El Modelo de Graduación recrea el Estado de bienestar a una escala pequeña, pero en grado suficiente para que familias en extrema pobreza se lancen en busca de una vida mejor.

 

Por Marcelo Delajara

Bajo crecimiento económico per cápita y pobreza elevada son viejos problemas que, después de casi 20 años de reformas e innovaciones en las políticas públicas, aún nos afectan. ¿Qué es lo que no está funcionando en nuestra economía? ¿En qué están fallando los enfoques que se han seguido para dinamizarla?

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El viernes 21 de agosto, junto con mis estudiantes del CIDE, revisé la precaria situación en la que quedó México después de la “década perdida” de 1980. Durante este periodo, en la lista de preocupaciones de la sociedad rivalizaba el estancamiento económico con el aumento de la pobreza y las crisis macroeconómicas. También vimos que de los tres principales problemas económicos de ese entonces, sólo la inestabilidad macroeconómica se resolvió con cierto éxito. El crecimiento económico, si bien se reactivó con el TLCAN, tuvo un desempeño por debajo de lo esperado; en especial si se lo compara con el que presentaron en promedio los denominados “países con mercados emergentes”. Particularmente destaca el caso de Corea del Sur, cuyo PIB per cápita era sólo 40% del de México en los ochenta. Asimismo, los elevados niveles de pobreza apenas se mitigaron a través de los novedosos programas de transferencias condicionadas de efectivo (Oportunidades, etc.). En fin, después de clase me dirigí al ITAM a escuchar a Abhijit Banerjee, profesor del MIT, experto en desarrollo económico y en evaluación de programas antipobreza, quien ese día estaba de visita en México.

Ante un auditorio lleno de estudiantes, profesores, funcionarios y especialistas en políticas públicas, el cofundador de J-PAL (Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab) habló del proyecto “Graduating from ultra-poverty”, que buscaba determinar la eficacia del Modelo de Graduación, método de intervención diseñado en Bangladesh por oenegés antipobreza entre 2002 y 2006. El método consiste en dar un “fuerte empujón” a las familias que se encuentran en pobreza extrema, para que salgan de ésta de manera gradual y sostenible. Lo novedoso de la intervención es su diseño holístico e integral: la familia recibe una transferencia (algún bien o activo productivo), entrenamiento (cómo usar el activo), una cuenta bancaria (para ahorrar), asistencia (apoyo alimentario, atención médica y dinero en efectivo para hacer frente a emergencias), y visitas del personal del programa. Ellos ayudan a las familias a desarrollar algunas habilidades vitales y les dan ánimo.

Para determinar si esta intervención realmente funciona, los investigadores y asociados del J-PAL realizaron un experimento en 6 países (Ghana, Etiopía, India, Pakistán, Perú y Honduras), lo que involucró a más de 20,000 individuos y a cientos de familias en extrema pobreza. Los investigadores del J-PAL son los principales promotores de las intervenciones aleatorias para evaluar programas sociales (randomized control trials). Por ello diseñaron un experimento con base en la selección aleatoria de las comunidades donde se aplicaría el modelo. Así contarían con comunidades tratadas y con comunidades muy similares a ellas sin tratar. Luego aplicaron el Modelo de Graduación con la ayuda de oenegés y gobiernos locales. Durante dos años, las familias participaron en el programa y luego se las dejó solas por un año. Al cabo del tercero se comparó el desempeño de las familias participantes con el de las familias del grupo de control. El resultado fue muy bueno en todos los países, con excepción de Honduras, pues eligieron gallinas como activo en tiempos de gripe aviar. La intervención resultó en un aumento estadística y económicamente significativo del ingreso y del consumo de las familias. Dicho aumento fue mayor que el costo del programa.

El Modelo de Graduación, así como su evaluación, deja grandes lecciones:

  1. Las buenas ideas en la lucha contra la pobreza no siempre se les ocurren a los funcionarios gubernamentales, y muchas veces, como en este caso, aparecen en las organizaciones civiles con larga experiencia en el trabajo de campo.
  2. Lo que funciona como detonante de un cambio positivo sostenible en la situación económica de los hogares no son, en sí, iniciativas específicas, sino intervenciones integrales.
  3. Si la intervención es buena, para la familia se traduce en ingresos que superan los costos de su implementación en un tiempo razonable.
  4. La importancia de que los programas se diseñen para ser evaluados con métodos científicos y que en inicio se apliquen como pruebas piloto, de manera que siempre se cuente con un grupo de control.

Sin embargo, algo que ignoramos de este modelo es si puede o no aplicarse a gran escala. Aunque quizá sí, es probable que no de esa forma. Los países europeos, particularmente Inglaterra, debatieron durante cientos de años sobre cómo reducir y eliminar la pobreza, y no fue sino hasta la creación del Estado de bienestar, a mediados del siglo XX, que finalmente lograron combatir la pobreza a gran escala. Con variantes —según si la orientación principal fue social-demócrata, cristiano-demócrata o basada más en el mercado—, estos países otorgaron a sus ciudadanos un paquete mínimo de seguridad y protección social que en la mayoría de los casos sacó a millones de personas de la pobreza y promovió exitosamente la movilidad social.

Aunado a lo anterior, y en países como Inglaterra y Dinamarca, se realizaron innovaciones al Estado de bienestar original que permitieron desarrollar mercados laborales flexibles, dinámicos y eficientes, además de un crecimiento económico sólido. En cierto sentido, el Modelo de Graduación recrea el Estado de bienestar a una escala pequeña y por un tiempo limitado, pero en grado suficiente para que las familias en extrema pobreza, mínimamente empoderadas con un activo, conocimientos, algún aseguramiento y una cuenta bancaria, se lancen en busca de una vida mejor por sus propios medios.


Marcelo Delajara (@MarceloDelajara) se doctoró en Economía en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona, 1999). Fue profesor, investigador y consultor en diversas instituciones (UDLA-P, CIDE, BID, PNUD, Banco Mundial y Banco de México, entre otras). Actualmente es investigador del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY). Las opiniones de Marcelo Delajara son a título personal y no representan necesariamente el criterio o los valores del CEEY.

 

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