La película es una revisión de uno de los pasajes más vergonzosos de la historia norteamericana y el acercamiento de McQueen.

 

Si algo podemos decir de 12 años esclavo (12 Years a Slave, 2013), la nueva película de Steve McQueen, es que ésta es una continuación de los temas tratados por el director británico en sus primeras dos películas. En Hunger (2008), el destino de Bobby Sands estaba “esclavizado” a sus ideas políticas; por su parte, el protagonista de Shame (2011) era subyugado por su incontrolable adicción al sexo; para su nuevo trabajo, Solomon Northup (Chiwetel Ejiofor) es prisionero de la injusticia del hombre.

No es difícil descubrir por qué 12 años esclavo encontró una abrigadora respuesta de la crítica y de la Academia en Estados Unidos. La película es una revisión de uno de los pasajes más vergonzosos de la historia norteamericana y el acercamiento de McQueen –junto al guionista, John Ridley (Tres reyes)– es casi académico, incluso didáctico.

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Inspirada por el libro homónimo, escrito por el mismo Solomon Northup, la cinta narra la vida de éste desde que era un afroamericano libre en Nueva York, donde era apreciado por su habilidad con el violín, su transformación en esclavo causada por una vil traición y su posterior vida como tal. Ése es el lienzo usado por McQueen para plasmar la transformación de su personaje.

En cada paso de su viaje, Solomon cambiará, dejará de ser un artista orgulloso hasta ser un hombre dócil, uno que pide perdón por su aspecto aun cuando no debería o agacha la cabeza cuando otro tiene la soga al cuello. Una mutación gradual e imperceptible que, sin embargo, no controla completamente a Solomon. Aunque esporádico, su espíritu de lucha sigue ahí, como lo estaba el de muchos otros esclavos, esperando el momento adecuado para librarse del yugo. Su conversión a activista, lo confirma.

Por eso el cineasta británico utiliza a Patsey (Lupita Nyong’o), otra esclava, como contraste. Ella es diligente en su trabajo y permisiva sexualmente con su malvado dueño (Michael Fassbender), incluso es mejor que todos los demás esclavos recolectando, por ello tiene un deseo irreprimible por morir. Seguir con vida es permitir que la injusticia continue.

Los personajes secundarios, casi esquemáticos, apuntalan estos puntos. Solomon cruza caminos con el esclavo rebelde que es castigado, el terrateniente de buenas intenciones pero necesitado de la carne de cañón, una afroamericano viviendo como blanca gracias a favores sexuales, el despiadado traficante de esclavos, etc. Todos tienen un rol en el juego didáctico/monográfico planteado por McQueen.

Para algunos la violencia podría parecer innecesaria –la mujer en la butaca de al lado, se pasó la noche gimiendo y llorando por el protagonista–, sin embargo para el tema en cuestión podríamos decir que McQueen no se regodea en ella, al menos no a la Tarantino en Django sin cadenas (Django Unchained, 2012). Su objetivo es hablar de la esclavitud, poner el tema sobre la mesa. Incluso, dejando a un lado su faceta más artística y exquisita dando paso a lo convencional.

El RMFF

Ayer se reveló la programación de la cuarta edición del Riviera Maya Film Festival (RMFF) y pinta bastante bien. Entre las destacadas se encuentran Nymphomaniac vol. 1 & 2 de Lars von Trier; Locke, Steven Knight; Blind Detective,Johnnie To; Holy Field Holy War, Lech Kowalski; Gerontophilia, Bruce LaBruce; Oldboy, Spike Lee; Shield of Straw, Takashi Miike; The Double, Richard Ayoade; A Touch of Sin, Jia Zhangke; Closed Curtain, Jafar Panahi y Kambozia Partovi; R100, Hitoshi Matsumoto; Under the Skin, Jonathan Glazer; Why Don’t You Play in Hell?, Shion Sono; entre muchas otras. La cita es del 9 de marzo al 15 del mismo mes.

Por si se animan a pasar una semana de cine, playa y cocos, aquí pueden checar el programa completo: http://bit.ly/1hzicMk

 

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