Al finalizar el año 2014, sólo una luz brillaba en el sombrío panorama económico mundial y era la economía de Estados Unidos. Hasta el momento, el panorama no ha cambiado, ya que el resto de las economías que impulsan el crecimiento global se encuentran prácticamente detenidos.

 

Por Paola Palma

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Los informes más recientes sobre el panora­ma económico mundial, tanto del Fondo Monetario Internacional (FMI) como de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), indicaron que la economía mundial cerró 2014 con un crecimiento de 3.3%.

En enero de 2015, el FMI revisó a la baja su pronóstico sobre el creci­miento mundial, situándolo en 3.5%, un nivel 0.3% menor al proyectado previamente en octubre de 2014. ¿A qué se debe este menor crecimiento? ¿Qué factores de riesgo enfrenta la economía mundial?

Los datos más recientes confir­man la fortaleza de la economía de Estados Unidos. Durante el tercer trimestre de 2014, el crecimiento de la economía estadounidense fue de 3.75%, un aumento sorpresivo deri­vado de un consumo personal más dinámico, exportaciones crecientes, la recuperación la inversión y un mayor gasto de gobierno.

El desempeño positivo en el nivel de empleo estadounidense, que poco a poco regresa a los niveles previos a la crisis de 2008, da esperanza sobre una recuperación sólida. Este au­mento en el empleo ha generado una recuperación en el consumo interno de los hogares en ese país.

Al mismo tiempo, el ciclo de nego­cios estadounidense se desligó de las condiciones económicas globales, con lo que la economía del vecino país logró cerrar 2014 con un crecimien­to de 2.2%. Este nivel ayudaría a mantener una senda de crecimiento más sólido en los próximos años, de alrededor de 3.0%.

En contraste, no se ha concretado la recuperación del resto de los países que dan impulso al crecimiento mun­dial. Las economías de la zona euro continuaron estancadas ante la caída en la confianza del consumidor y de los inversionistas, elementos clave para la recuperación económica. Con ello, su crecimiento esperado en 2014 es de apenas 0.8%, con un leve repunte de 1.2% para 2015.

El fantasma de un nuevo incum­plimiento de pagos de Grecia y de su –poco probable– salida de la zona euro atrajo recientemente la atención sobre añejos problemas que la Unión Europea (UE) sigue aún sin resolver.

Todavía, la preocupación principal de la UE es evitar una nueva recesión. Para ello, el Banco Central Europeo inyectará liquidez al mercado a través de la compra de bonos por un monto de entre 500,000 y 800,000 millones de euros (mde), con el fin estimular el consumo y la inflación.

En cuanto a Japón, que a inicios de 2014 diera señales de crecimiento, volvió a estancarse.

Esto tras la aplicación de un conjunto de políticas para reducir el elevado déficit gubernamental. El gobierno japonés aplicó una alza de impuestos como medida inicial de un proceso de reformas económicas de amplio alcance, desalentando el consumo y la incipiente recuperación de la economía japonesa, la cual cerró el tercer trimestre de 2014 con una caída del PIB de 1.6%.

Con estos resultados, las econo­mías avanzadas, podrían recuperar crecimiento en 2015 a una tasa de 2.4%.

Durante 2014, las economías emergentes sufrieron los efectos de la debilidad económica internacional. China, Brasil y Rusia, otrora motores importantes del dinamismo global y regional, presentaron problemas para mantenerse en la senda de crecimiento.

China, la economía más grande del mundo, transita hacia una senda de crecimiento más estable. Cerró 2014 con un crecimiento de 7.4%, el más bajo registrado en los últimos 24 años. Y las proyecciones para 2015 no son optimistas, ubicando el creci­miento chino por debajo del 7.0%.

Durante 2014, Brasil, la mayor economía latinoamericana, registró un desempeño económico decepcio­nante. Un bajo dinamismo del con­sumo y la inversión internos, elevada inflación, déficit público creciente y desaceleración de la exportaciones provocaron que el crecimiento caye­ra de niveles cercanos a 5% en 2010 a un estimado de apenas 0.3% en 2015.

Rusia es uno de los mercados emergentes más golpeados por la desaceleración económica global, la caída en los precios del petróleo y la devaluación de su moneda.

El conflicto bélico con Ucrania afectó el desempeño de la economía rusa, agravándose con las san­ciones económicas que limitan el acceso de las firmas rusas a los mercados norteamericanos.

Este complejo contexto económico marcó el fin de la inmunidad de los mercados emergentes ante los efectos económicos globales. La única buena noticia es que, a pesar de todo, las economías emergentes seguirán superando a los países desarrollados en términos de crecimiento, con un aumento moderado de 4.3% en 2015.

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Desempeño de los mercados financieros

El año 2014 fue de extraordinaria calma en los mercados financieros, ello a pesar de la terminación del programa de compra de activos de la Reserva Federal de Estados Unidos, que inyectó liquidez a los mercados durante meses.

El balan­ce de riesgos para este 2015 con­templa ya el aumento en las tasas de interés de la Reserva Federal y sus potenciales efectos sobre muchas economías emergentes.

El incremento de las tasas de interés principalmente en países exportadores de petróleo y de materias primas podría provocar episodios de alta volatili­dad en los tipos de cambio, y al mismo tiempo afectar los flujos de inversión des­tinados a estos mercados.

En cuanto al comercio internacional, un motor del crecimiento mundial, durante 2014 el inter­cambio internacional de mercancías estuvo marcado por el débil desempeño económico global. Y se estima que registró un aumento de 3.1% en el año, ante la debilidad de las exportaciones chinas, sudamericanas y europeas.

A pesar de que este nivel de crecimiento es mayor al 2.2% registrado en el bienio 2012-2013, el nivel de comercio mundial se mantiene por debajo del registra­do en los años pre-crisis, que fue de 5.2% .

La Organización Mundial de Comercio (OMC) estima que las exportaciones de los países desarro­llados alcanzaron un aumento 2.5% en 2014 y que se recuperarán hasta un 3.8% en 2015.

Por su parte, las exportaciones de países en desarrollo habrían cerrado 2014 en niveles de 4%, para llegar a 4.5% en 2015.

El impacto de los precios petroleros

A pesar de que los precios del petróleo se mantuvieron aislados de conflictos geopolíticos como la guerra en Siria o el conflicto Rusia-Ucrania, el precio del barril comenzó a caer estrepitosamente desde septiembre de 2014.

Para enero de 2015, el precio del barril de petróleo West Texas Intermediate (WTI) se situaba en 46.39 dólares, un precio 60% menor a la cotización máxima registrada en julio de 2014 que fue de 115 dólares por barril.

Este desplome fue originado en parte por el incremento de la pro­ducción estadounidense de petróleo tipo shale, que alcanza ya 1.64 millo­nes de barriles diarios.

Con esta producción adicio­nal, la economía estadounidense cuenta con un suministro propio de petróleo del orden de 9.5 millones de barriles diarios, lo que reduce su dependencia energética respecto del exterior.

Paralelamente, la debilidad eco­nómica mundial registrada durante 2014 generó una menor demanda de petróleo, lo que acentuó la baja en los precios.

La mejor estrategia para evitar una mayor caída sería un recorte en la oferta de crudo por parte de los principales productores. Sin embar­go, dentro la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) no se ha logrado un acuerdo para reducir los actuales niveles de producción.

En aras de mantener su cuota y poder de mercado, Arabia Saudita, el mayor productor de crudo del mun­do y líder de la OPEP, ha demostrado que puede sostener su producción con precios menores a 50 dólares, poniendo en aprietos a países alta­mente dependientes de los ingresos petroleros, como Irán y Venezuela.

Con esos precios, los saudíes pre­tenden quebrar y sacar del mercado a los nuevos productores estadouni­denses de petróleo shale, cuyo nivel de rentabilidad requiere precios de entre 70 y 80 dólares por barril.

El factor crucial para el mercado del petróleo en 2015 será el creci­miento económico mundial. Si éste continúa débil, los precios podrían caer aún más o mantenerse errá­ticos. La volatilidad del precio del crudo, tiene consecuencias económi­cas y políticas desafortunadas para muchos países emergentes que son dependientes de la exportación de energéticos. Sin embargo, el petróleo barato resulta benéfico en un entor­no de crecimiento global endeble.

La buena noticia es que la econo­mía mundial puede mejorar gracias al buen desempeño de la economía estadounidense. Según el FMI, el crecimiento de este país superará el 3.0% en el bienio 2015–16, gracias a una demanda interna apuntalada por el abaratamiento del petróleo, la moderación del ajuste fiscal y el respaldo de una política monetaria acomodaticia.

Sin embargo, los riesgos no son menores. El desempeño económico desigual y desbalanceado registrado entre países y regiones, puede incidir negativamente sobre el crecimiento de la economía global.

Merecen especial atención los efectos de la desaceleración en el crecimiento chino. Por lo pronto, su reducción ya tiene efectos regionales al afectar a la baja las expectativas de crecimiento de gran parte de las economías emergentes de Asia.

Para las economías emergentes y los países en desarrollo, este 2015 plantea dificultades relacionadas con los precios de las materias primas y el petróleo, al comprometer los ingre­sos fiscales de los gobiernos. Se de­berá ser cauto y, como recomienda el FMI, buscar políticas de ajuste fiscal que brinden apoyo a la recuperación y al crecimiento a largo plazo.

 

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