En el mundo digital también existen amenazas y los riesgos. Por eso, debemos proteger nuestras fotografías, bases de datos, canciones, videos y correos electrónicos, e identificar qué es lo valioso en lo personal y en lo laboral.

 

 

 

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Por: Alberto García Álvarez, Director General de Symantec en México

 

La mayoría de nosotros alguna vez hemos escuchado a alguien decir esta frase o alguna similar y los que no la han escuchado, probablemente han pensado algo así. Pero esto no es casualidad. Pocas veces pensamos en que podríamos ser víctimas de una experiencia negativa: tener un accidente, enfermarnos o cometer un error. Simplemente creemos que somos invencibles y dueños de todo lo que hacemos, asumimos que las cosas malas le pasarán a alguien más, pero no a nosotros. Esta situación es una de las principales barreras cuando se trata de crear una cultura de prevención, empezando por lo personal, nuestro hogar y de ahí hasta la empresa u organización en la que trabajamos.

Quizá por ello es que en México, solo 4.8% de las casas están aseguradas por decisión de su dueño, según datos de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), aún cuando para muchos su casa es su único patrimonio. En el caso de los automóviles, la situación es similar y aproximadamente 7 de cada 10 autos no tiene seguro. Ambas situaciones traen consigo riesgos latentes y un imprevisto podría afectar no sólo al dueño, sino también a terceros.

Ahora bien, consideremos coyunturas como la que vive nuestro país con las afectaciones que a su paso dejaron Ingrid y Manuel. Son fenómenos meteorológicos que no controlamos y que ciertamente no vemos todos los días. Son cuestiones difíciles, complejas y que ponen de manifiesto, entre muchas cosas, la importancia de contar con un plan ante desastres, a nivel personal, familiar y que, sin duda, debemos trasladar también al terreno laboral.

 

¿Por dónde empezar?

Primero, por reconocer los riesgos. Por ejemplo, pensemos en una cita de trabajo importante, esa que te costó semanas conseguir. ¿Qué pasaría si no puedes presentarte a la cita por alguna enfermedad o porque te quedaste varado en Acapulco (como le sucedió a alguien cercano)? ¿Hay alguien que podría reemplazarte? ¿Quién podría darle seguimiento en tu lugar? ¿Tienes los datos de contacto de la persona con la que te vas a reunir para avisarle de cualquier imprevisto? Esto podría parecer algo simple, pero es un buen comienzo cuando hablamos de prepararse, prevenir y sentar las bases de la prevención.

En cuanto a las organizaciones puede ser un poco más complejo, pero es igual de importante. Similar a lo que sucede con las casas y los autos, de acuerdo con datos de Symantec, solo 25% de las empresas tiene un plan establecido formalmente para manejar un imprevisto o alguna eventualidad que podría afectar su operación. Esto es crítico especialmente si tomamos en cuenta que casi 40% de las pequeñas empresas que enfrenta un desastre natural, nunca vuelven a operar. Así que, ya sea a nivel personal o empresarial, la clave está en tomar acciones preventivas para proteger lo que más queremos, lo poco o mucho que tengamos, para seguir operando aún cuando el entorno no sea el mejor, es decir, seamos más proactivos que reactivos en todos los ámbitos.

Cuando hablo de proteger lo que tenemos, me refiero también a salvaguardar nuestra información para evitar cualquier daño pues en el mundo digital, también existen amenazas y los riesgos. Nuestras fotografías, bases de datos, canciones, videos, correos electrónicos, debemos identificar qué es lo valioso en lo personal y en lo laboral y empezar a tomar cartas sobre el asunto: a planear y proteger lo más importante.

Ciertamente, si no contamos con  un sistema de protección adecuado que nos permita dormir tranquilos, se puede perder la memoria de momentos irrepetibles, como una boda, el cumpleaños de nuestros seres queridos, etcétera, o bien, datos valiosos y críticos para nuestra operación del día a día en la oficina. Por ello, debemos estar preparados para cuando se requiera y también tener la posibilidad de dedicar nuestros esfuerzos y nuestras vidas a lo que más nos importa y lo que más queremos.

Los peligros y los riesgos están latentes, sí, tanto en el mundo físico, como en el virtual, y no van a desaparecer, pero aunque lo sabemos, pocos somos conscientes de ello porque pensamos: “A mí no me va a pasar”. Sólo al reconocer la existencia de los riesgos que enfrentamos y de los miedos que tenemos, como el que alguien se adueñe de nuestra identidad o que se roben nuestra información y se la compartan a la competencia, podremos actuar para mitigarlos.

Esto es algo que tiene que ser una constante en nuestra vida personal y profesional, reconocer cuando tenemos un área de oportunidad y tomar acción para poder estar más tranquilos, pase lo que pase. Así que mejor pensemos: “A mí sí me puede pasar” y tomemos acciones preventivas.

 

 

Contacto:

Web: www.symantec.com/la/continuidad

Email: [email protected]

 

 

 

*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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