Daytona es un vocablo con entidad propia. Rolex celebra este año el medio siglo de una pieza emblemática. Desentrañamos la leyenda del Oyster Perpetual Cosmograph Daytona.

 

 

Una playa de horizonte infinito fue el origen del universo Daytona. Desde el año 1903, la costa de la ciudad homónima, en Florida, es la meca de los devotos del automovilismo y su inseparable compañera, la velocidad. Aquí se establecieron 80 récords oficiales. Un cartel en la measured mile —punto kilométrico de referencia— mostraba entonces algunas de las hazañas más célebres, como la de W. K. Vanderbilt en 1904, quien estableció con 148 km/h el primer récord del mundo batido en Daytona. Para Sir Malcolm Campbell la pista de arena original no iba a tener secretos. Logró cinco veces el récord del mundo en tierra entre 1924 y 1935. Apodado “Rey de la velocidad”, y reconocido por el monarca de Inglaterra por sus hazañas, fue el primer hombre que superó la barrera de las 300 mph (485 km/h) al volante de su famoso bólido Bluebird —nombre con el que bautizaba todos sus coches— en 1935. Y aquí entra en escena la firma suiza: durante esta hazaña Campbell llevaba un Rolex Oyster. Pero no por algún tipo de ardid publicitario, sino por la resistencia del reloj a los golpes y vibraciones. La historia acababa de empezar.

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En 1962, Dan Gurney ganó la primera edición del Daytona Continental, que se convertiría en la Rolex 24 at Daytona. Una victoria espectacular después del final de carrera más lento jamás acontecido en la historia. Tras haber liderado durante toda la competencia, Gurney percibió que su motor fallaba un minuto y 40 segundos antes del final, a escasos metros de la meta. El piloto detuvo el coche a unos metros de la línea, miró su reloj y aguardó los segundos que faltaban hasta el descenso de la bandera. Valiéndose de la pendiente del circuito, soltó el freno de mano y dejó que su coche se deslizara para atravesar la línea de meta, una vez transcurrido el tiempo reglamentario. Un año más tarde Rolex creó un modelo legendario: el cronógrafo que tomó su nombre de esta pista de arena y que se convirtió en inseparable del conquistador de la victoria.

A Gurney le siguió el británico Vic Elford, uno de los más rápidos de las décadas de 1960 y 1970. En 1968 resultó vencedor de la Rolex 24 at Daytona y ganó el tradicional Cosmograph que se le regala todavía hoy al vencedor. Ese fue el preludio de un año excepcional para él. Doce meses después, Sir Jackie Stewart se alzó con la victoria. Es, sin duda, una de las figuras más emblemáticas de las carreras automovilísticas. El escocés atesora la gloria de ser uno de los pilotos de Fórmula 1 con más títulos de los últimos 40 años. Además, su firme compromiso con la seguridad de los pilotos supuso una sacudida en profundidad para la disciplina. Stewart fue Gran Mariscal de la edición del 50º aniversario de la Rolex 24 at Daytona. Y siguiendo la línea cronológica de esta legendaria competencia, nos encontramos con Paul Newman. A partir de la década de 1970, el actor y apasionado piloto lucía en su muñeca un modelo con una esfera particular, la cual estaba rodeada por una escala de segundos impresa sobre una banda del mismo color que los tres contadores (esto para mejorar aún más la legibilidad de las funciones del cronógrafo en las difíciles condiciones que supone una carrera). El glamour cinematográfico se unía así al automovilismo para luchar encarnizadamente por el control de la relación espacio-tiempo.

Con cinco victorias en la Rolex 24 at Daytona, tres en las 24 Horas de Le Mans y dos en las 12 Horas de Sebring, Hurley Haywood es el campeón con más títulos de Daytona. En 1977 –en esa misma pista– logró la hazaña de conducir durante ocho horas seguidas, puesto que sus dos compañeros de equipo se negaron a conducir de noche. Y ganó la carrera. Unos meses más tarde, triunfaría en Le Mans y se convertiría en el primer piloto en obtener el doblete mítico. Este 2013 ha dado la salida en Daytona como Gran Mariscal, evidentemente con un Cosmograph en la muñeca. “Este reloj representa la insignia de la victoria que todos los pilotos sueñan con ganar”, afirmó. O como señala Tom Kristensen —ganador de Le Mans en su edición número 81 a bordo del Audi R18 e-tron quattro—: “Es un reloj que tiene una historia y una clase conocidas y respetadas por cualquiera que aspire a coronar en el podio del automovilismo. Todos quieren ‘su’ Rolex Daytona”. Para un piloto de carreras sólo hay un modo de poseer esta pieza: ganándosela.

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