WSJ, ¿el diario más influyente del mundo?

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El riesgo de convertir eufemismos en ideologías va más allá del estilo periodístico. Reza un dicho: ‘en un conflicto armado la primer víctima es la verdad’

 

 

Parece ser que el Wall Street Journal es el diario más influyente del mundo. En pleno festejo de la independencia de los Estados Unidos, el 4 de julio publicó un editorial titulado After the Cup in Cairo donde sentenciaba:

 Los Egipcios tendrán suerte si sus nuevos gobernantes resultan ser del mismo molde de Augusto Pinochet, quien tomó el poder en medio del caos en Chile, pero contrató a reformadores de libre mercado que ayudaron a dar a luz una transición a la democracia. Si el General Sisi sólo intenta restaurar el viejo orden de Mubarak, eventualmente sufrirá la suerte de Morsi.

Cuatro días después en plena la víspera del Ramadán, el mes sagrado del Islam, el ejército egipcio masacró a un grupo de ciudadanos desarmados que apoyaban al depuesto presidente de aquel país, Mohamed Morsi. Sí, tal como sugiriera el WSJ, los militares egipcios están siguiendo los pasos del dictador Chileno, que el 11 de septiembre de 1973 dio un golpe de Estado contra el presidente democrático Salvador Allende, quien murió esa misma jornada y en los subsiguientes días le siguieron más de 300 personas.

En Egipto el cierre de diversos medios de comunicación que simpatizaban con el depuesto jefe de Estado y su “partido” los Hermanos Musulmanes, tales como la cadena qatarí Al Jazeera, recuerdan (aunque con menos violencia) aquel emotivo discurso de Allende (el último de su vida) donde anunciaba que la fuerza aérea había bombardeado las torres de las radiodifusoras.

Reza un adagio periodístico que “en un conflicto armado la primer víctima es la verdad” y eso se logra acallando a los opositores.

Hace 40 años el golpe contó con el apoyo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA por sus siglas en inglés). Luego vendrían una serie de masacres y desapariciones de simpatizantes del régimen socialista de Allende y de cualquiera que estuviera en contra de los militares. Así tras dos años de brutalidad y de violaciones sistemáticas de derechos humanos el Departamento de Estado y la CIA fueron incapaces de encubrir lo evidente y sólo entonces los EU decidieron cortar el apoyo económico a la junta militar.

En la actualidad la ley de los EU es clara al señalar que se retirará cualquier apoyo económico a gobiernos golpista y Egipto es el segundo país –después de Israel– que más ayudas recibe de EU, es por ello que el gobierno del país más poderoso del planeta se ha negado a definir lo sucedido en el medio oriente como un golpe de Estado. Olvídense del petróleo eso es conspiranoia fácil, Egipto no extrae ni el 1% del hidrocarburo a nivel mundial, pero por el Canal de Suez se mueve el 8% del tráfico marítimo mundial.

Desde hace un par de años existen una serie de artículos académicos que teorizan sobre la posibilidad de que existan golpes de Estado “democráticos” o menos dañinos, dicho fenómeno inicia en la década de 1990 y ha tenido constantes a la fecha, toda vez que los militares depusieron a un gobierno que el pueblo o el status quo (como en el caso Hondureño en 2009) rechazaban para imponer un gobierno de transición que organizara nuevas elecciones. Por fortuna, en Egipto ya se conforma un gobierno civil y es posible que “pronto” se llame a elecciones, eso sí, siempre con la espada de Damocles encima suyo.

El riesgo de esas teorías es elevar el eufemismo al rango de ideología. Así los guerrilleros le llaman expropiaciones a los asaltos; los terroristas ejecuciones a los asesinatos; el crimen organizado levantones a los secuestros; los economistas desaceleración a la crisis; la derecha habla de golpes de estado democráticos y el WSJ sentencia que un militar golpista y asesino como Pinochet sería una bendición neoliberal para los Egipcios. La sugerencia resulta un insulto, no solo para los chilenos sino para cientos de familias en Sudamérica que sufren, hasta la fecha, la ausencia de las desapariciones forzadas, asesinatos y secuestro de niños, producto de la Operación Cóndor. Para ellos no hay eufemismo alguno que funcione, lo que propone el WSJ es la barbarie.

 

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