Por Parmy Olson

Detrás de la barra del Four Seasons Hotel de San Francisco en marzo pasado, un conjunto de puertas llevaba a una cafetería vacía donde un empresario desconocido, de 25 años, de origen británico-nigeriano, llamado Silas Adekunle, estaba a punto de conocer a un alto ejecutivo de Apple.

Si estaba nervioso, Adekunle no lo demostró.

Él sonrió y abrió una gran maleta. Estaba llena de robots coloridos que al principio parecían juguetes. Cuando sacó uno y lo puso en el piso, cobró vida.

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El llamado Mekamon, corría sobre el tapete como una araña con sus cuatro patas puntiagudas, trotaba con delicadeza antes de inclinarse y ejecutaba un dramático estremecimiento de muerte. Adekunle sacó su teléfono y lo apuntó hacia el Mekamon, y ahora en su pantalla estaba rodeado de luces brillantes, frente a un oponente animado al que podía disparar rayos láser.

El jefe de relaciones con desarrolladores de Apple, Ron Okamoto, examinó atentamente a los otros robots, y luego bombardeó a Adekunle con preguntas sobre motores y articulaciones. “Tiene carácter”, señaló.

Su plática de 15 minutos se prolongó durante más de una hora. Al final, Okamoto dijo las palabras que cada joven emprendedor con un equipo de solo nueve miembros sueña escuchar: “Tienes que venir a pasar un tiempo con nosotros en Cupertino”.

Un año más y Adekunle, que a los 26 años es parte de la última lista de 30 menores de 30 de Forbes lanzada hace unos días, está en camino de vender muchos robots Mekamon gracias a un acuerdo de distribución exclusivo que firmó en noviembre de 2017 después de “pasar un tiempo en Cupertino” y conocer a los ejecutivos minoristas de Apple.

Impresionado por la calidad de sus robots y su habilidad para mostrar emociones con movimientos sutilmente calibrados, Apple le dio un precio de 300 dólares a sus “bots de combate” de cuatro patas y los ha puesto en casi todas sus tiendas en los Estados Unidos y Gran Bretaña. Los primeros clientes se inclinan hacia los expertos en tecnología masculina, pero un creciente número de padres está comprando los robots para sus hijos para que se interesen en STEM (ciencia,tecnología,ingeniería,matemáticas por sus siglas en inglés) dice Adekunle.

Lo que no sabía durante esa primera reunión en el Four Seasons: Apple estaba por lanzar ARKit, su primera plataforma de realidad aumentada. AR es la tecnología de vanguardia que combina animaciones digitales con el mundo real, en pantallas de teléfonos inteligentes, popularizado por Pokemon Go y que se espera que vaya más allá con la tecnología de reconocimiento facial y de objetos en el último iPhone X de Apple. De un momento a otro, Adekunle y su equipo de nueve personas sin experiencia ya estaba trabajando con la marca más grande del mundo.

Quizá los robots ya están cambiando la naturaleza de la administración de almacenes para los minoristas y otras industrias, pero también gradualmente se están abriendo paso a nuestros hogares, gracias a la creciente facilidad de las personas para interactuar con entidades artificiales como Alexa de Amazon. Adekunle espera que sus robots-arañas antropomórficas sean tan populares, por ejemplo, como la aspiradora Roomba de iRobot.

Las tendencias apuntan hacia allá. Los analistas de IDC predicen que en tres años, el mercado de robots de consumo se habrá duplicado. Los robots con IA de próxima generación se centrarán menos en tareas físicas y más en enseñar e interactuar con miembros de la familia, dice Jing Bing Zhang, director de investigación de IDC Worldwide Robotics.

Una mañana de lunes de enero de 2018, Adekunle se encuentra en el corredor de Reach Robotics en Bristol, Reino Unido, y mira un trozo de cables y plástico derretido. Es el primer prototipo que hizo en su dormitorio universitario, y está en exhibición como un recordatorio de lo lejos que ha llegado su startup.

“Algunas de mis huellas digitales todavía están allí”, dice. “Es terriblemente feo”

Hoy el Mekamon tiene un aspecto mucho más vanguardista, algo así como una mezcla entre un cangrejo y una araña, pero a diferencia de cualquiera de esos animales, no tiene características que se asemejen a un par de ojos o boca.

Hay una razón para eso.

“Cuando comencé en la robótica realmente me encantaba el movimiento”, dice Adekunle. “La gente está acostumbrada a los robots torpes, y cuando haces que parezca realista, a la gente le encanta o se asustan”.

Adekunle decidió que sus robots podían usar el movimiento para obtener una reacción emocional de los humanos. “Me encanta el movimiento”, dice. Cuando estaba retocando un prototipo robótico mientras estaba en la Universidad de West England, alrededor del 2012, varias mascotas robóticas como el perro robot Sony Aibo ya estaban llegando al mercado. El problema fue que la mayoría de estos artilugios personificados cuestan una fortuna. La última versión de Sony de Aibo cuesta 1,700 dólares más una tarifa de suscripción.

El Mekamon cuesta 300 dólares, (o 300 libras en el Reino Unido) y con las futuras actualizaciones de su firmware irá adquiriendo más características. “Se enoja si no juegas con él, y cuando gana juegos, su comportamiento cambia”, dice Christopher Beck, cofundador y CTO de Reach Robotics.

Chris Beck, CTO de Reach Robotics.

Los Mekamons se volverán receptivos al tacto más adelante este año, de modo que cuando sus dueños le froten la cabeza, muestren movimientos “felices” como moverse de un lado a otro como un perro. El equipo de investigación de Adekunle se inspiró en el comportamiento animal, buscando, por ejemplo, qué hacen los caballos cuando se ponen nerviosos.

“Una gran parte de nuestro producto es emocional “, dice Beck.

Los movimientos agudos y los pies golpeando el suelo, por ejemplo, pueden mostrar agresión, mientras que un movimiento más tranquilo subiría y bajaría lentamente para sugerir la respiración.

La sede de Reach Robotics es parte de un complejo de oficinas justo al lado de la autopista británica M3 que conduce a Bristol. Unas pocas docenas de ingenieros están sentados frente a iMacs en su oficina de espacios abiertos, y dos salas que sirven como laboratorios para la construcción de prototipos y están actualmente vacías salvo por la maquinaria.

Adekunle entra a una sala de reuniones portando una maleta rodante. Es la misma que usó para su demostración al Ron Okamoto de Apple, poco después sacó dos de sus últimos bots de la caja y colocó algunas carcasas para las patas y un paquete de baterías.

Una vez que la batería ha sido colocada, cada bot comienza a hacer sus propios movimientos de activación. Uno levanta una pierna para “estirarla” antes de sacudirla, y luego se inclina. “Se pueden ver entre sí”, dice, “pero no estamos haciendo nada con eso en este momento”.

Más adelante, si un robot está ganando batallas en la plataforma de juegos móviles Mekamon, puede que fanfarronee cuando se encuentre con otro robot menos exitoso.

Adekunle ya ha recorrido un largo camino desde sus primeros experimentos como adolescente, incluyendo una mano robótica hecha de latas de frijoles, y una cara robótica (basada en el robot Kismet de Cynthia Breazeal del MIT) que tenía pelotas de tenis como ojos y pedazos de rollos de papel en vez de orejas.

De vuelta en Nigeria, donde nació Adekunle, causó accidentalmente un corte de energía en su bloque de apartamentos cuando era niño, cuando tomó una batería y la conectó con algunos cables de repuesto a la toma de corriente. “Tuve suerte de no haberme electrocutado”, dice.

Para su fortuna, creció en una familia relativamente acomodada; su padre era el director de una escuela y su madre era partera. Pero carecía de la exposición a la tecnología que muchos niños reciben hoy. Él recuerda cómo un día alguien trajo una computadora a su escuela primaria y los niños que querían verla de cerca tuvieron que pagar una tarifa.

Cuando la madre de Adekunle se mudó a Gran Bretaña para trabajar, los tiempos se pusieron difíciles. No había correo electrónico, y la familia solo podía hablar por teléfono una vez cada dos meses. Si por alguna razón su madre no podía acceder a un teléfono fijo, la familia de Adekunle estaría esperando en el otro extremo sin tener idea de lo que estaba pasando.

Dos años más tarde, cuando tenía alrededor de 10 años, Adekunle se mudó al Reino Unido y comenzó la escuela secundaria.

En casa continuó con el tinkering y la robótica amateur, obteniendo ideas de YouTube e incursionando en la programación como un script kiddie; luego, en la universidad, aprendió a programar en C ++ para descubrir una gran cantidad de nuevas posibilidades. Fue aquí donde comenzó a experimentar con los primeros prototipos en movimiento para lo que se convertiría en el Mekamon.

En 2013 conoció a Beck, quien estaba estudiando un Ph.D. y tenía experiencia en robótica. Le preguntó si podía ayudarle a desarrollar a Mekamon como una especie de producto.

“Todos nos dijeron que era demasiado complicado y costoso y que nadie lo compraría”, recuerda Beck. “Los fabricantes de juguetes, limitados a su forma de hacer las cosas, decían ‘Debes hacerlo lo más barato posible’. La gente jugará con él durante cinco minutos y luego lo romperá “.

Pero Adekunle y Beck creían que había un mercado para un producto más complejo, un robot con 12 motores, cuando la mayoría de los juguetes motorizados no tenían más de cinco.

“Los robots de ese entonces, hacían ruidos de pedo o eructaban, lo cuál era gracioso durante el primer mes”, dice Beck. “No existía un cruce entre los juguetes de robots y los productos de alta gama que cuestan miles y están destinados a los aficionados”.
Nadie, agrega, se ha atrevido a ser así de audaz. “Hay unos pocos robots con patas, pero se escabullen y no caminan”, dice Beck. “O caminan de una manera que no puedes animar. Nosotros animamos este robot “.

Adekunle, que previamente había salido de la habitación, ahora abre la puerta para hablar con Beck y hacerle saber que algunos inversores potenciales están a punto de aparecer. Ambos más tarde se sientan a una reunión en el acogedor espacio de su cafetería.

A futuro, Adekunle espera recaudar una nueva ronda de fondos (ya ha recaudado 10 millones de dólares para la compañía) y también firmar acuerdos de licencia con compañías de entretenimiento en Asia. Eventualmente, los robots Mekamon podrían comenzar a aparecer con versiones de marca, como los personajes de Pokémon, por ejemplo.

“Asia va a ser un gran mercado para ellos”, dice uno de los inversores de Reach Robotics y el ex CEO de Atari, David Gardner.

Por ahora, Reach continuará haciendo dinero con ventas directas a los consumidores y con su trato exclusivo con Apple Retail.

“La asociación con Apple ha sido fructífera”, dice Adekunle, agregando que está buscando continuar la relación. “Tenemos muchos más productos para llevar al mercado”, agrega. “Es un situación emocionante”.

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