“Si el empresario permanece fiel a la lógica de su negocio y a la naturaleza de sus operaciones, la frivolidad y la estupidez de la competencia trabajarán a su favor.”

 

La semana pasada, un curioso evento del Daily Journal, un pequeñísimo diario de Los Ángeles, congregó a más de 250 inversionistas para escuchar a un hombre de noventa años dar unos cuantos consejos. El evento gana interés y relevancia si les digo que el conferenciante era Charles T. Munger, el hombre que ha sido la mano derecha y mejor cómplice de aventuras de Warren Buffett desde 1977. Durante más de dos horas, con un tono de complicidad, y muy divertido, se dedicó a confesar los secretos del éxito de su legendario jefe.

Arremetió contra las ganancias especulativas, dio su opinión sobre China, sobre la recuperación de la economía estadounidense y por último se centró en el uso del sentido común como base para administrar y dirigir negocios. Habló de la sensibilidad que se requiere para conseguir el tan anhelado éxito empresarial. Se centró en la forma en que empresarios e inversionistas pueden alcanzar el máximo de su potencial y sorprendió a la audiencia revelando su método de dos preguntas.

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Munger dice: “Si el empresario permanece fiel a la lógica de su negocio y a la naturaleza de sus operaciones, la frivolidad y la estupidez de la competencia trabajarán a su favor. Nosotros sólo debemos permanecer fieles a la idea que nos llevó a hacer un negocio, y a partir de ello hacerla funcionar mejor a un menor costo.”

Contó que después de 50 años de trabajar juntos, Buffett le pidió como regalo de aniversario que resumiera la fórmula del éxito. Munger lo tuvo que hacer de la siguiente manera: contestar dos preguntas, ¿qué hizo funcionar el negocio? y ¿qué lo hará continuar?

“El planteamiento de estas dos preguntas resulta interesante, ya que mi jefe es una persona realmente próspera. No termino de sorprenderme cómo hicimos para resucitar empresas textiles que estaban quebradas, tiendas departamentales que ya no vendían casi nada y llevarlas a la bolsa de valores y transformarlas en monstruos de 337 billones de dólares”, decía entre carcajadas. “No fue fácil, pero permanecimos leales al negocio y lo hicimos operar eficientemente.”

Lo que Munger dijo tener fue una ventaja temperamental, es decir, Buffett y él confiaban en su primer instinto y analizaban. Separaban cuidadosamente aquello que sabían hacer y lo que no. Se olvidaban de lo segundo, lo delegaban en manos expertas, y ellos dirigían todos sus esfuerzos a hacer lo que sí sabían. Esto vale más que tener puntos extra de coeficiente intelectual.”

El problema, lo que nos aleja del éxito, según Munger, es esa tendencia crónica que tienen los empresarios de sobrepasar sus límites. Quieren abarcar tanto, conquistar tanto, que terminan tropezándose. Es parte de la naturaleza humana, es verdad, pero es algo que debemos controlar.

La receta de Munger y Buffet puede traducirse en la sencilla fórmula que permite poner atención a las ventanas de oportunidad que se abren y, una vez localizadas, tener la calma de analizar. Pensar si el hallazgo nos acerca o aleja de la meta que nos fijamos, si aumenta el riesgo o complementa la actividad.

Si las oportunidades de empezar o expandir un negocio van de acuerdo con las primeras expectativas, van en concordancia con la actividad prioritaria, entonces se avanza. En seguida se busca hacerla efectiva, y ésa es la fórmula de oro para generar rentabilidad. Los ingredientes como la paciencia y la perseverancia son elementos secundarios que se deben aplicar después. “También rodearse de gente competente e inteligente, pero primero lo primero.”

Después de dar consejos por dos horas a varios inversionistas, dice que si alguien es capaz de contestarse esas dos preguntas, está en el camino adecuado. “Ahora, querido inversionista, lo importante es saber si tú puedes contestarlas”, dijo para finalizar la conferencia.

Me parece que el consejo tiene lógica y aplicación.

 

 

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