La memoria histórica es una acción que preserva la identidad y la continuidad de un pueblo, es no olvidar lo aprendido, muchas veces con sangre, es el camino para no repetir errores pasados. García Bilbao.

 

 

A 45 años de los terribles hechos de Tlatelolco, la memoria histórica del suceso ya se perdió, gracias a las banalidades coyunturales de la izquierda. Las últimas celebraciones, por lo menos desde el 2008, han terminado con actos vandálicos por parte de bandas de jóvenes autodenominados “anarquistas”.

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Hoy vemos que esta celebración se ha convertido en una  simple marcha, tradición de la izquierda infiltrada por un sinnúmero de asociaciones y demás grupos que, sin forma ni fondo, buscan representativamente mostrar su rechazo al sistema, sin ninguna ideología, solamente por el hecho de quejarse en contra del gobierno. La mayoría de los que participan, incluyendo a esos jóvenes que roban, dañan y agreden a las autoridades, para empezar no tienen idea de los verdaderos sucesos de esa época, no conocen las razones, las motivaciones y, seguro, ni siquiera han leído algunos de los libros que narran las diferentes situaciones que prevalecían en esa época.

Ayer, en entrevista uno de los líderes más emblemáticos del movimiento, Gilberto Guevara Niebla hacía una serie de reflexiones sobre el movimiento y afirmaba: “hoy en día, esta fecha se utiliza para mover una serie de banderas políticas ajenas al sentido luctuoso”. También se refirió al hecho que, curiosamente, esos jóvenes que hoy se manifiestan en las calles  hacen destrozos sin ton ni son con las caras cubiertas y que se atreven hasta a agredir a la policía; gozan de esa libertad gracias al movimiento del 68 y a la sangre de cientos de jóvenes que murieron esa tarde del 2 de octubre.

Es un hecho real que, gracias a esa sangre derramada, hoy nuestra sociedad tiene y vive un sistema político-social de libertad que en aquella época no se tenía y que no se está valorando. Después del 68, durante estos 45 años, México solamente ha tenido un evento de igual gravedad que fue el 10 de junio del 70; de ahí en adelante, por más que quieran comparar los hechos de Atenco a estos dos difíciles momentos de nuestra historia, nada tiene que ver con la magnitud de antaño.

Curiosamente, el movimiento del 68 no era un movimiento de izquierda; a raíz de los sucesos de Tlatelolco, se unificaron las corrientes en torno al movimiento y de ahí lo tomaron como bandera. Contra el tiempo, la misma izquierda y sus integrantes que usaron las celebraciones como peldaños de la escalera que los ha llevado a participar de manera activa en la política nacional, fueron olvidando la razón de la conmemoración, dejando a las bases extremistas adueñarse de la misma.

En ese momento, la memoria histórica se perdió, la historia se desvirtuó y hoy es únicamente un pretexto para quejarse. El movimiento, en su momento, construyó las libertades que hoy tenemos; hoy, las escenas que vemos de la supuesta conmemoración no tienen ni fondo, ni forma, ni ideología; vamos, no tienen razón de ser. La izquierda, durante mucho tiempo, uso la bandera histórica y se hizo cargo de la memoria histórica de los hechos. Sin embargo, ya la desgastó y la abandonó, logrando que se olvidara el 2 de octubre, no se olvida.

 

 

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