Un 42.9% de los mexicanos entre 15 y 29 años tiene carencias en educación, salud, vivienda y alimentación y sus ingresos no les alcanzan para satisfacer sus necesidades básicas. Es decir, son pobres.

En total suman unos 13.3 millones de personas. Esta cantidad equivale aproximadamente al doble de toda la población de El Salvador, país bajo el foco mediático por ser expulsor de población que emigra a Estados Unidos en caravanas buscando oportunidades de vida digna.

Así lo destaca el medidor de la pobreza en México, el Coneval, en su estudio publicado este jueves “¿Qué funciona y qué no en desarrollo laboral juvenil?”, con datos de 2016.

La mayoría de estos millennials son pobres pese a trabajar, pues el reporte indica que más de 5 de cada 10 jóvenes que viven en situación de pobreza están ocupados.

Hay múltiples causas que explican por qué el trabajo hoy sólo es garantía de no caer en pobreza extrema para este grupo de siete millones de jóvenes. Pero en el informe del Coneval, se apunta a la precariedad de los empleos.

La precariedad se materializa en salarios que no superan los 270 pesos al día, pues durante el primer trimestre de 2018, casi 7 de cada 10 jóvenes que trabajaba cobraba entre uno y tres salarios mínimos.

También, en la escasa o nula protección social, en el caso de los que cuentan con un trabajo formal. En 2016, 10.2% de los jóvenes pobres con empleo tenía acceso directo a la seguridad social. Esto, en zonas urbanas; en las rurales, el porcentaje fue del 2.9%.

Estos datos pintan un panorama en el que los jóvenes que tienen un trabajo que les permite ser pobres, tienen 89.8% de posibilidades de no tener acceso a atención médica.

Brecha de género

Las mujeres son el grupo de población de entre 15 y 29 años que menos contribuye a la actividad económica del país.

La brecha de género se nota porque hay menos mujeres trabajando, en búsqueda de un empleo o estudiando.

Los dos primeros grupos son los que integran la población económicamente activa joven (PEA), un 29.3% de los 31.1 millones de jóvenes mexicanos. En este colectivo, menos de 4 de cada 10 miembros son mujeres.

El grupo en el que las mujeres sí son mayoría es en el de la población no económicamente activa (PNEA), es decir, la que no trabaja ni busca empleo. Un 65.8% de este colectivo lo integran mujeres, de las cuales, 4 de cada 10 estudia, mientras que el resto se dedica a tareas del hogar.

En cambio, en el grupo no económicamente activo masculino, un 34.2% del total, 7 de cada 10 estudia.

Las víctimas más severas de esta brecha de género son las mujeres pobres, pues “al dedicarse en su mayoría (58.2% urbanas y 61.6% rurales) a actividades no económicas, las capacidades para superar dicha condición de marginación y carencia social son limitadas”, afirma el Coneval.

En este estudio se traduce a números el estado del empleo joven del país. El objetivo es que los gobiernos los utilicen para poner en marcha políticas públicas que hagan que México deje de ser un país de 6 (60% de jóvenes libres de pobreza) a uno de 10.

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