Aún hay un gran camino por recorrer en materia digital: la tecnología nos rebasó. Hoy reaccionamos y corregimos; no actuamos y proponemos. Tenemos 3 retos por delante.

 

Realizando un análisis de las principales industrias a nivel mundial –tendencias, perspectivas y coyunturas– buscaba fundamentar el estado actual de éstas como factor clave para la economía. Tan sólo realizaba un proyecto que terminó siendo bastante revelador e inspiró estas ideas. Llegué a una conclusión que no era difícil intuir, pero tampoco era tan fácil verlo en la realidad: el impacto tecnológico en un mundo globalizado.

Cuántas veces he afirmado que la tecnología ha trastocado a la sociedad, al gobierno, la educación y la misma economía. Sin embargo, al encontrarme con datos del BID, del Banco Mundial, del WEF y de consultoras internacionales, concluí que aún hay un gran camino por recorrer en materia digital: la tecnología nos rebasó. Hoy reaccionamos y corregimos; no actuamos y proponemos.

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Más allá de lo tangible

El impacto tecnológico es intangible; va más allá de lo que podemos ver, operar y tocar. No se trata del último smartphone ni de tecnología en la ropa. Se trata de las industrias que mueven la economía mundial y sobre la marcha resuelven los problemas de un mundo conectado. No pensemos en las redes sociales –en cierta forma terminan siendo una banalidad–; pensemos en la problemática económica que enfrentan industrias ante el escenario digital.

Industrias completas están contraídas por (no) reaccionar a tiempo a la era digital, al nuevo consumidor y a un mundo globalizado. Pensemos en dos escenarios para entender mejor este rezago que deja a su paso la innovación.

El primer escenario, de cualquier industria, por ejemplo la bancaria, tiene que responder a un mercado en constante cambio y muy demandante. Con la aparición de internet, el sector tiene que ofrecer alternativas viables y seguras en la red, además de continuar su operación diaria aumentando su cartera de clientes. Este escenario apunta a que las empresas deben mirar a la tecnología como un sinónimo de productividad, competitividad y rentabilidad. Esto involucra un cambio sustancial que debe permear a toda la organización, sin olvidar a las entidades regulatorias mundiales y locales en materia financiera y digital. El cambio de procesos implica un cambio de pensamiento.

En un segundo escenario están las empresas de tecnología, que deben tener una oferta integral para responder a las necesidades específicas de cada industria. No sólo es ofrecer una solución; es ofrecer resultados para generar confianza. Las empresas que brindan una oferta tecnológica deben acelerar su proceso comercial para ser competitivas. La industria tecnológica tiene un abanico de posibilidades –la tangible y la intangible–, y cualquiera que ésta sea, debe ser la mejor. No olvidemos que en la propia industria existe una competencia natural por la innovación interna y externa. Existe una doble función de responder al mercado y de operar eficientemente y, por lo tanto, debe existir coherencia operativa y comercial.

 

Los retos tecnológicos en un mundo globalizado

  1. Hay una separación abismal entre las grandes potencias y los países emergentes. Internet nos conecta –dicen–, pero cuando la prioridad es el hambre, la guerra o la religión, difícilmente se acortarán las distancias económicas y digitales. Ante esa problemática, las grandes corporaciones pueden jugar un rol activo. La iniciativa privada debe ser uno de los tantos soportes de los gobiernos para conectar a la población a través de políticas públicas de clase mundial.
  2. La regulación. Todo cambio genera incertidumbre y demanda más cambios a la vez. Digital demanda una serie de regulaciones generales y particulares. Sin embargo, no hay un acuerdo común, no se revisan mejores prácticas de otros países. Un ejemplo claro es el sector telecomunicaciones, que al parecer actúa bajo todo tipo de intereses, menos el de la accesibilidad.
  3. El cambio. Aceptemos que si existe algo fijo en un mundo globalizado es el cambio. Bajo esta premisa, los estrategas mundiales deben observar el impacto tecnológico y tomar acciones sustanciales para apoyar a las industrias a responder a dicho escenario.

Los retos de cualquier industria tienen una relación directa con el mundo digital. Ante este imperativo y viendo cómo se desplomaron emporios del entretenimiento (Kodak, Blockbuster), por sólo nombrar un ejemplo, las empresas tienen que voltear a ver nuevos modelos de negocio. Observar las tendencias y escuchar al consumidor. Evaluar qué funciona y qué no. Hacer un programa eficaz de gestión del cambio, redefinir objetivos y reestructurar áreas. ¡Cambiar!

 

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