Los desequilibrios y pérdida de credibilidad en la economía aumentan la vulnerabilidad ante la posibilidad de un ataque especulativo.

 

Durante el presente año, el país ha creado condiciones de vulnerabilidad que lo hacen más susceptible a los impactos de un choque externo, no sólo por haber reducido sus defensas macroeconómicas sino también por incurrir en acciones que ponen en riesgo la credibilidad de la política económica. Ante el ambiente de inminente volatilidad que se avecina, el país podría ser bastante vulnerable frente a un ataque especulativo que lo pondría en una situación crítica en materia financiera.

La historia demuestra que un país está más expuesto a ataques especulativos mientras más desequilibrios tenga en su economía y mientras menos credibilidad tenga su política económica.

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Por lo que la vulnerabilidad lo coloca como un país más fácil de derribar. México, después de tantos años de disciplina económica, anuncia por primera vez que va incurrir en desequilibrio fiscal, lo cual implica aumentar su endeudamiento y dejar de lado por algunos años la muchas veces “cacareada” disciplina fiscal.

A pesar de que su nivel de endeudamiento continuará en rangos manejables, la acción lo coloca fuera del grupo de los disciplinados ante los ojos de los mercados internacionales. En un ambiente de volatilidad lo que el país está haciendo es bajar sus defensas económicas. Si a ello le agregamos que el desequilibrio externo fue de más de 14 mil millones de dólares el año pasado y este año podría rebasar los 20 mil millones, entonces la vulnerabilidad del país ante los choques externos se ha incrementado.

Por otro lado, el país también ha aumentado su vulnerabilidad ante los movimientos de capital. En primer lugar, ante el arribo masivo de inversiones especulativas en los últimos años, el país aumentó sus niveles de deuda gubernamental en manos de extranjeros, pasando de representar un 50% de las reservas internacionales a finales del 2011 hasta poco menos de 85% en julio del presente año. En segundo lugar, el país no tomó las previsiones necesarias en términos de acumulación de reservas internacionales a niveles suficientes para poder enfrentar su salida en el momento en que los inversionistas se retiren del país. Si a la deuda gubernamental en manos extranjeras, se le suma las inversiones colocadas en el mercado bursátil, las reservas de 170 mil millones podrían ser barridas en cuestión de meses.

Asimismo, el país podría estar arriesgando la credibilidad de su política económica, tanto fiscal como monetaria. Cuesta mucho construir credibilidad y confianza, pero toma muy poco perderlas. La credibilidad se pierde por tres razones: cuando se promete más de lo que se puede cumplir, cuando no se cumple lo que se promete, o bien cuando se hace lo contrario de lo que se dijo.

En este sentido, el país parece estar incurriendo en estos tres problemas. Primero, se prometió mucho y se promovieron expectativas exageradas con respecto a los cambios estructurales, pero las propuestas de reformas se han quedado chicas para el tamaño de lo prometido. Segundo, en materia fiscal, se anunció a los cuatro vientos el compromiso de déficit cero, y a menos de un año se dice que no solo no se va a cumplir sino que además se va a hacer lo contrario: incurrir en desequilibrios en los primeros 4 años. Tercero, en materia monetaria se dijo a principios del año que el recorte de tasas –primera baja desde la recesión del 2009– no representaba el inicio de un ciclo de bajas, seis meses después se hace lo contrario, se recorta la tasa una vez más y existe la posibilidad de otra baja para antes de fin de año.

Obviamente, existe la justificación de que las condiciones han cambiado y con ello las decisiones de política. Sin embargo, el riesgo para la credibilidad en el manejo de la política económica deriva de la falta de prudencia en el momento del anuncio, ya que se promete lo que posiblemente no se pueda cumplir porque el futuro siempre es cambiante. Ante este manejo de políticas, los mercados bien podrían empezar a creer lo contrario de lo que las autoridades anuncian. Lo cual puede complicar la efectividad de la política económica.

Ciertamente el país no tiene el mismo grado de vulnerabilidad que detonó la crisis del 1995; sin embargo, el aumento en los desequilibrios aunado a una pérdida de credibilidad y descontento de los mercados son factores que podrían hacer que un ataque especulativo colocara al país al borde de un tropiezo financiero y metiera a la economía de regreso a una recesión.

 

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