Nepotismo y favoritismo, falta de rendición de cuentas y la opacidad son actitudes, mañas arraigadas, la marca tradicional de los grupos (de todos colores) que se han hecho de los espacios de poder en México.

 

Sociológicamente, estigmatizar a una nación implica categorizar y asignar etiquetas para marcar diferencias. Usado políticamente puede contribuir, incluso, a crear identidades, justificar un grado de discriminación y ser usado en contra de los individuos para obtener ventajas comparativas.

Sin duda, existen millones de mexicanos y mexicanas que no podemos admitir que un señalamiento de esa naturaleza sea parte de la definición del ser nacional; nos negamos y rebelamos todos los días a ser parte de una mala marca. Conservamos una reserva de orgullo que se deslinda del mal proceder de los que corrompen y de los que se corrompen. Aspiramos a contribuir en algo a que se hable bien de México. No renunciaremos a la crítica, pero no dejaremos de hacer propuestas. En cada ideal está inscrita una aspiración, valores y principios que nos negamos a perder; hasta en los estigmas y en la democracia hay diferencias.

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Algunas de las prácticas que podrían ayudar en este sentido serían:

  1. Cambio cultural. En una sociedad cada quien tiene algo que aportar; en cada derecho hay implícita una o varias responsabilidades. El ciudadano no puede tolerar el soborno cuando no tiene nada que manipular ni ocultar. Tan simple como aceptar que si te pasaste un alto te toca pagar una multa, que si ibas tarde te debiste haber organizado mejor, y que el agente de tránsito que te está multando no es un ser inferior al que puedas correr de su trabajo con una llamada. Comportamientos mínimos cotidianos hacen la suma de ejemplaridad que obliga a otros a actuar en concierto.
  2. Todos los días son días como ciudadano. La fuerza de la democracia se vive todos los días; eso requiere de una sociedad informada, capacitada y consciente que pueda interactuar con entidades de gobierno que no le compliquen la vida cumpliendo la ley con eficiencia, imparcialidad y objetividad. Demanda un trato igualitario, procedimientos y trámites sencillos, pero recuerda que nada puede ser superior a tu valor moral; no tomes ni fomentes falsos atajos, y ayuda a otros a seguir el camino correcto.
  3. Reforma integral de las políticas públicas. Los programas de gobierno deben dejar de ser formulados sólo para crear y reproducir relaciones de dependencia y subordinación. Los beneficiarios deben tener claro que no están recibiendo un favor, concesión graciosa ni una prebenda. Deben servir por igual a una población objetivo sin criterios electoreros. Debe estar claro que los recursos del gobierno son de la nación; nadie puede tener su control para beneficio personal. Es importante que no se constituyan organizaciones que se convierten en intermediarias de recursos y que al final sólo siguen reproduciendo el modelo.
  4. La corrupción es equivalente a la delincuencia organizada. Representa la conjugación de acciones orientadas a sacar provecho de bienes y recursos de todo el pueblo. Todas las actividades ilícitas de alto impacto y rentabilidad son una manifestación de colusiones y omisiones que siempre llevan como cómplice a uno o varios servidores públicos. Más aún la pobreza, el desempleo, la salud y hasta la educación se han usado ahora como pretexto para justificar la compra de voluntades, desalentando al mismo tiempo la iniciativa, emprendimiento y liberación del potencial ciudadano. En consecuencia, su combate requiere de un poder ciudadano fiscalizador a la altura de la tarea y de un cuerpo de leyes suficientemente robusto, con procedimientos claros, efectivos, imparciales, expeditos e integrales, pero al mismo tiempo con la fuerza coercitiva suficiente que incluya la revocación del mandato, la extinción de dominio, la cooperación internacional y la persecución exhaustiva de los En honor a la justicia, también debe existir un sistema de premios, bonificaciones y recompensas que reconozcan los méritos de los buenos servidores públicos.
  5. Ejemplaridad y liderazgo político. Es indispensable que todo actor político recuerde que sus decisiones deben tomarse de cara al interés público; cada una de sus funciones, al ser públicas, es fiscalizable. La responsabilidad republicana es la mayor que se le puede conferir a cualquier persona, por lo que honestidad e integridad son indispensables. No pueden exigir ninguna recompensa (en especie o monetaria), facilidad, favor o prebenda (efectiva, simulada o tácita). Los recursos y los bienes bajo su encargo (materiales, legales, funcionales, humanos, administrativos) no son ni para su uso ni para su explotación personal. Ineficiencia, negligencia, dispendio y fraude, además de reflejo de una pésima gestión, son un cáncer que, como tal, debe ser extinguido usando los remedios más agresivos. La agenda hacia adelante es muy compleja: nepotismo y favoritismo, falta de rendición de cuentas y la opacidad son actitudes, mañas arraigadas, la marca tradicional de los grupos que se han hecho de los espacios de poder en México (de todos colores). Si la clase política no es capaz de sostener su discurso con autoridad moral, está empujando al declive de las instituciones y al deterioro de la democracia.

 

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