Lo ahora inimaginable, algún día será realidad. Así lo dicta  la ciencia ficción, que puede generar grandes beneficios, como puede ser la extensión misma de la vida.  Pero también podría pronunciar la desigualdad  social debido al costo que implicaría su aplicación  en la vida diaria.

 

Por Omar Gonzalo Mérida Ariceaga*

 

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En sus inicios, el hom­bre se asombraba con los fenómenos naturales. Con el tiempo, ese asombro se transformó en curiosidad. Esa curiosidad científica se combinó con la imaginación y la inventiva, que permi­tieron pensar en artefactos voladores y viajes al espacio. Había llegado la ciencia ficción.

La ciencia ficción no sólo ha entretenido, sino que ha servido como un semillero de desarrollos científi­cos y tecnológicos. Para ponerlo en perspectiva: en el siglo XI se inventó en China el primer sistema de imprenta, pero fue hasta el siglo XV, con los desarrollos de Gutenberg, que nació la imprenta moderna. En cambio, sólo pasaron 26 años entre el lanzamiento de la primera computadora personal comercialmente exitosa, la Macintosh 128k en 1984, y el lanzamiento del IPad en 2010.

Una de las razones de ver este avan­ce como algo común es producto de la ciencia ficción. Hoy, en el siglo XXI, se ha constatado que mucho de lo descrito en los relatos de ficción es ahora una reali­dad. La ciencia ficción, entonces, es una ventana hacia el futuro.

 

Autos autónomos

Se trata de una de las tecnologías más populares en el género de ciencia ficción. El proyecto Eureka Prometeo destinó 749 millones de euros (mde), entre 1987 y 1995, al diseño de coches autonómicos, con el fin de reducir el impacto ambiental y aumentar la seguridad de los caminos, logrando en 1995 la reingeniería de un coche capaz de conducirse a sí mismo a una velocidad de 158 kilómetros, sin intervención humana.

Al considerar los avances que ya existen en el ramo, como el control de crucero o la prestación de estacionarse de forma auto­mática, es posible proyectar que a media­dos de la próxima década se comenzarán a ver los primeros vehículos autónomos en el mercado. Se piensa que su boom ocurra entre la década 2040 y 2050, cuando sus costos se volverán más accesibles para la mayoría de la población.

 

Control por voz y screenless

Hoy ya se cuenta con importantes desa­rrollos en interfaz con dispositivos median­te reconocimiento de voz, principalmente en telefonía celular, sistemas de seguridad y computación. Pero los desarrollos en inteligencia artificial (IA) y computación cuántica harán posible que los comandos que puedan ejecutar los dispositivos se amplíen y se vuelvan más complejos. A ello se le suma la creciente conectividad en aparatos y electrodomésticos (el Internet de las cosas). Todo ello, por ejemplo, hará obsoleta una tecnología que actualmente parece fundamental: los smartphones.

Recientemente, la ciencia ficción ha brindado un vistazo hacia el futuro. La pe­lícula Her (Spike Jonze, 2013) es un buen ejemplo de lo que será la interacción con el teléfono, además de lo fácil que será su uso toda vez que, cuando esté lo suficiente­mente desarrollada en la próxima década, los usuarios descubrirán lo que siempre han sabido: que es mucho más fácil hablar que tocar y navegar por una pantalla.

El siguiente paso será, naturalmente, la eliminación de las pantallas con el desa­rrollo de tecnologías de screenless display. Sin embargo, si bien existen importantes desarrollos en holografía, ésta es propiamente una técni­ca avanzada de fotografía, existente desde 1947, y su calidad depende del ángulo del observador, lo que no la hace factible para el manejo de información o la navegación en línea.

En la actualidad son varios los esque­mas que se están investigando para el desarrollo de esta tecnología. El más pro­misorio es la proyección virtual en la reti­na. Los lentes de Google, así como el visor Glyph presentado por la startup Avegant este año, son una primera aproximación a la meta de poder contar con dispositivos que proyecten imágenes directamente en los ojos y, más adelante, directamente sobre el espacio a nuestro alrededor.

La tecnología de interfaz avanzado de voz con los dispositivos será prohibi­tiva por su precio para la mayoría de la población (como sucedió con los telé­fonos celulares al inicio); sin embargo, su industrialización a gran escala y las ventajas que ofrecerá para todo tipo de población permitirán que llegue a mayores segmentos poblacionales. Será importante que la infraestructura de las naciones y los desarrollos en banda ancha vayan a la par de estos avances.

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Energía del espacio

Viajar por el espacio es uno de los más antiguos anhelos del hombre. Actualmen­te, la humanidad está próxima a conocer los viajes comerciales al espacio, cuando en 2015 Virgin Galactic inicie formalmente su primer vuelo, que llevará a seis turistas al espacio, a un costo de 250,000 dólares, para experimentar por seis minutos la falta de gravedad.

La verdadera meta para la humanidad en este apartado, en un horizon­te más allá del siglo XXI, consiste en el establecimiento de colonias en el espacio, comenzando por el único satélite de la Tierra. Esta idea, que comenzó a co­brar fuerza desde antes de la llegada del hombre a la Luna en 1969, con el proyecto Horizonte de la Agencia de Misiles Balísti­cos del Ejército de Estados Unidos en 1959, buscaba establecer una base científico-mi­litar en la Luna con 12 personas estaciona­das para 1966, a un costo de 6,000 millones de dólares (mdd).

El principal obstáculo para la coloni­zación del espacio al día de hoy es el alto costo (enviar un kilo de material al espacio tiene un costo de 20,000 dólares). Una de las tecnologías más promisorias al res­pecto consiste en cohetes impulsados por fusión nuclear. Este año se logró un impor­tante avance en lo que podría significar el primer paso en las múltiples aplicaciones que tiene la fusión nuclear.

Al día de hoy, la exploración y co­lonización espacial no es más un tema de ocio para un sector de la población; sin embargo, puede tener importantes aplicaciones para la humanidad en su conjunto, principalmente en la generación de energía limpia. La captación de energía solar en el espacio es una idea que la NASA revisó originalmente en 1979 y después fi­nanció proyectos de factibilidad entre 1995 y 2003. El proyecto consiste en colocar satélites en órbita, a por lo menos 35,000 kilómetros (actualmente se envía a poco más de 480 kilómetros) para captar energía solar, que es ocho veces más potente en el espacio, para redirigirla a la Tierra por medio de láser; la tecnología espacial láser está siendo investigada por el Comando Espacial de la Fuerza Aérea de Estados Uni­dos, aunque con otros fines. La posibilidad de usar el espacio como fuente de energía también es explorada por el gobierno japo­nés y compañías como Mitsubishi.

 

Extensión de la vida

Los avances científicos en cuidados y tratamientos médicos han hecho posible aumentar la esperanza de vida. A principios del siglo XX, el promedio global era de 31 años. Hoy es de 67.2 años.

El desarrollo tecnológico médico actual y futuro está permitiendo contar con el perfil genético (desde 500 dólares), para detectar padecimientos con suficiente an­ticipación y diseñar estrategias específicas para cada enfermedad. Asimismo, hacia la década de 2030, gracias a la nanotecnología, será posible contar con nanopíldoras que puedan ser dirigidas desde el exterior para tratar, por ejemplo, células cancerígenas; su tamaño (entre 10 y 100 nanómetros), les permitirá entrar en las irregulares paredes de las células cancerígenas para administrar fármacos sin lastimar el tejido saludable.

A ello se le debe sumar las investi­gaciones en neurociencia computacional, rama que investiga las potenciales inte­racciones del cerebro con la informática, incluida la posibilidad de escanear y repro­ducir un cerebro, y hasta imitar su fun­ción. Actualmente existen dos iniciativas muy promisorias al respecto: el Proyecto Cerebro Humano, de la Unión Europea, y la Iniciativa BRAIN, de Estados Unidos. Ambas buscan recrear un mapa de cada neurona del cerebro humano, con el fin de simu­lar tecnológicamente sus características mediante supercomputadoras; con sus de­sarrollos será posible producir imágenes de las interacciones entre las células cerebra­les y la complejidad de circuitos neuronales a la velocidad del pensamiento.

Con todos estos avances, en el futuro será posible subir conocimientos, recuer­dos, experiencias, hasta “sentimientos supercomputadores” que incluso tendrán una memoria expandible y muy superior a la memoria humana actual. La memoria artificial, además, continuará mejorando y creciendo, al igual que la capacidad y la velocidad de procesamiento de la inteligen­cia artificial. Todo será parte de un proceso acelerado de mejora de la inteligencia humana gracias a la continua evolución tecnológica. Se estima que esta posibilidad podría verse hacia finales del siglo XXI.

La extensión de la esperanza de vida, entonces, obligará a las autoridades de todo el mundo a ajustar planes de pensiones, pro­ductividad, salud, entre otros factores.

* Omar Gonzalo Mérida es director de World Future Society – Capítulo Mexicano, AC.

 

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