Un líder que no sabe comunicar, no sabrá conciliar, ordenar, ejecutar ni conseguir el éxito. Por eso, aquí se detallan tres puntos muy concretos para posicionar una marca como referente de su nicho.

 

En la actualidad, los retos de un empresario, un líder o un tomador de decisiones corporativas van mucho más allá de elegir el camino más rentable para una empresa, ése que retribuirá con muchos ceros al final de cada facturación; además de ser una pieza fundamental en el organigrama de una firma de negocios, el CEO moderno se enfrenta a la gran oportunidad de hacer de su marca un referente en el sector y dentro de su industria.

Suena fácil, pero lograrlo puede representar muchos dolores de cabeza, ya que no siempre se tiene claro en qué consiste una apuesta tan ambiciosa como ésta. Construir una empresa líder y pionera en lo que hace es el ideal de todo presidente, director, gerente o supervisor de cualquier marca que aspire a competir en las élites corporativas.

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Aquí es justo donde el liderazgo de un CEO se pone a prueba, pues más allá de las decisiones que se toman todos los días, el capitán de una empresa está exigido a demostrar que es un visionario, un ganador y la persona más indicada para ocupar un puesto determinado. Pasión y talento lo hacen distinto, ya que son virtudes que emanan desde arriba y contagian al más escéptico. ¿Alguien quiere ser el líder del sector? Muchos pueden aspirar a serlo, pero sólo muy pocos tienen la capacidad de liderar un pensamiento con pasión.

Y el principal vehículo siempre serán las palabras. Un líder que no sabe comunicar, no sabrá conciliar, ordenar, ejecutar ni conseguir el éxito. Una estrategia clara de comunicación supone ser la base para que el mensaje que un CEO quiera dar llegue a las personas adecuadas, de la forma adecuada y obtenga los resultados adecuados. Sin comunicación, simplemente no se puede.

Es por eso que a continuación se detallan tres puntos muy concretos para posicionar una marca como referente de su nicho. Entender que se trata de algo más completo y complejo que un círculo de negocios es el primero paso que un CEO debe dar, pues tanto la tecnología como las plataformas 3.0 exigen estrategias globales, donde ser una marca de calidad ya no es suficiente; hoy se trata de ser un punto de referencia.

 

1.     Calidad

Así sean productos o servicios, es básico que lo que ofrece una marca sea de la mejor calidad. Incluso, más allá de los costos de operación o las cifras de facturación, en tanto los procesos de una empresa sean de la más óptima calidad, los beneficios serán mayores. Y este punto no se limita a los puntos de venta, pues también obedece a la concepción de un líder sobre lo que quiere transmitir a sus empleados.

Es importante considerar que la calidad de una empresa no sólo está en lo que ofrece, sino en cómo lo ofrece y cómo lo construye. Una empresa pionera es aquella donde todos ganan y todos regresan. Permear a los empleados de una vocación de calidad es otro de los grandes retos de los líderes modernos, y los beneficios son inmediatos e invaluables.

 

2.     Ética

En el mundo de los negocios, un líder que miente no llegará muy lejos. Y en este sentido, la noción de ética aplica exactamente igual que para la vida ordinaria, pues se trata de que lo que hace un líder o una empresa sea universalizable, es decir, que todos aspiren a seguir este modelo, a copiar estas decisiones y a perfeccionar esta estrategia.

Todo aquel CEO que aspire a ser el capitán que lleve a una empresa a ser la mejor en lo que hace debe apelar a la ética, a la honestidad y a la construcción de un modelo de negocio rentable en tanto es ético. No se trata de lucrar con la moral, se trata de construir con honestidad.

 

3.     Responsabilidad social

Éste es quizá el mayor reto al que se enfrente un CEO en esta era, pues, además de posicionar a una empresa como pionera en su nicho de mercado, educar a una plantilla y a sus consumidores en pro de causas sociales no es una tarea sencilla, pero lograrlo supone ser el último engrane de la producción para ser catalogada una súper marca, ya que sus ciclos estarán completos.

El primer paso para concientizar a los actores involucrados en construir una empresa socialmente responsable es hacerles ver que no se trata de una estrategia mercantil –al menos no como propósito, sino como consecuencia– Al contrario. Luego de apostarle a una filosofía ética, construir una marca con responsabilidad social tiene como objeto sumarse al contexto de los propios consumidores para, también, satisfacer sus necesidades de carácter sociológico.

Y en este sentido, ser una empresa con responsabilidad social no es exclusivo de las grandes empresas, ya que todos tienen cabida en las problemáticas de una región. Sociedad civil, iniciativa privada y sociedad en general son los principales promotores de los cambios en cualquier región, entidad o país.

Si una marca se suma a esta corriente de pensamiento, lo más similar a un retorno de inversión podría ser la construcción de una reputación de empatía, de sensibilidad y hasta de humanidad. En general, los consumidores prefieren una marca comprometida con ellos y no sólo con el propio consumo; sin embargo, es importante insistir en que la responsabilidad social implica crear un nuevo paradigma sobre las bases de una empresa.

¿Y quién es el responsable de re-educar y reconfigurar el ADN de una compañía? Esta pregunta puede tener distintas vertientes; no obstante, aquel que se sienta aludido sabrá que este mismo cuestionamiento exige mucho más que conocer la respuesta.

 

 

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