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Por Eva Hershaw

Menos de tres horas después de que el Senado brasileño votara a favor de la suspensión de la presidenta Dilma Rousseff, el vicepresidente Michel Temer asumió oficialmente la posición de mandatario interino y ya tomó su primera decisión polémica: un posible gabinete sólo de hombres.

Por primera vez desde el gobierno de 1974-1979, Brasil no tendría alguna ministra, de acuerdo con una lista que Temer, un conservador abogado de 75 años, hizo pública sobre sus posibles secretarios de Estado.

El anunció ocurrió poco después de que Dilma Rousseff se dirigió a la nación afuera del palacio presidencial y dijo que estaba “orgullosa de ser la primera mujer electa como presidenta de Brasil”.

El anuncio fue recibido con sorpresa por muchos brasileños, quienes temen que el mandato interino de Temer no represente los intereses de mujeres y otros grupos minoritarios.

El senado brasileño aprueba el ‘impeachment’ contra Rousseff y la aparta de la presidencia. Leer más aquí.

“[La falta de mujeres] tiene una dimensión simbólica, pero también dice mucho sobre el tipo de políticas públicas que podrían surgir a partir de un grupo no diverso”, escribió Manoela Miklos, una columnista enfocada en temas de género en el periódico brasileño Folha de São Paulo.

En los albores del voto del Senado, Rousseff hizo referencia a la continua batalla por la equidad de género en el país.

“Siento que soy víctima de una injusticia”, dijo el martes por la noche en una conferencia sobre políticas de género. “Pero soy una víctima como muchos brasileños y brasileñas, especialmente las mujeres… Somos víctimas con la voluntad de pelear”.

Se espera que Temer se dirija a la nación este jueves por la noche, luego de apresurarse a preparar durante las últimas semanas la dirección del nuevo gobierno.

Después de la votación en la Cámara Alta del juicio de destitución, el político conservador anunció que bajo su control el gobierno echaría para atrás varias políticas públicas implementadas por las dos últimas administraciones del Partido de los Trabajadores. Además de recortar el presupuesto en programas sociales y pensiones, intentará quitar protecciones a los trabajadores que los conservadores y grupos empresariales han criticado por ahuyentar las inversiones.

Sin embargo, aún está por verse qué tipo de apoyos políticos podría conseguir Temer, mientras la presidencia interina trata de salir de la crisis política y económica del país.

Los seguidores de Dilma han protestado por semanas durante el proceso de destitución, asegurando que revertir las políticas izquierdistas de las administraciones de Rousseff y Lula tendría efectos devastadores en la clase pobre y trabajadora del país.

Todos los principales partidos políticos de Brasil han estado implicados en escandalosos casos de corrupción como la causa Lava Jato, o Car Wash, en la que supuestos sobornos fueron pagados a cambio de inflar contratos con la empresa paraestatal de energía Petrobras.

El presidente interno Temer no ha sido investigado en la causa judicial, aunque su nombre ha sido señalado por testigos.

Cuando Rousseff terminó su último discurso frente al palacio presidencial, sus seguidores aplaudieron y gritaron “¡Fuera Temer!” mientras acusaban al mandatario interno de corrupto y desleal a Dilma, quien hace menos de dos años se reeligió en el cargo con 54 millones de votos y hoy está fuera del Palacio de la Meseta.

 

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