Un análisis de la subutilización de espacios debe ser el punto de partida de una política de desarrollo urbano. Hay que ver por qué la gente no usa los espacios que hay.

 

Uno de los grandes peligros de hablar sobre la orilla de la Zona Conurbada del Valle de México es la rapidez con que cambia. No basta verla una sola vez porque en cinco años la realidad puede ser muy distinta. Lo importante no es cómo son las cosas sino hacia dónde van. Después de cinco años, durante las últimas semanas he tenido la oportunidad de regresar a un par de sitios de la orilla que no había visto en mucho tiempo. Tengo que escribir un libro y por lo mismo he reducido mis entregas en Forbes México a una quincenal. Eso aclara mis nuevas presencias y ausencias.

Lo notable es que en general se ve un claro desarrollo positivo en la periferia. Calles que no estaban pavimentadas ya lo están. Donde no hubo comercio o sólo tiendas de abarrotes ya hay cafés Internet, fondas y hasta antros. El notable también, por ejemplo, el impacto que producen en la imagen urbana las rehabilitadas y pintadas en la sierra de Guadalupe, por Ecatepec. A pesar de todo el lastre económico y social que carga el país, las mejoras urbanas siguen pasando lentamente, llevando a la periferia a una suburbanización aceptable.

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Aunque se ve un aumento en expresiones de inseguridad y un endurecimiento en posturas de comunidades en temas como el linchamiento de delincuentes, a primera vista la orilla no se siente mucho más insegura que hace cinco años.

La pregunta clave es: ¿Cómo vemos el nivel de desarrollo urbano de una zona cuando estamos en esta zona? En un mundo en que nada es lo que parece, la calle que parece de mala muerte, cinco años después de ser pavimentada se ve como suburbio de sitcom estadounidense, o al revés, en donde todo parecía muy bonito y luego se encuentra en quiebra y abandono, es como juzgamos hacia dónde va el desarrollo, si no ¿podemos usar la apariencia física como guía?

Hay ciertos elementos que me parecen claves para la evaluación del desarrollo urbano a nivel visual.

El mejor indicador de la calidad del desarrollo urbano es el uso de espacios públicos y semipúblicos. Hay muchas quejas sobre la falta de servicios, pero la Ciudad de México está llena de bibliotecas y teatros abandonados, para hablar de espacios semipúblicos, ni hablar de parques y áreas con juegos para niños que no están siendo usados –no sólo en zonas marginadas–. De alguna forma es un medidor de la utilidad de la ciudad, cuya función económica finalmente es acercar personas. El motor de las oportunidades económicas es el encuentro entre personas. Y ciudades surgen del impulso económico detonado por estos encuentros.

En nivel más premium se ve el más alto nivel de desarrollo urbano de Polanco comparado con Santa Fe en la cantidad de personas en los espacios públicos y semipúblicos. Naturalmente, no todas colonias necesitan un mayor nivel de desarrollo urbano para cumplir con su papel; sin embargo, especialmente en zonas en la periferia, es importante elevar el nivel de desarrollo urbano y, por ende, intentar fomentar el uso del espacio público que hay.

Una unidad habitacional como El Rosario, entre Tlalnepantla y Azcapotzalco, está llena de edificios públicos y fue diseñada con mucha atención en el detalle social por el arquitecto Ricardo Legorreta. Sin embargo, el abandono de muchos espacios públicos dentro de esa demarcación demuestra el rezago en el desarrollo urbano del complejo.

Un indicador visual importante para el desarrollo comercial de una zona es el grado de especialización de las tiendas, talleres y puestos. Y tener una gran variedad de oferta comercial abre posibilidades para la innovación comercial dentro de una zona. Esto va de la mano de la especialización del comerciante. Finalmente, surtirse de muchas variedades de un producto requiere más conocimiento que tener una tienda de abarrotes.

En el proceso de reevaluar la orilla de la ciudad después de cinco años, según estos dos criterios, he visto una mejora importante de la periferia de la ciudad, no sólo en infraestructura y construcción, sino también en uso del espacio público. Todavía tiene partes desoladas, pero aun éstas son un poco menos abandonadas. La ciudad se está volviendo más policéntrica, a la par con la consolidación de colonias en la periferia.

Esto, a la vez, abre muchas oportunidades de negocios, porque uno puede, por ejemplo, tener la primera cafetería, barra de café o mezcalería en todo un sector de la ciudad. Y todavía hay mucho espacio.

La gran incógnita es la inseguridad que puede detener mucho el desarrollo del espacio público de una zona. De cualquier forma, un análisis de la subutilización de espacios debe ser el punto de partida de una política de desarrollo urbano. Hay que ver por qué la gente no usa los espacios que hay.

 

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