En nuestro país existe una pésima alineación de pasión en la demanda laboral con la oferta laboral, lo que provoca una tremenda improductividad en el espacio empresarial. La solución no es un tema de políticas públicas, sino de esfuerzos personales sostenidos.

 

Nada es más satisfactorio, gratificante y productivo que trabajar en lo que te apasiona. Sin embargo, hoy son pocos los que pueden declarar que hacen exactamente lo que les gusta profesionalmente. La gran mayoría ha tenido que aceptar o tomar oportunidades laborales porque es lo que hay disponible, y así, su productividad, felicidad, y tal vez hasta salud, no sean las óptimas. Trabajar es un derecho de toda persona mayor de edad, pero trabajar en lo que verdaderamente te gusta se queda en un simple sueño para muchos que nunca logran hacerlo. Y esto se agrava un poco más ante la situación de que ni siquiera los estudiantes logran encontrar espacio en la carrera universitaria que desean. Así, estamos frente a una combinación a todas luces contraria a los esquemas ideales de productividad laboral y felicidad personal: carrera disponible y accesible, no lo que te apasiona + trabajo disponible, no lo que te apasiona.

Considerando esto, en un reciente discurso de graduación que me invitaron a ofrecer en una universidad de Toluca, les dije que eran afortunados en haber encontrado espacio en una carrera que era la que les apasionaba, bueno, al menos eso esperaba yo. Pero al mismo tiempo les anticipé que conseguir el trabajo de sus sueños era una tarea varias veces más difícil que el mismo hecho de graduarse. Fue entonces que les propuse una fórmula para tal misión, a la que llamé 3-3-3 Pasión Profesional, con la cual yo les anticipaba que, al menos algunos de ellos, sí podrían encontrar justo lo que les apasionaba laboralmente.

Dicha fórmula consiste en lo siguiente:

3 años persiguiendo el trabajo de tus sueños: No es fácil conseguir el trabajo de tus sueños; en ocasiones se requiere tocar muchas puertas, incluso tocar las mismas por varias veces a lo largo del tiempo. Así que les sugerí enfocarse, sin bajar la guardia, en conseguir el trabajo de sus sueños por un periodo de unos tres años, con constancia y perseverancia. Y si después de ese periodo no lo lograban, que se dieran una pausa, y retomaran la búsqueda tiempo después. Obviamente, les recomendé que mientras perseguían el trabajo de sus sueños, se mantuvieran activos haciendo algo que les permitiera fortalecer su conocimiento, experiencia y currículum para conseguir ese trabajo tan deseado.

3 años aguantando un sueldo bajo: No creas que la combinación de trabajo de mis sueños + sueldo de mis sueños es fácil de lograr, no. Habrás de esperar al menos tres años de sacrificio económico para que un buen sueldo llegue. Así, les comenté a los graduandos que tendrían que estar listos para sacrificar percepción económica por la posición laboral de sus pasiones, que estuvieran dispuestos a hacerlo al menos por tres años. Los grandes beneficios llegan después de grandes sacrificios.

3 años volviéndote especialista en la materia en tus tiempos libres: Nunca saldrás de una carrera, incluso de una maestría, lo suficientemente preparado para el trabajo de tus sueños. Así, les sugerí que le dedicaran tres años más, al graduarse, para continuarse especializando en el rol laboral que tanto anhelaban, que lo hicieran dedicando tres horas diarias a ello, ya sea en la mañana, en la noche o a la hora de la comida incluso. Les sugerí que lo hiceran aprovechando todos los recursos disponibles hoy en la web, que tomaran tantas clases virtuales como les fuera posible y que vivieran en la práctica su especialización para que fuera conocimiento aplicado en el mundo real, que es el que más sirve. Sólo dominando un tema y volviéndote autoridad podrás cobrar lo que realmente vales; de lo contrario te pagarán lo que ellos creen que tú vales. Para ello tendrás que especializarte mucho; tres años es el periodo mínimo que te recomiendo.

En nuestro país existe una pésima alineación de pasiones en la demanda laboral con la oferta laboral, lo que provoca una tremenda improductividad en el espacio empresarial. La solución no es un tema de políticas públicas, sino de esfuerzos personales sostenidos. Es tu responsabilidad buscar tu productividad y felicidad máximas. Tus jefes o tus maestros no son quienes deben buscar que tú estés en el puesto que te haga feliz ni que te permita aplicar todas tus habilidades. Así que, ya seas graduando o profesionista, comienza a aplicar esta fórmula 3-3-3, por tu bienestar y economía, la de los tuyos y del país.

 

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