A toda crisis hay que hacerle frente desde el principio, y no tratar de ocultarla. En un mundo cada vez más comunicado es muy fácil que la información fluya; por ello es importante que la fuente de información sea la que enfrenta la crisis.

 

La semana pasada (el 28 de enero de 2016) se cumplieron 30 años de lo que significó una gran crisis de comunicación para la NASA: la explosión del transbordador espacial Challenger a sólo 73 segundos de haber despegado, evento que impactó en la credibilidad de esa institución.

Enviar hombres al espacio, ya sea a la Luna o a una estación orbital, presupone que la agencia espacial respectiva ha tomado en consideración todos los escenarios posibles para prevenir una crisis y evitar la pérdida de vidas. No obstante, siempre hay algún elemento que se pierde de vista y puede desatar una crisis. Algunos ejemplos:

 

La primera víctima

Valentin Vasiliyevich Bondarenko es considerado la primera víctima mortal de la carrera espacial. Su muerte fue absurda y, desde luego, algo que pudo prevenirse.

El 23 de marzo 1961 participaba en un experimento de resistencia en una cámara de presión con una atmósfera de al menos 50% de oxígeno puro. Después de haber completado el trabajo del día, Bondarenko se quitó de su cuerpo algunos biosensores y limpió su piel con un algodón empapado en alcohol, que accidentalmente cayó sobre una plancha eléctrica que utilizó para calentar una taza de té. El algodón se prendió, y cuando Bondarenko trató de sofocar las llamas con la manga de su traje, éste se incendió debido a la atmósfera rica en oxígeno. Bondarenko murió por el shock 16 horas después del accidente, a menos de tres semanas del primer vuelo espacial tripulado de la historia.

Las noticias sobre el accidente y muerte de Bondarenko no fueron publicadas en su momento, sino en 1980, cuando fueron dados e conocer finalmente en Occidente.

 

El Apolo 1

El 27 de enero de 1967, un incendio en la cápsula espacial Apolo 1 durante una simulación de lanzamiento costó la vida a los astronautas Gus Grissom, Ed White y Roger Chaffee.

Debido a la atmósfera presurizada de oxígeno puro, el fuego se extendió muy rápidamente, casi de forma explosiva, y mató a los astronautas en sólo 17 segundos. La falta de un sistema de escape de emergencia en la escotilla de la cápsula contribuyó, en parte, al desastre. Tras este suceso, la NASA tuvo que rediseñar casi por completo la nave Apolo antes de poder garantizar su uso para misiones tripuladas, pero no escapó de nuevos eventos que pusieron en riesgo una misión, por ejemplo, en el Apolo 13.

 

La cápsula Soyuz 1

Esta cápsula pertenecía a una nueva serie de naves espaciales rusas de vuelos tripulados, el primero de los cuales fue comandado –como único tripulante– por el coronel Vladímir Mijáilovich Komarov. El vuelo, lanzado el 23 de abril de 1967, estuvo plagado de problemas técnicos, y finalizó al día siguiente cuando la nave se estrelló en su regreso a la Tierra. La causa del accidente, se dijo, fue un fallo del paracaídas.

A poco tiempo de haberse lanzado la misión, los medios de comunicación soviéticos anunciaron el éxito del despegue. Sin embargo, en cuanto comenzaron los problemas técnicos, enmudecieron. Sólo se mencionó el fallo del paracaídas como causa del accidente.

 

La cápsula Soyuz 11

Las experiencias del pasado demuestran que no hay dos crisis iguales y que el exceso de confianza o la vanidad de “a nosotros no nos puede volver a pasar nada” derivan de situaciones críticas. El 30 de junio de 1971, la Soyuz 11 fue la primera misión en acoplarse a una estación espacial; iba tripulada por Gueorgui Dobrovolski, Viktor Patsayev y Vladislav Vólkov, quienes murieron durante el regreso a tierra, debido a un escape de aire en la cápsula que les produjo asfixia, dado que no llevaban trajes espaciales.

 

Aprendizajes

  1. No echar en saco roto la experiencia: La muerte de Bondarenko fue causada por un incendio en un ambiente cerrado con más del 50% de oxígeno; la presencia del mismo elemento en la cápsula Apolo, además de varios factores adicionales que no fueron considerados por los expertos, tuvo mucho que ver con el incendio que acabó con la vida de los tres astronautas estadounidenses, un año más tarde. Se ha sugerido especulativamente que si los soviéticos hubieran informado adecuada y oportunamente de la tragedia de Bondarenko, la NASA pudo haber sido alertada de la peligrosidad de diseño del módulo de comando de la cápsula Apolo.
  2. Agota todas las posibilidades de aprendizaje para prevenir una crisis: Meses antes de la tragedia, varias publicaciones científicas estadounidense habían tratado el tema de los peligros letales de un ambiente de alta presión con un 100% de oxígeno, como el del Apolo 1. Al parecer, muchos de estos estudios fueron pasados por alto por los expertos, quizás en un ambiente de suficiencia.
  3. No busques responsabilizar a otros de tus errores: El director del programa de vuelos orbitales tripulados de la URSS, Nikolai Kamanin, culpó de la muerte de Bondarenko a la mala organización del Instituto y el pobre control del experimento. Ante los ojos de las audiencias, un director de cualquier institución es responsable de lo bueno y lo malo que ocurra al interior de la misma.
  4. Hay que revisar constantemente posibles riesgos: En el caso de la Soyuz 1 hubo causas indirectas que pudieron prevenir la crisis, entre éstas: no haber analizado los fallos en vuelos de prueba preliminares, no realizar pruebas en tierra sino a través de los primeros prototipos en el espacio, y emplear sistemas automáticos limitando el control de la nave por parte de los tripulantes.
  5. Hay que escuchar todas las voces antes de tomar una decisión: El diseñador del sistema de control ambiental de la nave Soyuz 11, Ilya Lavrov, había argumentado que al menos la tripulación debía estar dotada con máscaras de oxígeno como las utilizadas en aviación, pero su voz no fue considerada, dado que en vuelos anteriores no se habían producido pérdidas de presión.

Cuando se presenta una crisis, en todos los casos es importante hacerle frente desde el principio, y no tratar de ocultar que algo sucedió. En un mundo cada vez más comunicado a través de las redes sociales, es muy fácil que la información fluya, y por ello es importante que la fuente de información sea la que está enfrentando la crisis; sólo ella sabe lo que está pasando, lo que hace para solucionarla y la que podrá entender qué fue lo que sucedió.

 

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