Por Claudia Paz Granados*

 

La autoría del movimiento de un Día Sin Mujeres se ha atribuido al colectivo feminista de Veracruz Las Brujas del Mar, que lanzó una convocatoria de paro para el 9 de marzo (9M) vía sus redes sociales con el lema el nueve ninguna se mueve. El objetivo es voltear la mirada al aumento de feminicidios y violencia contra las mujeres con un día en que en México no haya actividad económica de mujeres para demostrar las consecuencias de su ausencia.

La iniciativa de un paro no es única de México, ha sucedido en otros países como Islandia (1975) y Polonia (2016) en donde se exigían derechos de igualdad y de libertad para abortar, pero las características de la causa en México se asemejan más a la de países de América como Argentina (2015) en donde se manifestaron en contra de la violencia a las mujeres y en Estados Unidos (2017) que surge contra la ola de denuncias por acoso y violación.

La conversación en México sobre el movimiento comenzó en redes sociales desde el 17 de febrero, teniendo eco promordialmente entre la comunidad de Twitter con un 98.3% de menciones (270.2K). Dos feminicidios aumentaron la resonancia del llamado: el secuestro y asesinato de la pequeña Fátima y el asesinato de Ingrid Escamilla por su pareja. Estos casos detonaron rabia y sensación de hartazgo en la población femenina convirtiendo el 9M en un fenómeno viral. Las conversaciones se enfocaron a la condena de la violencia contra la mujer y la incapacidad del gobierno de proveer soluciones.

El diálogo que comenzó en un ambiente digital trascendió al espacio público presencial y siguió una tendencia creciente similar a la de las redes sociales. El tema se abordó en las mañaneras y pronto tuvo que ser considerado por otros actores. En una investigación en internet, de un universo de 257 empresas y organizaciones, entre el 17 y el 21 de febrero sólo el 10% habían establecido una postura sobre la participacion de sus colaboradoras en el 9M. A partir del 21 de febrero, los pronunciamientos se aceleraron.

Las primeras en subirse al barco fueron las universidades, probablemente por su vinculación con la población juvenil que es más afín a defender causas sociales. La definición más lenta provino de la iniciativa privada lo que probablemente se explique, en primer lugar, por el deseo de esperar a ver que corriente o reacción dominaba y, en segundo lugar, por la dificultad interna de definir un pronunciamiento a causa de ausencia de políticas de género o de la potencial afectación económica.

Por ello, la mayoría de las empresas y organizaciones fueron precavidas en las comunicaciones que emitieron cuidando alejarse de la politización del tema y buscando la empatía de sus colaboradoras. Así, el mensaje que predominó en una muestra de 47 empresas y organizaciones fue el de la libre asistencia de mujeres (69%), y, en el 14% de los casos, la petición de avisar a un superior si alguna se ausentaba.

El otro mensaje que resaltó fue el de portar un artículo morado (16%) y el del compromiso de realizar acciones relacionadas con los reclamos de las mujeres (14%). El abanico de mensajes fue variado: unos pedían el día libre para las mujeres, otros incluyeron la libertad de los hombres que apoyaran a sus familiares en paro y otros más, quizá sin entender la razón del movimiento, hablaban de hacer home office.

Sin duda, el tema de la violencia de género sobrevivirá al 9M. Las empresas  que decidan comunicar sobre el tema deberán hacerlo con un tono neutro para que no parezca que quieren aprovecharse de la coyuntura. Las que no se sumen al 9M probablemente tendrán que explicarlo a sus consumidores y colaboradoras. En los próximos meses, se exigirá a las empresas evaluar sus procesos internos y tomar acciones en temas de género y necesitarán desarrollar estrategias de comunicación que las muestren comprometidas a realizar acciones que atiendan los reclamos de la población femenina: un alto a la violencia de género en la sociedad y al acoso sexual dentro de los espacios de trabajo.

 

Contacto:

 

Claudia Paz Granados es consultora en PRoa Structura con la ayuda de Felipe Valdéz en la investigación digital.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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