¿Quién es uno de los docentes que ha dejado más huella en tu vida? ¿Qué aprendiste de ellos? ¿Hay algo que has cambiado gracias a sus enseñanzas? ¿Tomaste alguna decisión basado en su ejemplo?

La docencia es una de las vocaciones más nobles, nos rescata cuando no tenemos trabajo, nos da la oportunidad mantenernos actualizados, nos permite tener un pulso social actualizado y nos da la oportunidad de retribuirle a nuestro país un poco de lo mucho que hemos recibido. Es una gran oportunidad de vida y de crecimiento.

No obstante, es una de las actividades menos valoradas y menos reconocidas.

De entrada, muchos jóvenes piensan que los docentes somos docentes porque no tenemos otra mejor oportunidad, porque no somos buenos profesionistas o porque no nos quedó de otra. ¡Qué tiempos aquellos en los que los niños y jóvenes querían ser bomberos, policías, maestros… y no youtubers!

El problema de la educación está y no en los docentes, quienes como parte del sistema educativo sufren los vaivenes de una política educativa endeble, que cambia conforme cambian las administraciones. Como muchos actores sociales, los docentes son parte de los mecanismos político-electorales, les prometen, los movilizan y al final, son quienes menos reciben.

Por supuesto que los contextos de la docencia son muy diversos, tanto en los sistemas educativos, como en los niveles y en las instituciones (públicas o privadas), pero es innegable que si los docentes estuvieran mejor, el país estaría mejor.

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El poder transformador de un país está en la educación, la capacidad emprendedora está en la educación, la cultura de prevención se desarrolla desde la educación, la democracia, el respeto a las instituciones y el amor por la Nación, inician con la educación.

La profesión docente en México tiene una larga tradición. Durante los primeros años del siglo XX, los esfuerzos del Estado mexicano se concentraron en la ampliación de los servicios educativos, principalmente en educación primaria. En 1934 se estableció en el texto constitucional la obligatoriedad y gratuidad de dicho nivel; en 1993 se agregó la de la educación secundaria, y en 2002, la de preescolar. A inicios de 2012 se elevó a rango constitucional la obligatoriedad de la educación media superior, cuya universalidad debió alcanzarse en 2021, pero en el marco de la pandemia por COVID-19 las prioridades tuvieron que ser redefinidas y la digitalización de las aulas no podía esperar.

La Reforma constitucional de 2013 incorporó el concepto de calidad como una característica esencial de la educación, definida como un derecho humano de todos. La importancia de los docentes el sistema educativo mexicano radica en su capacidad para concretar dicho derecho. Son el primer punto de contacto del sistema educativo con los niños y jóvenes, así como con sus familias, y son corresponsables de mejorar los aprendizajes de sus alumnos.

En el contexto de la Reforma Educativa de 2013 se previó, entre otros, el desarrollo y aplicación de dos instrumentos concretos para garantizar dicho derecho: la medición y la evaluación de los componentes del sistema educativo, y la creación del Servicio Profesional Docente (SPD); este último establecía el diseño y la operación de una serie de mecanismos que ordenaban los procesos de ingreso, promoción, reconocimiento y permanencia de los docentes dentro del servicio educativo, con base en el mérito y en apego a los principios de legalidad, imparcialidad y objetividad. Sin embargo, la aspiración de tener un mejor y más eficiente SPD se topó con pared y hoy parece estar nuevamente en el camino empantanado por los intereses político-electorales.

La Secretaría de Educación Pública es uno de los organismos más relegados del listado de prioridades actuales. El anuncio de un aumento salarial de menos del 10% más que un estímulo parece un placebo en el contexto de un alza de precios y de un contexto de incertidumbre global.

Los retos de estar frente a grupo, sin recursos, sin capacitación, sin actualización ni infraestructura son mayúsculos, insuperables si consideramos los contextos sociales actuales que no ayudan a la eliminación de la deserción ni el abandono escolar.

Más que un despliegue de campañas anticipadas, nuestros liderazgos actuales tendrían que estar centrados en el verdadero fin del servicio público: el servicio a la Nación.

Tener mejores docentes implica tener mejores ciudadanos y desde luego, mejores liderazgos; porque con la educación todo, sin la educación nada.

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