La habilidad de comunicar ideas es indispensable para forjar los rieles del éxito. Sirve igual a emprendedores que a dueños de empresas familiares, ejecutivos o directivos en grandes corporaciones.

 

El dato me dejó patidifusa: 70% de los ejecutivos sienten algún tipo de ansiedad al momento de enfrentar una audiencia para pronunciar un discurso o a la hora de elevar la pluma para escribir un mensaje, según Diego Gil, de World Business Forum, Capítulo Europa. Si eso suceda allá, en donde el promedio de lectura per cápita es de dos libros al mes, la cosa se complica en países donde la lectoescritura es una carencia flagrante.

La habilidad para comunicar ideas es una herramienta indispensable para forjar los rieles del éxito. Sirve igual a emprendedores, a dueños de empresas familiares, a ejecutivos o a directivos en grandes corporaciones. Sin embargo, cuesta creer cómo muchos profesionales son asertivos a la hora de vestir, de adquirir conocimientos, de especializarse, pero fallan en términos de comunicación. A la hora de pararse en un estrado frente a una audiencia o de empuñar la pluma para escribir una idea, el panorama se nubla y el resultado es desastroso.

La capacidad para transmitir ideas es una asignatura indefectible para cualquier persona que esté en posición de dirigir grupos. Hablar en público y buscar que las palabras pronunciadas sean un vehículo de motivación es el talón de Aquiles de una capa ampliada de ejecutivos. Captar la atención del equipo de trabajo, comunicarles los planes, dejar claro cuál es la meta y cuáles son los objetivos específicos que se espera de cada quien se han convertido en el lastre pesado que impide el buen andar empresarial. Si la comunicación oral es complicada, la escrita es todavía más difícil.

La transmisión de ideas se ha convertido en un bache profesional, y aquellos que sepan saltarlo tienen un factor de diferenciación que pueden usar a su favor. Por eso, no es extraño ver que muchas ideas que no son tan geniales, tienen grandes triunfos, y muchas otras que traen la etiqueta del éxito, fallan. La clave radica en la persona que tuvo bajo su responsabilidad explicarla y darla a conocer. La diferencia fue si lo hizo eficientemente o no. Por injusto que parezca, así funcionan las cosas.

En la era de la comunicación, la gente que no sabe participar en forma significativa; el mensaje que quiere dar a conocer, lleva las de perder. Los ejecutivos que están de prisa, van demasiado orientados a los resultados, dedican poco tiempo a las explicaciones, van al grano y no saben estimular la participación de sus equipos de trabajo, reducen significativamente sus probabilidades de éxito. Es frecuente toparnos con jefes que vierten sus ideas y no buscan retroalimentación, jamás verifican si lo que dijeron fue comprendido o si se entendió en forma adecuada. Lanzan ideas al aire, sin sustentar una paternidad responsable sobre sus pensamientos. Luego, hay miedo a preguntar y se generan bloqueos que dañaran los resultados posteriores. La fórmula del desastre se pergeña de esta manera.

Según Diego Gil, más de dos terceras partes de las personas en posiciones directivas o en posibilidades de emprender experimentan algún tipo de ansiedad al transmitir una idea. Pocos admiten que se sienten intimidados al hablar en público o al saber que sus palabras serán dadas a conocer. Muchos titubean al elegir las frases, dudan de su léxico, de su ortografía y tienen la sensación de que se van a quedar en blanco. Lo más común es la falta de seguridad al comunicar una idea. De ahí las palabras atropelladas, los discursos apresurados, las ideas aceleradas.

El problema es real y afecta los resultados de las corporaciones y de los negocios que están a punto de entrar al mercado. Por ello, grandes corporativos están tomando cartas en el asunto. Están abriendo sus puertas a un tipo de capacitación que se aleja de lo específicamente técnico y que está reportando grandes resultados. Inditex ofrece a sus ejecutivos cursos de teatro, AC Hoteles organiza talleres de lectura, la Universidad de Stanford ha tenido mucha demanda en sus cursos de creatividad en línea. No, no es una locura; se trata de poner manos a la obra. Hay que atacar el problema de la mente en blanco, hay que organizar la mente y dar las herramientas para transmitir ideas adecuadamente.

Cuando me han solicitado este tipo de cursos, siempre les comparto algunos secretos:

  1. La improvisación es una práctica que se debe evitar. Dice la sabiduría popular: despacio que voy de prisa. Apresurar el proceso, lo ralentiza o lo hecha a perder. Lo mejor es preparar los mensajes con cuidado, dejar que las ideas reposen para tener claro lo que queremos comunicar.
  2. Plantear las ideas como se escribe una historia es una buena idea. Hay que tener una estructura. La más común y que da buenos resultados es introducir la idea, desarrollarla, llegar al nudo del tema y plantear conclusiones.
  3. Hay que cuidar el estilo. Si la estructura es importante, la forma en la que lo vamos a decir también lo es. Hay que imprimir buen ritmo, emociones, buen humor y un poco de suspenso. El tono de la voz o del texto son elementos que pueden atrapar la atención de nuestras audiencias. Una voz plana que emite datos, un texto aburrido, son los enemigos a vencer.
  4. La selección de lo que se desea plantear es muy relevante. No se debe decir todo de golpe, ya que se corre el riesgo de saturar de información. Es mejor elegir tres ideas y desarrollarlas claramente. Estas ideas deben ser mencionadas en la introducción, reiteradas en el desarrollo y cerradas en la conclusión.
  5. Es preciso tener en cuenta a nuestra audiencia. Siempre es necesario pensar quiénes son las personas que van a leer nuestros textos o van a escuchar nuestras presentaciones. La selección de palabras ha de ir en concordancia con aquellos a quienes estamos dirigiendo el mensaje.

Las empresas no han desarrollado una tradición de cuidado en términos de capacitación, y mucho menos han reparado en el cuidado para preparar a su gente en el ejercicio de transmitir ideas en forma efectiva. Los emprendedores ponen mucha atención en los montos iniciales de inversión, en los flujos de efectivo y en estudios técnicos que se requieren para echar a andar sus planes, y olvidan que, para hacerlo, deben tener la capacidad para transmitir las bondades de sus proyectos.

La capacidad para transmitir ideas es una necesidad imperativa en la era de la comunicación. También es una carencia en la formación de mandos. Es por ello que debemos hacer conciencia de la importancia de integrar estas habilidades que impulsan el desempeño profesional.

Saltar la barrera de la mente en blanco, vencer el pánico para comunicar asertivamente las ideas debe convertirse en una meta y en un requisito exigible a nivel directivo.

Tener la capacidad de transmitir ideas, de persuadir, de conmover y de hacer llegar en forma clara un mensaje es hoy, más que nunca, un elemento diferenciador que suma a nuestra ventaja competitiva y, sin duda, una clave del éxito.

 

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