La economía  podría no ser el principal beneficiario, la decisión monetaria de septiembre  podrá reportarle un beneficio a las cuentas fiscales, ya que abarata el costo del financiamiento para la deuda del gobierno en el mercado interno.

 

 

El Banco de México (Banxico) decidió flexibilizar la política monetaria en su reunión de septiembre en una acción prácticamente inesperada por los mercados y bajo el argumento de que la debilidad económica producirá una brecha de producto negativa, lo cual a futuro podría generar presiones a la baja en la inflación.

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La sorpresa se produce porque en marzo el banco dijo que a raíz del recorte no había que esperar un ciclo de bajas.

Dado el ambiente de alta volatilidad en los mercados financieros y la inminente alza de tasas a nivel internacional, el recorte de tasas en México podría prestarse a cuestionamientos.

En primer lugar, ¿dónde queda la promesa de que el recorte de marzo no era el inicio de un ciclo de bajas? En segundo lugar, existe la duda de que un recorte de un cuarto de punto porcentual pueda ser de alguna ayuda a la anémica economía, sobre cuando a pesar del recorte de medio punto en marzo la economía de todos modos se hundió en el segundo trimestre.

En segundo lugar, a pesar de que la tasa de interés real se acerca a cero y posiblemente se vuelva negativa en el resto del año, el costo del financiamiento para empresas y consumidores continuará estando alto en un ambiente de incertidumbre con respecto al futuro de la economía y debilidad del empleo.

En tercer lugar, el destino de las tasas en el país es al alza ante el inminente retiro monetario de la Reserva Federal estadounidense. Por último, el recorte de tasas vendrá a agravar la salida de capitales del mercado de bonos, con mayores consecuencias depreciatorias para el peso, lo cual puede repercutir en mayor inflación para el resto del año.

Así las cosas, la decisión monetaria de septiembre –que será de poca o nula ayuda para la alicaída economía– podrá reportarle un beneficio a las cuentas fiscales, ya que abarata el costo del financiamiento para la deuda del gobierno en el mercado interno. Sobre todo ante el potencial ajuste a la baja en la recaudación tributaria por menor crecimiento económico, el recorte de tasas vendrá a darle algún alivio al pago de intereses del gobierno y con ello posiblemente reducir la necesidad de recortes al presupuesto.

 

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