo no necesitar de la fama, el dinero y la fortuna para ser feliz, sino que le bastaba con tener un lápiz, una Coca-Cola y un sándwich. Hay imprescindibles para el ser humano: un disco, un libro y una película.  

 

1.- Atoms for Peace-AMOK (XL, 2013)

En el documental Meeting People is Easy (1998), Thom Yorke, frontman de los ahora celebérrimos Radiohead, se deja ver como una personalidad difícil, a la que le costaría mucho trabajo lidiar con las consecuencias de ser autor de una obra discográfica tan importante como lo sigue siendo hoy en día el Ok Computer (1997). No hay nada que se le parezca, el tiempo le dio la razón a los de Oxford y de paso convirtió a Yorke en uno de los personajes culturales más excéntricos y enigmáticos del mundo.

Pero el tiempo ha pasado, y los integrantes de Radiohead crecieron junto con sus fans, la innovación, calidad y talento siguen estando ahí, pero la vanguardia ha bajado su ritmo. Thom Yorke se embarcó en un trabajo solista y diversas colaboraciones, Jonny Greenwood cada vez se mete más con la música para películas, casi todos son padres, activistas. En pocas palabras, han madurado.

En este contexto surge Atoms for Peace, una suerte de “súpergrupo” compuesto por Thom Yorke, su productor de cabecera Nigel Godrich y el no menos legendario Flea, de los Red Hot Chili Peppers al bajo,  más un par de músicos de sesión.

El proyecto tenía expectante a un nutrido público desde 2009 y por fin ve la luz este año, con un resultado en la línea de los últimos tres trabajos de Radiohead, pero con sus evidentes variantes. El sonido del opus de este proyecto alterno se parece más al trabajo previo como solista de York, The Eraser (2006), que a los discos de la banda inglesa. Sin embargo, el sello característico está ahí: el cantante menudo y peculiar canta con un sentimiento y dramatismo desbordados, sus letras están llenas de una sensibilidad especial para captar el espíritu de este siglo.

En AMOK escuchamos esas capas y bases electrónicas que abrevan de la electrónica inteligente y del catálogo del afamado sello Warp, que tanto agrada a Yorke. Eso quizás le parezca soso y repetitivo a muchos. Sin embargo, el bajo de Flea entra al relevo para que las nueve piezas que conformen AMOK suenen amarradas e interesantes.

Un disco sosegado, acompasado y emotivo. Todos los elementos están ahí y la comparación con lo ya antes comandado por Yorke es inevitable. Pero a lo lejos, pasados los años, este disco estará ahí, como un llamado sutil y dulce que clama por un oído y un corazón que pongan la atención suficiente como para revalorar este trabajo de buena factura, que desluce un poco por el envejecimiento digno de un estilo, pero que no por ello implica un trabajo olvidable.

 

2.- Poesía-Michel Houellebecq (Anagrama, 2013)

Uno de los franceses que provoca la misma cantidad de elogios que de diatribas. Quien conozca el trabajo de Michel Houllebecq sabrá que es uno de los escritores más destacados de nuestro tiempo, ácido y sumamente crudo en su ángulo de ver este mundo. Controversial, articulado y sombrío, el autor de Las Partículas Elementales (1998) y El Mapa y el Territorio (2010) se ha destacado tanto por sus ideas y opiniones públicas, como por su estilo y discurso literario.

Es por eso que Poesía (Anagrama, 2013) es un éxito literario que llama la atención entre quienes le siguen la pista al también ensayista galo, ya que si bien tiene figuras profundas y llenas de imágenes complejas en su narrativa, lo cierto es que las piezas que contiene Poesía son algo peculiares. No es poesía rigurosa, a primera vista parecieran cuadernos de anotaciones de lo que después se convierte en una historia de largo ambiente. Se percibe su sello prosístico.

Aquí lo interesante, y recomendable, es ver cómo funcionan esos poemas de forma suelta. El grado de observación de una personalidad tan intrigante y polémica como la de Michel, a través de su poesía, devela cosas que ahora se nos revelan de forma más clara: su desdén por la especie, su ideología política extrema y su crudeza sin ambages. Pero por otro lado también vemos con mayor nitidez esa sutileza en algunas imágenes, ese atisbo de luz que imprime en determinadas líneas, a veces casi imperceptibles, como si quisieran ser invisibles. Es ahí donde radica la valía del trabajo poético de este autor. Uno aprecia de vez en cuando echar un vistazo a los trucos de un buen mago.

Como es normal que suceda, el trabajo de traducción de un trabajo poético no es tarea sencilla y por lo general pierde un poco (a veces mucho) el sentido primigenio, pero hay algo esencial que vale mucho la pena.

Un ejemplo:

La gente se va, las personas se dejan
Quieren vivir un poco demasiado deprisa
Me siento viejo, mi cuerpo es pesado
No hay cosa como el amor.

Así escribe Houllebecq.

 

3.- Oz, El Poderoso (Sam Raimi, 2013)

Lo confieso: dudo mucho de los taquillazos, por lo general es una alarma de algo que no me gustará del todo. El éxito desmedido en masa aleja un poco mi gusto por algo. A final de cuentas es un prejuicio, lo sé. El problema de que a uno le guste una cosa y no otra conlleva una eterna discusión a la que está supeditada una cantidad impresionante de argumentos, desde nuestras afinidades estéticas, tendencias psicológicas, identificaciones culturales, hasta el clima o nuestras inclinaciones ideológicas, entre mil cosas más.

Todo esto para recomendar que vayan a ver Oz, El Poderoso. Pero vayan sin expectativas, sin ganas de guerra. Sólo así va a funcionar el chiste, de verdad. La precuela de El Mago de Oz bajo la dirección de Sam Raimi es un deleite visual con una historia que no se logra del todo, que se siente con calzador, pero que tiene elementos que la hacen especial.

Para ser una producción de Disney es algo peculiar, ya que hay connotaciones sexuales insertadas de forma muy extraña, chistes de rutina pastelera que funcionan por la forma, y con una estética y nostalgia que es el quid principal del filme. El homenaje al poderío de la legendaria historia de Dorothy y compañía está bien logrado a pesar de sus limitantes de origen. De alguna manera, el director sabía del tamaño de tarea que se echaba a cuestas y tuvo que optar por exagerarla o ser muy solemne con la historia. El resultado es algo ligeramente bizarro, estimulante visualmente hablando, y con un humor un tanto extraño.

Ricardo Pineda

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